Como Jesús nos ha amado…

«La Voz de San Justo», domingo 18 de mayo de 2025

“Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros. En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros.” (Jn 13, 34-35).

Amar y ser amado. O, tener deseo de poder amar y nostalgia de haber sido amado. No hay nada nuevo ahí. Es, en definitiva, la experiencia más humana que existe.

Lo verdaderamente nuevo (y definitivo) es ese “como yo los he amado”. Es Jesús. Como siempre. Es Jesús el que hace nuevas todas las cosas. Él es la novedad definitiva.

“Como yo los he amado” es mucho más que una exigente meta moral. Es una experiencia de vida: la de ser haber sido amados hasta el extremo de la redención.

Amados por Jesús, el Cordero que quita el pecado del mundo. Entonces sí, en esa experiencia fundante está la posibilidad de amar a la manera de Jesús.

El cristianismo es esa experiencia.

Buen domingo.

¿Quién es el que saluda desde el balcón? Pedro que habla por la boca de León

Resulta fascinante lo que estamos viviendo en estos días, desde la muerte del #PapaFrancisco, el cónclave y ahora los primeros pasos del #PapaLeónXIV.

Una Pascua, como él mismo lo ha dicho.

Lo que observo por todos lados es una serena alegría y confianza en el camino que estamos transitando.

Agradezco haber vivido el «Habemus Papam» con mis hermanos obispos argentinos (estábamos reunidos todos en Pilar), junto con sacerdotes, laicos y consagrados que trabajan en la conferencia episcopal o integran sus comisiones.

Momento inolvidable.

Ayer presidí la Eucaristía en una parroquia de San Francisco y el comentario unánime era el gozo que había despertado el nuevo papa.

En la primera lectura de este #DomingodelBuenPastor, tomada de los Hechos de los Apóstoles (Hch 13, 14. 43-52) se nos habla de cómo la predicación de Pablo y Bernabé a los paganos suscita envidia y persecución; pero, por dos veces, se nos habla de la alegría del Evangelio que se difunde e ilumina los corazones.

Es eso.

Estamos desentrañando la figura del nuevo papa. Hasta los políticos argentinos quieren «afiliarlo» a su facción… Por no hablar de las facciones en la Iglesia… «Es preferible reír que llorar»…

A mí, personalmente, me impresionan varias cosas: ese eco del «non praevalebunt» («el mal no prevalecerá») de su primer discurso, la centralidad de Cristo en todo lo que ha dicho… Pero, de manera especial, su rostro sereno y bondadoso. Da confianza. No se percibe una mirada que oculta segundas intenciones.

La gente de a pie lo ha percibido.

Y, no puedo dejar de decirlo: ¡qué alegría para esos hermanos tan nobles que son los peruanos! ¡Qué bien merecido lo tienen: por su fe, por su paciencia, por su historia de santidad!

San Martín de Porres debe estar riendo a carcajadas. Y nosotros con él.

Un león que proclama la paz de Cristo

«La Voz de San Justo», domingo 11 de mayo de 2025

“Jesús dijo: Mis ovejas escuchan mi voz, Yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos. Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. El Padre y Yo somos una sola cosa.” (Jn 10, 27-30).

El lema del nuevo papa León XIV es una frase de San Agustín: “En Aquel que es Uno (Cristo), todos somos uno” (“In Illo uno unum”). Es como un eco de la declaración del Señor: “El Padre y Yo somos una sola cosa”.

Es la unidad que nace de Dios y se manifiesta en Cristo, el Señor. Unidad para la Iglesia y también para la humanidad.

Cuando León XIV apareció en el balcón de San Pedro dijo también algo que es como un eco del evangelio de hoy: “el mal no prevalecerá”. Es la promesa de Jesús a la Iglesia fundada sobre Simón Pedro: “el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella” (Mt 16, 18).

Este León comenzó su misión proclamando la paz de Cristo: “Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios. Dios que nos ama a todos incondicionalmente”.

