¡Ven, Espíritu Santo!

«La Voz de San Justo», domingo 14 de mayo de 2023

“Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes: el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en cambio, lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes. No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes.” (Jn 14, 15-18).

El cuarto evangelista escribe su evangelio a una comunidad que experimenta la hostilidad del ambiente en el que vive. Busca abrirles los ojos para que reconozcan que Jesús, el Señor, no los ha dejado huérfanos, a la deriva o a merced de los poderes del mundo. Él está, y su presencia es aún más intensa que antes. Esa es precisamente la misión de aquel “otro Paráclito”, el Espíritu Santo: hacer presente a Jesús.

¿Qué quiere decir: “Paráclito”? Literalmente indica a aquel que es llamado para estar junto a nosotros. Evoca la imagen del abogado que, en el juicio, se ubica al lado del reo, su defendido. La imagen es elocuente: el Espíritu está siempre junto a los discípulos para consolarlos, defenderlos y animarlos en las diversas situaciones de la vida.

Lo llama también: el Espíritu “de la Verdad”, porque su misión es recordar y hacer comprender cada vez más hondamente el mensaje de Jesús. O, expresándolo mejor: la Verdad que es Jesús en persona: camino, verdad y vida.

“Señor Jesús: No nos has dejado huérfanos. Lo sabemos y lo creemos. Sin embargo, en demasiadas ocasiones, nos dejamos ganar por el desaliento, la tristeza o la impotencia. Es entonces que tu Espíritu obra en nosotros con más fuerza. A las puertas de Pentecostés, alentados por tu promesa, lo invocamos sobre nosotros y sobre el mundo entero: ¡Ven, Espíritu Santo! Amén.”

Ver a Jesús

«La Voz de San Justo», domingo 7 de mayo de 2023

“Felipe le dijo: «Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta». Jesús le respondió: «Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Como dices: «Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí?»” (Jn 14, 8-10).

Ya Moisés había formulado una pregunta como la de Felipe. En un momento de verdadera osadía, le había dicho al Señor: “Por favor, muéstrame tu gloria” (Ex 33, 18). La petición dará lugar a una de las escenas bíblicas más bellas: Dios pasa delante de su amigo Moisés, dejándole ver sus espaldas, no su rostro, “porque ningún hombre puede verme y seguir viviendo” (Ex 33, 20). 

Lo que deseó Moisés lo consiguió Felipe. Y todos nosotros si nos abrimos con fe al mensaje del Evangelio: quien ve a Jesús, ve en él al Dios vivo y verdadero, a Aquel que es Padre y nos da el Espíritu. 

Vemos a Jesús al leer con fe los evangelios. Vemos a Jesús al acercarnos y vivir, también con fe -y una fe viva- la Eucaristía y los sacramentos. Vemos el rostro de Jesús en los rostros de nuestros hermanos, especialmente los pobres y de tantos heridos de la vida. 

Antes que una doctrina, una serie de preceptos morales a cumplir, o una sabiduría de vida, el cristianismo es la experiencia de este encuentro con la Persona de Jesús, el Señor. 

“Señor Jesús: nos has dicho que no nos inquietemos; que creamos en Dios, tu Padre, y también en vos. Especialmente en las horas inquietas de nuestra vida, sentimos el deseo de ser alcanzados por la luz de tu Rostro. Abre nuestros ojos para que podamos contemplarte y reconocerte. Amén”.

Hacia la tierra de la libertad

“Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento. El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia.” (Jn 10, 9-10).

El encuentro con Cristo y su Evangelio es una experiencia de libertad. A lo largo de los tiempos, Jesús ha regalado al mundo hombres y mujeres profundamente libres, genuinos, auténticos. Este es el fruto más precioso y duradero de la fe cristiana, allí donde se la vive en serio. 

Jesús es puerta abierta y también el pastor que llama, cuida y conduce: «Yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia.» (Jn 10, 10). Solo hay que dejarse guiar por Él. 

La fe es siempre un camino, un viaje, un éxodo. Jesús nos alcanza en el punto del camino en que estamos; nos acepta como somos, pero no nos deja simplemente ahí. Nos saca de nuestros encierros y esclavitudes, y nos lleva a la tierra de la libertad: la comunión con Dios, su Padre. 

Cada año, en este cuarto domingo de Pascua, los católicos celebramos la Jornada Mundial de oración por las Vocaciones. Pedimos que cada bautizado descubramos nuestra vocación y misión. Suplicamos que no falten sacerdotes, diáconos, catequistas, evangelizadores. Porque el Evangelio de Cristo tiene que seguir llevando libertad, esperanza y alegría a los corazones. 

