Jesús ensancha nuestra mirada

«La Voz de San Justo», domingo 29 de septiembre de 2024

“Juan le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre, y tratamos de impedírselo porque no es de los nuestros». Pero Jesús les dijo: «No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí. Y el que no está contra nosotros, está con nosotros […]»” (Mc 9, 38-40).

El evangelio de san Marcos no es indulgente con los discípulos de Jesús. El domingo pasado nos los mostraba peleándose por establecer quien de ellos era el más importante. Hoy los vemos reclamando la exclusividad, como si Jesús y su misión fueran una propiedad privada de ellos y de nadie más.

Jesús, con infinita paciencia, les explica que, para él, las cosas van en la dirección contraria: el que quiera ser primero, que busque el último lugar y se haga servidor de todos. El evangelio es para todos: el que lo recibe debe estar siempre dispuesto a comunicarlo o, como en este caso, a dejar que circule libremente.

Una encrucijada parecida vivimos hoy en las comunidades cristianas. Siempre está la tentación de encerrarnos en nosotros mismos. El Evangelio, por el contrario, nos desafía a abrir puertas y ventanas, a salir de todos nuestros encierros y a saber reconocer que el Espíritu de Jesús circula libremente, tocando los corazones y llevando vida a todos.

Jesús siempre ensancha el horizonte de nuestra mirada. Con él vemos más lejos y más hondo. Vemos con los ojos de Dios y como Él mira nuestro mundo.

Pequeño como un chico

«La Voz de San Justo», domingo 22 de septiembre de 2024

“Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo: «El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha enviado».” (Mc 9, 36-37).

Las palabras son potentes, tanto como el gesto: poner en medio a un chico, abrazarlo y, sobre todo, identificarse con él.

La Biblia dice que el ser humano es imagen de Dios. El que quiera saber cómo es Dios tiene que mirarse a sí mismo y a sus semejantes. Jesús añade: en este mundo nuestro, a veces tan oscuro y triste, lo más parecido a Dios es un chico. Así es Jesús, así es el Padre que lo ha enviado.

Es comprensible la desorientación de los discípulos. Como ellos, también nosotros tenemos una imagen diversa de Dios: todopoderoso, omnisciente, inmenso… Todo lo cual es rigurosamente cierto.

Solo que, todos esos atributos tienen que releerse desde el Evangelio de la pequeñez del Dios hecho hombre y paciente: Él es como los chicos…

Esa es la postura cristiana: el inmenso en la pequeñez de un niño, la omnipotencia en la debilidad de un chico, la sabiduría en la simpleza de un pequeño. Y, en la cumbre de la paradoja: en la pobreza de un pesebre y en el despojo de la cruz, el amor más grande y salvador.

En sociedades que se secularizan -como la argentina-, las religiones y sus representantes nos volvemos cada vez más irrelevantes.

La buena noticia es que, en ese clima o precisamente por él, se puede vivir y comunicar la fe del Evangelio con increíble frescura: una pequeña semilla que busca la tierra para crecer y dar fruto.  

Jesús dijo: “Efata”

«La Voz de San Justo», domingo 8 de septiembre de 2024

“Entonces le presentaron a un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos. Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua. Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: «Efatá», que significa: «Ábrete». Y en seguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente.” (Mc 7, 32-35).

Prestemos atención al gesto de Jesús de tocar con su saliva la lengua de aquel sordomudo. La saliva -para los antiguos- es un fluido humano por el que circula y fluye la vida.

Jesús le da su propia vitalidad a aquel hombre, que comienza a escuchar y hablar. Es ese contacto con Jesús lo que le permite experimentar lo más humano, lo que asemeja al hombre con su Creador. 

Dios sabe escuchar y posee una Palabra poderosa. Al crearnos a su imagen y semejanza ha puesto en nosotros esa misma capacidad. 

Por el contrario, el enemigo del hombre nos ensordece con gritos, retuerce las palabras, siembra mentira y desconfianza. Nos aisla en un silencio vacío.

Somos ese sordomudo que llevaron a Jesús. Necesitamos que haga con nosotros, lo que hizo con él. Él está dispuesto, y hasta ansioso por hacerlo. 