Querido papa León XIV: estamos empezando a conocerte, pero ya te amamos como Pedro entre nosotros. Y oramos por vos y tu misión de unidad, de paz y de servicio a la fe en Jesucristo resucitado. Que la Virgen te cuide. Amén.

Cónclave a las puertas…

Cada elección de un papa es un acontecimiento de primer orden para la Iglesia… y para el mundo.

El cónclave de la semana próxima aparece especialmente importante y decisivo para el futuro de la Iglesia.

Es así por varias razones que no viene al caso comentar aquí.

Es bueno (en realidad, muy bueno), que los cardenales hablen con franqueza y hasta con aspereza sobre cómo ven la Iglesia, la misión del obispo de Roma y los desafíos que tiene la fe en este tiempo que nos toca vivir.

Parte de esas conversaciones es hacer una evaluación lo más completa posible del papado del papa Francisco, sus más y sus menos, sus logros y sus pendientes. También las cosas que no satisficieron.

Esto pasó en todos los cónclaves, tanto los recientes (tener memoria de 1978, 2005 y 2013) como en el pasado más lejano.

Es lógico que se hable de continuidad o de discontinuidad: en qué nivel se tienen que dar una u otra (qué permanece, qué forma parte del fondo, qué debe se superado o desechado).

El oficio petrino del obispo de Roma, tal como ahora lo conocemos, es fruto de un largo proceso histórico que hunde sus raíces en la voluntad del Señor manifestada en los evangelios, la tradición viva de la Iglesia, la convergencia más o menos fuerte de condicionamientos históricos, políticos y culturales.

Reducir el primado del papa a un primado de honor (un primus inter pares) convive con la tendencia a que el papa absorba toda subjetividad eclesial como si fuera el párroco o el obispo del mundo.

Ya al final de su pontificado, san Juan Pablo II pidió que se ayudara al obispo de Roma a vivir su ministerio también como servicio a todas las Iglesia. Lo hizo con estas palabras: «Que el Espíritu Santo nos dé su luz e ilumine a todos los Pastores y teólogos de nuestras Iglesias para que busquemos, por supuesto juntos, las formas con las que este ministerio pueda realizar un servicio de fe y de amor» (Ut unum sint 96).

Sigue siendo una súplica muy actual.

A todos nos toca rezar por los cardenales, por el cónclave, por la Iglesia y su misión en este mundo nuestro.

San Francisco, 3 de mayo de 2025

Si me amás, apacentá mi rebaño

«La Voz de San Justo», domingo 4 de mayo de 2025

“Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?». Él le respondió: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis corderos». Le volvió a decir por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». Él le respondió: «Sí, Señor, saber que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas». Le preguntó por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas. Te aseguro que cuando eras joven tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras». De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: «Sígueme».” (Jn 21, 15-19).

Mientras esperamos al nuevo papa, los católicos rezamos para que este diálogo se renueve en el corazón del que acepte esta misión. La condición fundamental para ser pastor de la Iglesia es amar a Cristo. De ahí brota lo demás.  

Un papa tiene muchas cosas de las que ocuparse. Despierta también un sinnúmero de expectativas, deseos y también temores. Basta observar lo que hoy se dice.

Sin embargo, el servicio del obispo de Roma apunta a cosas esenciales: señalar a Cristo, hablar de Dios, cuidar la unidad en la fe y animar el anuncio del Evangelio a todos los pueblos.

Al final del día, todo papa solo repite, como Pedro: “Señor, vos lo sabés todo. Vos sabés que yo te amo”.

Perdonen siempre…

«La Voz de San Justo», domingo 27 de abril de 2025

“Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes». Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: «Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan».” (Jn 20, 21-23).

Si el Espíritu Santo es el aliento de Cristo resucitado, en el papa Francisco, el Espíritu ha sido un vendaval que sacudió fuertemente a la Iglesia.

Jesús sopla su Espíritu a los apóstoles y les confía una misión: llevar el perdón a todos.