“Señor Jesús: Vos sos la Puerta abierta, amplia y generosa que nos permite salir de nuestras esclavitudes, encierros y rigideces. Escuchando tu voz de buen Pastor emprendemos ese éxodo fatigoso y fascinante que nos lleva a la tierra de la libertad, en la que Vos vivís: la comunión con tu Padre en el Espíritu Santo. Amén.”

Caminantes

«La Voz de San Justo», domingo 23 de abril de 2022

“Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba». El entró y se quedó con ellos. […]” (Lc 24, 28-29).

El evangelio de los peregrinos de Emaús de este domingo (cf. Lc 24, 13-35) nos muestra lo que, desde siempre, es la fe cristiana: experiencia de camino y presencia; de palabra, encuentro y misión. Y, en el centro de todo, la persona de Jesús, el Señor. 

Los discípulos desandan el camino de Jerusalén a su pueblo. En realidad, es la imagen de una expectativa frustrada; legítima, pero incompleta: esperaban un mesías político, y Jesús terminó ajusticiado como ladrón. 

Sin embargo, no todo está dicho. En esa historia de dolor y frustración, algo importante se les ha pasado. Jesús se encargará de hacérselos ver: de la mano de las viejas Escrituras de Israel, tantas veces escuchadas, les mostrará que, en ese drama de pasión, Dios estaba realizando su plan de salvación. 

El relato nos enseña que un creyente no puede hacer lecturas apresuradas de la vida. Siempre hay que caminar, dejando espacio para que el Peregrino nos diga cómo Dios ve y hace las cosas; como Él las sabe hacer, no como nosotros lo imaginamos. Y termine despertando la misma plegaria que hizo nacer en el corazón de aquellos dos hermanos nuestros. 

“Señor Jesús, también nosotros albergamos en el corazón tantas expectativas no cumplidas. Nos cuesta comprender por dónde pasa el camino de Dios. Pero, si Vos caminás con nosotros, seguramente nos harás arder el corazón, arrancando de él esta súplica de amigos: «Esta tarde, Señor, cuando parece que todo se acaba, quedate con nosotros y danos ese Pan que es tu Cuerpo. Y, así, reanimá nuestra esperanza. Amén” 

La fe de Tomás

«La Voz de San Justo», domingo 16 de abril de 2023

“Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: «¡La paz esté con ustedes!». Luego dijo a Tomás: «Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe».  Tomas respondió: «¡Señor mío y Dios mío!».” (Jn 20, 26-28).

Jesús resucitado puede atravesar los muros que levanta el miedo. Y lo hace haciéndose presente en persona. Con su Paz vence nuestros miedos.

Dios y su acción en el mundo no son evidentes. La creación revela tanto como oculta su Presencia. Esta experiencia es más intensa con el Dios encarnado que además murió y resucitó. Por eso, siempre habrá incrédulos; o, mejor, siempre habrá que abrirse a la fe con un gesto gratuito de libertad. Como Tomás.

Y esta apertura solo es posible con otros. Se puede ser no creyente en solitario. No se puede creer en Cristo sino en comunidad. Solo cuando Tomás se reencuentra con sus hermanos que le dicen: “Hemos visto al Señor” (Jn 20, 25), puede comenzar a transitar el camino de la fe.

A Tomás, y a todos los Tomás de la historia, el Señor nos dirige la última bienaventuranza del Evangelio: “Jesús le dijo: «Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!».” (Jn 20, 29).

“Señor Jesús: Estás en medio de nosotros, ofreciéndonos tu Paz, soplando sobre nosotros tu Espíritu y enviándonos al mundo. Cada domingo, el primer día de la semana, nos reunimos para escuchar tu Palabra y reconocerte presente en la Eucaristía que nos alimenta. Como Tomás, también nosotros te confesamos Señor y Dios nuestro. Amén.”

Mensaje Pascual 2023

«La Voz de San Justo», domingo 9 de abril de 2023

“El Ángel dijo a las mujeres: «No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado. No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba, y vayan en seguida a decir a sus discípulos: «Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán». Esto es lo que tenía que decirles».” (Mt 28, 5-7).

Entre asustadas y contentas, las mujeres que reciben este anuncio se ponen en camino. Es una misión: decir a los discípulos que Jesús resucitado los espera en Galilea. Es entonces -nos cuenta el evangelio- que acontece el encuentro: en el camino de esa misión, Jesús mismo les sale al paso.

Es posible que los que se reúnan para celebrar esta Pascua 2023 sean un pequeño grupo, una minoría perdida en medio del ruido de una sociedad en otra cosa. Sin embargo, es posible también que, si el anuncio encuentra el mismo eco que encontró en el corazón de aquellas mujeres, se produzca el mismo extraordinario acontecimiento.