Ojalá que nos dejemos llevar hacia Jesús. Ojalá que recuperemos la capacidad de escuchar a Dios, a los demás, a los que están heridos. 

Ojalá que, entre tantas cosas buenas que pudiéramos haber perdido, recuperemos el gusto por la palabra amiga, el trato amable y los gestos de gratitud.

“Señor Jesús: alcanzanos con la vitalidad de tu Espíritu, ordená que se abran nuestros oídos y se nos suelte la lengua para decir palabras buenas. Amén.”

Jóvenes, peregrinos de Esperanza

35 Peregrinación juvenil al Santuario de la Virgencita (Domingo 1° de septiembre de 2024 – Villa Concepción del Tío)

Con el lema: “Jóvenes, peregrinos de Esperanza”, la diócesis de San Francisco vivió la 35 Peregrinación juvenil al Santuario de la Inmaculada en Villa Concepción del Tío. 

Desde hace 35 años, la “Iglesia joven” de San Francisco camina los siete kilómetros que unen la localidad de “El Tío” con el Santuario diocesano de la Virgencita. 

“Pocos kilómetros que despiertan grandes preguntas en el corazón de los jóvenes peregrinos”, como dijo el obispo. 

Unos doscientos chicos y chicas llegados de parroquias, colegios, movimientos y otros espacios pastorales se dieron cita, acompañados por sus familias y otros peregrinos. Varios sacerdotes de la diócesis junto con el obispo Sergio Buenanueva también acompañaron a los jóvenes que acudieron al sacramento de la Reconciliación mientras peregrinaban.

Este año, el beato Carlos Acutis inspiró con su testimonio de santidad el caminar de los jóvenes. En el trayecto fueron presentados para la reflexión y oración algunos de los milagros eucarísticos que tocaron el corazón de Carlos. 

De la mano del beato Carlos, la Pere 2024 tuvo un marcado espíritu eucarístico  que se sumó a la devoción y amor a María. 

Momento culminante de la caminata fue, como cada año, el ingreso al Santuario. Esta vez con una innovación: cada uno de los chicos y chicas presentes subió al camarín de la Virgen para un encuentro intenso de oración con María. 

También lo hicieron los adultos presentes, con el obispo y los sacerdotes. 

Después del almuerzo fraterno se celebró la Eucaristía, que culminó con una procesión eucarística entorno a la Plaza del pueblo, animada por los mismos jóvenes. El obispo impartió la bendición con el Santísimo Sacramento. 

Como en años anteriores, en toda la jornada estuvo presente uno grupo de seminaristas con el rector del Seminario Mayor de Córdoba, padre Román Balosino.

La Pere 2024 estuvo organizada y llevaba adelante por el Equipo diocesano de Pastoral Juvenil en coordinación con la comunidad parroquial del Santuario y su rector, padre Héctor Calderón. 

JÓVENES, PEREGRINOS DE ESPERANZA

Homilía en la 35ª Peregrinación juvenil al Santuario de la Virgencita

Villa Concepción del Tío – domingo 1º de septiembre de 2024

Señor, ¿quién habitará en tu Casa?”

Con esta pregunta hemos acompañado las estrofas del salmo responsorial (el salmo 14). 

¿La respuesta?: “El que procede rectamente y practica la justicia; el que dice la verdad de corazón y no calumnia con su lengua. […]”

Esta inquietud de cómo ser digno de Dios atraviesa toda la Biblia. Así, por ejemplo, el salmo 24 se hace una pregunta similar: “¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor y permanecer en su recinto sagrado?”.

Y responde: “El que tiene las manos limpias y puro el corazón; el que no rinde culto a los ídolos ni jura falsamente: él recibirá la bendición del Señor, la recompensa de Dios, su Salvador”; y concluye: “Así son los que buscan al Señor, los que buscan tu rostro, Dios de Jacob.”

La respuesta del salmo 24 es más completa: abraza el culto a Dios y el trato recto a los demás. Amor a Dios y al prójimo, nos dirá Jesús.