Hace algunos años, con otros dos obispos acompañamos a los curas argentinos que estudiaban en Roma a un encuentro con el papa. Fue un diálogo abierto: preguntas, respuestas, consejos, recuerdos… Un padre departiendo con sus hijos a corazón abierto.

“Hay muchas personas heridas, golpeadas por la vida -nos decía-. Ustedes son curas: perdonen siempre, que nadie se vaya sin una palabra amiga de consuelo y aliento”.

En realidad, este “vendaval” del Espíritu es el que, de tanto en tanto, ha sacudido a nuestra Iglesia, obligándonos a recalcular nuestra fidelidad al Evangelio.

Creo sinceramente que es lo que ha pasado ahora con Francisco. Sus restos mortales descansan en la basílica más antigua de Roma dedicada a la santa Madre Dios. Su alma generosa esperamos que goce de la bienaventuranza eterna.

Nosotros, como peregrinos de la Esperanza, seguimos nuestro camino, inspirados por su testimonio de amor a Cristo, a los pobres y a la Iglesia.

Gracias, Francisco, por recordarnos el corazón del Evangelio: el amor de Dios que perdona siempre…

Pastor en medio del pueblo

Ayer, domingo de Pascua, Francisco recorrió la Plaza de San Pedro saludando a los peregrinos que se habían dado cita para la bendición urbi et orbi. No podíamos saberlo, pero fue la última vez. Pero es una imagen muy expresiva. Eso fue y quiso ser Francisco: un pastor en medio de su pueblo. 

Como nos dijo tantas veces a los curas y obispos: un pastor va delante del pueblo, para conducirlo; va en medio, porque no se puede olvidar que sigue siendo un discípulo; y va detrás, tanto para animar al que se queda rezagado, como para dejarse guiar por el pueblo que es movido por el Espíritu de Cristo. 

Por estas horas, seguramente se dirán muchas cosas de Bergoglio/Francisco. Cada uno recordará algún gesto, alguna palabra, algún hecho. Cristo quiso que guiara a su Iglesia en este tiempo desafiante de cambios vertiginosos. 

De Francisco de Asís, el papa Francisco tomó no solo el nombre, sino también la pobreza y la fraternidad: la pobreza, no como desprecio de las cosas, sino como el necesario despojo del corazón para dar cabida a todos, reconocidos y tratados como hermanos… también a la creación. 

El pasado miércoles 8 de enero pude saludarlo en la Audiencia General en Roma. Le dí los saludos de la diócesis de San Francisco, enclavada en la “pampa gringa” por tantos piamonteses que emigraron allí. Como sus padres. 

Gracias, Francisco, por tu persona y tu ministerio. Encomiendo tu alma a Dios y al cuidado de la “Virgen santa”, como a vos te gustaba llamar a María. 

+ Sergio O. Buenanueva

Obispo de San Francisco

21 de abril de 2025

Mensaje Pascual 2025

«¡Noche verdaderamente feliz!
Sólo ella mereció saber el tiempo y la hora
en que Cristo resucitó del abismo de la muerte.

Esta es la noche de la que estaba escrito:
La noche será clara como el día,
la noche ilumina mi alegría.»

Pregón Pascual

La oscuridad nos atemoriza. Sin embargo, nuestro Dios ha hecho brillar su luz en medio de la noche más oscura de la historia: cuando los hombres matamos al Autor de la Vida. Con el soplo de su Espíritu, el Padre ha resucitado a su Hijo y, de esta forma, ha despertado la esperanza que no defrauda.

Como en la Vigilia Pascual, somos invitados a entrar en las noches de la vida iluminados por el fuego nuevo de Jesús resucitado.

No. No estamos solos cuando la oscuridad nos invade. Cristo, el Viviente, viene siempre a nuestro encuentro, nos toma de la mano y nos pone de pie.

Jesús es luz y todo lo que de él procede es también luz de salvación para quien se abre a él por la fe: su Palabra, la Eucaristía y los sacramentos, la comunidad de hermanos que es su Iglesia, la solidaridad y la fraternidad, el perdón, el trato amable y la humildad.