Cuando, con confianza, se cree en Dios, los ojos se abren y se ve la realidad completa. La verdad nos alcanza en toda su belleza. El Resucitado nos vence y nos convence con su presencia.

Queridos hermanos: es lo que deseo para todos nosotros en esta Pascua 2023. Por eso, abramos los oídos, escuchemos a tantos “ángeles” que nos gritan que el Crucificado que buscamos está vivo … y, como aquellas mujeres, tengamos la santa audacia de volver al Evangelio para escucharlo a Él.

La oración, sobre todo, la que es hecha con la valentía de la humildad, nos expone al influjo del Espíritu que resucitó a Jesús. ¿Te animás a rezar conmigo?

En esta noche de Pascua, el anuncio de tu resurrección, Señor Jesús, vuelve a atravesar el tiempo y a traspasar los corazones.

En ese anuncio vos mismo venís a nosotros, te hacés presente y nos convencés con el fulgor de tu Verdad.

Vos que has resucitado de entre los muertos, que conocés desde dentro todas nuestras muertes y miedos, transfiguranos con tu Pascua.

Tu mirada diáfana de resucitado nos espera en los ojos de los hermanos: los pobres, los tristes, los que luchan cada día, los que se levantan, los que esperan contra toda esperanza.

Nos alcanza en el don precioso de tu Eucaristía y del perdón que nos resucita.

Tu luz pascual se refleja -¡qué bien lo sabemos!- en los ojos de María, que acompaña nuestro caminar.

Con ella te decimos: Amén.

¡Jesús ha resucitado! ¡Muy feliz Pascua para todos!

San Francisco, 9 de abril de 2023, Domingo de Pascua

+ Sergio O. Buenanueva

Obispo de San rancisco

Llega el Mesías auténtico

«La Voz de San Justo», domingo 2 de abril de 2023

“Cuando entró en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, y preguntaban: «¿Quién es este?». Y la gente respondía: «Es Jesús, el profeta de Nazaret en Galilea».” (Mt 21, 10-11).

Con la liturgia del Domingo de Ramos, comenzamos a vivir esta Semana Santa 2023. Este año, escuchamos el relato de san Mateo. Pinta esta escena: entre las columnas de peregrinos que van arribando a Jerusalén para la Pascua, se destaca Jesús y sus seguidores: cómo entra en la ciudad santa, cómo lo recibe el pueblo sencillo y la reacción de las autoridades religiosas.

Jesús llega como el esperado Rey-Mesías; pero, contrariando las expectativas, no busca el espectáculo. Lo suyo es la modestia y la humildad: viene a salvarnos del pecado, no a pavonearse y recibir aplausos.

El pueblo lo aclama como profeta, mientras que la ciudad -como había ocurrido ya con los magos- se conmueve. Se anticipa el cambio de humor que, en cuestión de horas, va a acontecer: las aclamaciones se volverán gritos de rechazo y condena.

¿Quién es realmente Jesús? ¿Qué tiene que ver conmigo y mi vida? ¿Por qué genera esas reacciones y obliga a tomar partido? Ante Jesús no cabe la indiferencia.

Si me permitís un solo consejo, te sugiero entrar a la Semana Santa con estas preguntas en tu corazón. U otras similares. Son ya oración. Te disponen para lo más hondo que ocurre en estos días: el encuentro con un Jesús vivo que trastoca -para bien- toda tu vida. Es mi experiencia personal.

“Señor Jesús: tu mansedumbre y humildad nos desarman. Si realmente te dejamos entrar en la ‘ciudad interior’ de nuestra vida, comprendemos que la modestia es el sello distintivo del Dios verdadero, contrapuesto al brillo mundano que rápidamente deja vacíos. En esta Pascua, Jesús, vení así a nosotros. Amén.”

Y Jesús lloró

«La Voz de San Justo», domingo 26 de marzo de 2023

“María llegó a donde estaba Jesús y, al verlo, se postró a sus pies y le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto». Jesús, al verla llorar a ella, y también a los judíos que la acompañaban, conmovido y turbado, preguntó: «¿Dónde lo pusieron?». Le respondieron: «Ven, Señor, y lo verás». Y Jesús lloró.” (Jn 11, 32-35).