Sin embargo, a mi criterio, lo más interesante es la pregunta: ¿Quién podrá habitar en la casa de Dios?

En el fondo, lo que más nos quema por dentro es este buscar al Señor, buscar su rostro luminoso y bendito. Eso es lo que nos mueve para caminar la vida y peregrinar la fe.

***

A eso apunta también el Señor en el evangelio.

Jesús está discutiendo con los fariseos: ellos tienen una práctica religiosa más atenta a la apariencia externa. Corren el riesgo de la hipocresía: bonitos por fuera, oscuros y muy retorcidos por dentro.

A no escandalizarse: así somos los miembros de la especie humana, de esa madera y de ese barro.

El que quiera vivir según Dios -enseña Jesús- debe atender a su corazón: “Felices los puros de corazón, porque verán a Dios” (Mt 5, 8). Toda purificación verdadera nace ahí adentro, en el corazón que se deja transformar por Dios.

Era ya la súplica del rey David, dolido por haber traicionado la misión confiada: “Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, y renueva la firmeza de mi espíritu. No me arrojes lejos de tu presencia ni retires de mí tu santo espíritu” (Salmo 50, 12-13).

Es del corazón de donde brota lo mejor que podemos ofrecer a Dios y a los demás.

El corazón es el terreno privilegiado donde actúa el Espíritu de Cristo.

Allí trabaja con finura de artista y paciencia de maestro.

Con su Espíritu, Jesús sabe tocar nuestro corazón y despertar en él las mejores preguntas, las que nos arrancan de la superficialidad y nos limpian la mirada para ver más hondo y más lejos.

Así, con su Espíritu, Jesús sabe sacar la mejor versión de nosotros.

***

Volvamos a la pregunta del salmo: “Señor, ¿quién habitará en tu Casa?”

Queridos jóvenes: es el mismo Dios el que ha puesto esa inquietud en nuestro corazón. Escuchemos estas preciosas palabras de Jesús.

Expresan su mejor promesa: «No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí. En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, se lo habría dicho a ustedes. Yo voy a prepararles un lugar. Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes.” (Jn 14, 1-3).

En eso anda Jesús: preparándonos un lugar y buscándonos para que estemos siempre con Él en la casa de su Padre.

Un Dios que pone en nuestro corazón la inquietud de habitar en su casa, pero que, en realidad, Él es el ansioso por sentarnos a su mesa.

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Desde hace treinta y cinco años que la Iglesia joven de San Francisco camina estos siete kilómetros entre El Tío y Villa Concepción.

Pocos kilómetros que pueden despertar grandes preguntas en el corazón.

Jóvenes y no tan jóvenes seguimos siendo peregrinos, buscadores del rostro de Dios, ansiosos de que María nos mire, nos tome de la mano y nos lleve por ese camino que ella misma ha transitado antes de nosotros.

Este año, “peregrinos de la Esperanza”, tenemos como compañero de viaje al querido Carlos Acutis.

“Beato” quiere decir: bienaventurado, feliz, bendecido. Carlos ha caminado con alegría la fe -enamorado de Jesús, de su madre, de su Eucaristía, de los pobres- y, después de su breve paso por esta vida, ha alcanzado la eternidad del cielo.

Padre bueno:

Carlos ha vivido como nos dicen los salmos y nos cuenta el evangelio; y ha podido entrar en tu casa, donde nos espera con su sonrisa de adolescente y la bondad de su corazón cristiano.

Querido Carlos:

Nosotros seguimos caminando. En ocasiones el camino se vuelve un poco pesado, tal vez, aburrido. Nos amenaza la superficialidad que no deja que salgan a la luz las preguntas más hondas de la vida.

Por eso, caminamos con vos y pedimos tu ayuda:

Enseñanos a escuchar nuestro propio corazón, a escuchar en él la voz de Jesús, el Resucitado; a percibir en nuestro corazón inquieto los movimientos del Espíritu, brisa, viento y huracán, fuego y calor.

Carlos, beato amigo de los jóvenes:

Enseñanos a tomar la misma autopista que a vos te llevó al cielo:

la sagrada Eucaristía; y a tomarla con María, de la mano de los pobres. Y caminando juntos, como familia, como Iglesia.