Él viene a nosotros como vencedor de la muerte y del pecado. Le gusta hacerse cercano a través de sus hermanos más pequeños: los pobres, los enfermos, los descartados.

¡Qué su luz de Resucitado purifique nuestra mirada para reconocerlo en medio de nosotros!

De la mano de María, celebremos esta Pascua 2025 como peregrinos de Esperanza. La luz de Cristo brilla en medio de la oscuridad. Él sigue alentando su Espíritu sobre la historia.

¡Muy feliz Pascua para todos!

No nos callamos…

«La Voz de San Justo», domingo 13 de abril de 2025 – Domingo de Ramos

“Mientras Jesús avanzaba, la gente extendía sus mantos sobre el camino. Cuando se acercaba a la pendiente del monte de los Olivos, todos los discípulos, llenos de alegría, comenzaron a alabar a Dios en alta voz, por todos los milagros que habían visto. Y decían:» ¡Bendito sea el Rey que viene en nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!». Algunos fariseos que se encontraban entre la multitud le dijeron: «Maestro, reprende a tus discípulos». Pero él respondió: «Les aseguro que, si ellos callan, gritarán las piedras.” (Lc 19, 36-40).

Con la celebración del Domingo de Ramos entramos en la Semana Santa y, a partir del Jueves Santo por la tarde, la celebración anual de la Pascua.

Mirados desde fuera pueden parecer ritos un poco cansinos. Para quienes somos discípulos de Jesús es todo lo contrario: cada uno de esos ritos contienen tal riqueza de contenido y de fuerza que resulta imposible contarlo con palabras.

Las celebraciones de Semana Santa se viven.

El secreto de todo es la persona de Jesús y su impacto en la vida de quien ha sido alcanzado por él, por su Pascua, por su mensaje.

Por eso, aunque nosotros intentáramos callar lo que nos ha pasado al conocerlo, las piedras suplirían nuestro silencio con sus gritos.

Y serían gritos de alabanza a Dios por el regalo que nos ha hecho en la persona de su Hijo, muerto y resucitado. Pero serían también gritos de acusación si no nos atreviéramos a compartir la esperanza que nos ha sido confiada.

No me queda más que invitarte a tomar parte en esta intensa experiencia de fe, de religiosidad y de vida que es la Semana Santa.

Buen domingo.

Homilía de la Misa crismal 2025

Catedral de San Francisco – Jueves 10 de abril de 2025

Como “peregrinos de la Esperanza” estamos caminando este Jubileo 2025. Esta Misa crismal es una etapa importante en este camino. 

Cada año escuchamos este pasaje del evangelio: Jesús en la sinagoga de Nazaret lee las Escrituras y declara que su misión es proclamar “un año de gracia”, atrayendo la mirada de todos. 

Les propongo que nos detengamos aquí: en Jesús que lee las Escrituras.

Jesús entra en la sinagoga del pueblo “donde se había criado”, apunta san Lucas. Allí había aprendido a leer, a rezar los Salmos, a escudriñar las Escrituras y a nutrirse de la experiencia de fe de su pueblo. 

De esa forma, ha ido creciendo su conciencia filial: Hijo amado del Padre, ungido por el Espíritu y enviado a los pobres…

Viene a Nazaret después del bautismo en el Jordán y de las pruebas del desierto. ¿Qué habrá sentido al escuchar la voz del Padre en estas palabras de Isaías? ¿No habrán sonado como dardos de fuego en su alma? 

Nosotros también leemos las Escrituras. Podemos comprender algo de ese misterio del Hijo eterno que escucha el latido del corazón de su Abba, que percibe la fragancia del Espíritu que lo unge y la urgencia de la misión en los gritos y en los rostros de sus hermanos más heridos.  

***

Nosotros leemos las Escrituras, aunque somos torpes, lentos y distraídos. Sin embargo, Jesús nos ha comunicado su Espíritu que se las arregla para quebrantar la sordera de nuestro corazón de piedra y enseñarnos a escuchar la voz de Dios. 