A las puertas de Pascua, otro relato magistral del cuarto evangelio: Jesús devuelve la vida a su amigo Lázaro. Es su último signo en este evangelio. Resume los siete anteriores y anuncia su resurrección: Jesús no volverá, como Lázaro, a esta vida mortal, sino que entrará en la vida para siempre. Contemplamos a un Jesús “conmovido y turbado” ante la muerte del amigo y el dolor de sus hermanas. En el momento culminante, la conmoción se vuelve llanto: “Y Jesús lloró”. 

Te invito a detenerte aquí. Ante la muerte, más que palabras, valen el silencio y dejarnos alcanzar por las lágrimas del que llora. Aquí, por las de Jesús que son el llanto de Dios. Creemos en un Dios que no es indiferente ante el sufrimiento de sus hijos, incluso de su creación. Y que sabe llorar. ¿Qué nos dice el llanto de Dios? ¿Qué situaciones de la vida precipitan sus lágrimas? Allí donde un ser humano -un niño, un adicto, una madre- sufre y llora, allí está Cristo derramando sus lágrimas y poniendo en marcha la resurrección.

“Señor Jesús: estamos con vos ante la tumba de Lázaro, tu amigo entrañable. Vemos a Marta y María de Betania. Y vemos tu llanto. Quisiéramos llorar nuestra fría indiferencia ante las muertes que nos rodean. Verte llorar, despierta en nosotros la conmoción que abre a la vida. Danos, Señor, tus lágrimas. Amén.”

Sacados de la ceguera

«La Voz de San Justo», domingo 19 de marzo de 2023

“Después que dijo esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, diciéndole: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé», que significa «Enviado». El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía.” (Jn 9, 6-7).

Este cuarto domingo de Cuaresma escuchamos en la liturgia la curación del ciego de nacimiento. Nuevamente el cuarto evangelista nos ofrece un bello relato, cargado de simbolismo. Refleja la experiencia básica de los primeros cristianos: el que se encuentra con Cristo es arrancado de la ceguera en que vive.

Jesús abre los ojos del ciego con el lodo que hizo mezclando su saliva con la tierra. Como al principio, en el relato  de la creación, aquí es Jesús quien recrea al hombre hecho de arcilla con su vitalidad, con su Espíritu. 

Es la experiencia de los grandes conversos. Pero también la de los “paganos bautizados”, como decía Benedicto XVI: personas que han recibido los sacramentos, pero no viven según la propuesta de Jesús. Al final del día, el “espíritu del tiempo” es el que decide. 

Pero, en un momento algo ocurre y caen en la cuenta de la incoherencia. ¿Qué los ha arrancado de esa ceguera? Cada uno tiene su historia. De repente, Cristo se ha vuelto real. Una presencia interpelante. Algunos hablan de «segunda conversión». 

En estos tiempos neopaganos, ¿no es esta segunda conversión una gracia urgente para suplicar con insistencia?

«Señor Jesús: creemos ver, pero nos domina una profunda ceguera. Juzgamos razonables y normales criterios, decisiones y comportamientos inhumanos. Es que todos viven y piensan así. Nos justificamos. Sacanos de esa ceguera. Abrí nuestros ojos con el Espíritu que brota de tu humanidad. Que experimentemos tu libertad y que nos haga inconformistas ante el espíritu del tiempo. Amén.»

La sed de Jesús

«La Voz de San Justo», domingo 12 de marzo de 2023

“Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía. Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber». […]  Jesús le respondió: «El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed, pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna».” (Jn 4, 6-7.13-14).

Escuchamos este domingo el relato del encuentro de Jesús con la samaritana. Suele proclamarse la versión breve. Es bueno leerlo completo. El cuarto evangelista es un narrador exquisito y desafiante. En los versículos citados, por ejemplo, nos presenta a un Jesús sediento y a la samaritana que puede calmar su sed. De repente, invierte los roles: en realidad, la mayor sed es la de la mujer y Jesús el que puede hacer brotar en ella un manantial de agua viva. La sed, el agua y el pozo adquieren un valor simbólico a desentrañar por quien escucha el evangelio.

El Jesús sediento y cansado ha logrado despertar en el corazón de la mujer la sed más profunda que la habita, arrancándole una estupenda plegaria: “Señor, dame de esa agua para que no tenga más sed” (cf. Jn 4, 15). Imposible no identificarse con esa súplica y con ese anhelo interior.

En definitiva, es lo que busca la Cuaresma: despertar en nosotros el deseo de recibir el Espíritu de Jesús. Un deseo tan ardiente como la sed o el hambre.

“En este marzo extraordinariamente caluroso, Señor Jesús, experimentamos una sed que nos devora por dentro. Es sed de verdad, de autenticidad, de vida plena. Es sed de Vos. Danos, Señor, esa agua viva que es tu Espíritu. Amén.”