Amén.

El corazón

«La Voz de San Justo», domingo 1º de septiembre de 2024

“Jesús dijo a sus discípulos: «Lo que hace impuro al hombre es aquello que sale del hombre. Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino. Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre».” (Mc 7, 20-23).

Jesús está criticando fuerte a los fariseos y su gusto por la apariencia: una cosa por fuera, otra por dentro. Para él, en cambio, es el interior del hombre la fuente desde la que crece la vida.

Jesús supera así la separación entre lo puro y lo impuro. El que quiera vivir según Dios, debe atender a su corazón: “Felices los puros de corazón, porque verán a Dios (Mt 5, 8). Toda purificación verdadera nace desde dentro, en una conciencia que se hace transparente a la verdad.

Es lo que suplicaba con humildad el orante de la Biblia: “Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, y renueva la firmeza de mi espíritu. No me arrojes lejos de tu presencia ni retires de mí tu santo espíritu” (Salmo 50, 12-13).

El corazón es el terreno donde actúa el Espíritu de Cristo. Allí trabaja con finura de artista y sabiduría de maestro. Jesús sabe tocar el corazón y despertar las mejores preguntas, las que nos arrancan de la superficialidad y nos limpian la mirada para ver más hondo y más lejos.

Hoy es la Peregrinación juvenil al Santuario de la “Virgencita”. Treinta y cinco años caminando pocos kilómetros para despertar grandes preguntas en el corazón de los jóvenes.

“Ojalá que sepamos escucharte, Señor, y dejarnos sacudir por tu voz, para ser libres de verdad. Amén.”

Para salir de la ley del péndulo

Posición ingenua:

Si en los debates públicos (también dentro de la Iglesia), una cierta percepción de la verdad de la condición humana, de alguna manera, no orienta las discusiones y las decisiones, eso termina haciéndolo el poder, también en alguna de sus formas, con sus picardías, estrategias y tácticas de viraje corto: ideologías dominantes, intereses de parte políticos, económicos, liderazgos fuertes (y siempre sesgados), etc.

De ahí que, en temas delicados y controversiales (p. e. las cuestiones de género o la violencia política de décadas pasadas), la ley del péndulo nos lleva de un lado a otro.

Pan para hoy, hambre para mañana… y vuelta a empezar.

Además, con una pizca del apasionamiento y el gusto por el conflicto que los argentinos llevamos en nuestro ADN, las cosas se complican y hacen todo más difícil, sobre todo, edificar hacia delante, pensando en el bien mayor de las nuevas generaciones.

Una posible salida de mayor sensatez y cordura, inspirada en la espiritualidad cristiana la ofrezco a continuación.

Me inspiro en unas palabras del obispo noruego Erik Varden. Escribiendo sobre «la perfecta libertad», Varden señala tres pasos:

1. Elegir y aceptar las cosas como son. Esta «opción por lo real» es clave. Estamos diseñados interiormente para ello en el cuerpo, en el alma y en la conciencia: somos apertura a la realidad que es la que nos muestra la verdad. Eso sí: además de una cierta fortaleza interior para hacernos cargo de los aspectos más arduos de la vida, siempre es útil una buena dosis de buen humor, sobre todo, saber reírnos de nosotros mismos (los argentinos sabemos hacerlo).

2. Confiar en la paciencia activa de Dios que sabe trabajar mejor que nadie el corazón humano. Por eso, el cristianismo, sobre todo su versión católica, es tozudamente optimista. Creemos en Dios y, por eso, confiamos en su más perfecta imagen y semejanza, jamás destruída por el pecado: el ser humano y lo que Dios, por creación y por gracia, ha puesto en él. Y del ser humano concreto, alma y cuerpo, historia y eternidad, carne y sangre. Eso también se llama: encarnación.

3. Y, por eso, saber esperar activamente, es decir, con mirada atenta y disposición para la acción. Los tiempos oportunos llegan y nos ofrecen, tímidamente primero, claramente después, los frutos de la siembra (la de Dios y la nuestra) para que los cosechemos.