De tanto en tanto, una de esas palabras nos hiere y la hacemos nuestra, la escribimos y la dejamos bien visible.

Los óleos y el Crisma que estamos a punto de bendecir son los signos visibles de esa gracia invisible que sigue actuando en nosotros. 

Por esa unción, cuando leemos las Escrituras con una fe viva e inquieta, tarde o temprano, el árbol de esa lectio divina que ha crecido junto a las aguas generosas de la acequia da sus frutos. 

Así vamos aprendiendo a leer a Dios (eso quiere decir precisamente: lectio divina), a escrutar su corazón, a escuchar lo que tiene para decirnos: el corazón le habla al corazón. 

Así aprendemos a hacer lectio divina de las Escrituras, de nuestra vida, de la vida del mundo, de la historia en la que estamos sumergidos. 

Así vamos descubriendo el rostro luminoso de Dios, nuestra identidad profunda de hijos y hermanos y, como Jesús en Nazaret, nuestra misión como bautizados y como Iglesia. 

Así, nuestro Padre bueno, sabio y paciente va conduciendo nuestra vida hacia la bienaventuranza eterna. 

***

Es bueno contemplar así el misterio que este pasaje evangélico de Jesús en la sinagoga de Nazaret nos transmite, en esta hora en que queremos ponernos a la escucha de la voz del Espíritu en las voces que nos rodean. 

Hemos llamado a esta etapa de nuestro camino sinodal: de escucha “ad extra”. 

Que el Espíritu Santo entonces abra nuestros oídos y nos permita escuchar su grito en las palabras, en los gestos y en los silencios de nuestros hermanos, no menos que en sus reproches y reclamos, en sus esperanzas y angustias más profundas. 

***

En los próximos meses tendremos que definir el tema de fondo de nuestro Sínodo diocesano. Emergerá de lo que nosotros mismos hemos ido discerniendo como la llamada del Señor, sobre todo en la etapa de escucha. 

Por mi parte, siento que el Señor nos está llamando a reavivar el fuego de la misión para que Cristo Jesús sea conocido y amado por todos, anunciado y testimoniado a todos. Porque, “no hay evangelización verdadera, mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazaret Hijo de Dios.” (EN 22).

Que se reavive ese fuego en nuestras comunidades, en cada uno de nosotros, en toda la diócesis. 

***

Es una gracia que pedimos a san Francisco de Asís, entre a otros poderosos testigos de la fe. 

La Providencia, en un guiño de divino humor, quiso que nuestra diócesis llevara el nombre del Poverello de Asís. Hoy hace 64 años de su creación por san Juan XXIII  

En marzo de 1225, hace ochocientos años, al final de su vida, casi ciego y muy enfermo, Francisco compuso el Cántico del Hermano Sol. 

Era ya un hombre pacificado, que llevaba en su cuerpo los estigmas de Cristo. Despojado de todo, era finalmente libre, totalmente en las manos de Dios. 

Y así canta en la cuarta estrofa del Cántico: “Loado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas, en el cielo las has formado claras y preciosas y bellas.”

Francisco ha aprendido a leer, en medio de la oscuridad de la noche, el misterio de la luz de Dios en la claridad humilde de la luna y las estrellas. 

Nosotros, que estamos aprendiendo a leer nuestra propia vida diocesana, invocamos a María, estrella de la mañana, para que guíe nuestro navegar por las aguas de la historia. 

En unos días, en nuestros templos iluminados por el cirio pascual, vamos a cantar, como Francisco: “Ésta es la noche de la que estaba escrito: «Será la noche clara como el día, la noche iluminada por mí gozo».”

Nos ha sido dada esta claridad en medio de la noche del mundo para que la compartamos. 

«¿Qué son los siervos de Dios -decía Francisco de Asís a sus hermanos mientras les enseñaba el Cántico- sino unos juglares que deben mover los corazones para encaminarlos a las alegrías del espíritu?» (Leyenda de Perusa 83)

Seamos pues “juglares de Dios”.

Así sea.