Suena ingenuo, ¿no?

Pero podemos darle una oportunidad. Yo lo hago.

28 de agosto de 2024

Memoria de san Agustín, obispo y doctor de la Iglesia

¿Y si paramos un poco?

La política es lucha… por la justicia (sí, también la justicia social), el bien común, el mejor orden justo posible aquí y ahora.

La política es tarea de todos los ciudadanos, porque crear las condiciones para que cada persona -especialmente los que están creciendo y los más vulnerables- alcance su desarrollo más pleno, en esta vida y como promesa de la eterna, es responsabilidad de todos.

Es una lucha de todos.

La política es también la vocación específica de algunos hombres y mujeres que sienten ese fuego interior a mejorarle la vida a los demás; a trabajar -incluso poniendo entre paréntesis los propios intereses- por el desarrollo integral, el bien común y el bienestar de todos.

Para un bautizado que siente la vocación de la política esta es un genuino llamado a la santidad como unión con Cristo en el servicio a los hermanos.

Sí, la política exige lucha, sacrificio arduo, entrega generosa.

Pero no somos ángeles: tanto los ciudadanos de a pie como los hombres y mujeres de la política somos de carne y hueso, frágiles, débiles y -desde una mirada cristiana- también pecadores. El egoísmo, la mezquindad, la violencia interior y exterior caminan siempre con nosotros -en nosotros- como molestos compañeros de viaje.

Por eso, en algún punto, la estrategia de la polarización, del echar sal en la herida, del “cuanto peor, mejor”, por comprensible que sea en algunas situaciones y nos reporte algún beneficio coyuntural, a la larga, carcome desde dentro el alma de todos. Mucho más, cuando la gente, el pueblo o los ciudadanos -hablemos como queramos en este punto- vive o sobrevive en la incertidumbre del futuro, se arremanga cada día para salir adelante y puja por dejarse vencer por la bronca o, lo que es peor, la desesperación o el miedo.

Aquí, la responsabilidad de los que detentan el poder, en alguna de sus formas, es mayor, más exquisita y delicada.

En algún momento, el gusto por la agresión y el rugido feroz tiene que parar.

Estamos a tiempo.

26 de agosto de 2024

Memoria del beato Ceferino Namuncurá

¿A quién iremos?

«La Voz de San Justo», domingo 25 de agosto de 2024

“Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de él y dejaron de acompañarlo. Jesús preguntó entonces a los Doce: «¿También ustedes quieren irse?». Simón Pedro le respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios».” (Jn 6, 66-69).

Nuestro viaje por el capítulo sexto del evangelio de Juan ha durado cinco domingos.

Ojalá que Jesús nos haya arrancado la misma confesión que a Simón Pedro: “Señor, ¿a quién iremos?”.

Es el viaje de la fe. Y no termina. No fue así para Simón, tampoco para nosotros. San Juan nos cuenta que este “¿A quién iremos?” tendrá que madurar en aquel: “Señor, tú lo sabes todo. Sabes que te amo” (Jn 21, 17).

Seguirá la misión –“Apacienta mis ovejas”- y, nuevamente, el camino hacia delante: “Sígueme” (Jn 21, 19).

Así para Simón y también para nosotros.

No pasemos por alto este “pequeño” detalle: el viaje de la fe es siempre una respuesta libre que suele germinar en la tierra árida del rechazo, la incredulidad o incluso la indiferencia como clima del tiempo.

El camino de la fe sigue y sigue, pero no en la incertidumbre, sino en la plenitud de ese encuentro que lo cambia todo.

Dejo la palabra a uno de los más grandes teólogos de siglo XX, Karl Rahner:

“Cabría decir que el cristiano del futuro o será un ‘místico’, es decir, una persona que ha ‘experimentado’ algo o no será cristiano. Porque la espiritualidad del futuro no se apoyará ya en una convicción unánime, evidente y pública, ni en un ambiente religioso generalizado, previos a la experiencia y a la decisión personales”.

“Señor, ¿a quién iremos? … Vos lo sabés todo. Sabés que yo te amo. Amén”.