Santa Mama Antula, madre de la Patria

«La Voz de San Justo», domingo 11 de febrero de 2024

“Dios nuestro, que te complaces en habitar en los corazones rectos y sencillos, concédenos la gracia de vivir de tal manera que encuentres en nosotros una morada digna de tu agrado.” (Oración del 6º domingo).

Siguiendo la enseñanza bíblica, la liturgia católica recoge en esta oración una honda verdad de fe: Dios habita en los bautizados como en un templo. Es la gracia del bautismo que nos hace amigos de Dios. Como en toda amistad, Dios y el hombre se conocen y se aman y, de esa manera, viven el uno en el otro.

Cuando se publique esta columna, el papa Francisco habrá ya inscrito en el catálogo de los santos a una hija de nuestra tierra: la beata Antonia de Paz y Figueroa, “mama Antula”. Al canonizarla, la propone como modelo a imitar.

Santa Casa de Ejercicios Espirituales (Bs. As.)

Mama Antula fue uno de esos corazones rectos y sencillos que le ofreció a Jesucristo una morada digna. La suya es una santidad apostólica: se unió a Jesucristo predicando el Evangelio, caminando miles de kilómetros de lo que hoy es nuestra Argentina para que sus hermanos, a través de los Ejercicios Espirituales de san Ignacio, conocieran, amaran y sirvieran al Señor, como ella misma aprendió a hacerlo.

Nacida en Villa Silípica (Santiago del Estero) en 1730, murió en Buenos Aires en 1799, donde había fundado la Santa Casa de Ejercicios que aún sigue en pie y activa. Por ella pasaron miles de personas, también los hombres y mujeres que fundaron la Patria.

Cuando la semilla del Evangelio se siembra en los corazones produce buenos frutos: la fe, la esperanza y el amor, indispensables para toda obra buena, también para edificar el bien común y la justicia.

Ella nos inspira para seguir cumpliendo esa misión en los tiempos que vivimos.

Domingo de la Palabra de Dios

Para este Domingo de la Palabra de Dios te hago la sugerencia de leer detenidamente el capítulo VIº de la Constitución «Dei Verbum» del Concilio Vaticano II.

Son los números 21 al 26 del mencionado documento.

A continuación te dejo el enlace del sitio web del Vaticano con el texto completo.
No te será difícil encontrar los números sugeridos.

https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651118_dei-verbum_sp.html

Justicia social

En su discurso en el Foro de Davos, el presidente Milei volvió a criticar con fuerza la noción de “justicia social”.

Como este concepto surgió en el pensamiento social católico, me parece oportuno poner sobre la mesa algunos puntos para la discusión. No me molesta la crítica. Al contrario: nos estimula a pensar mejor. En algunos puntos se puede coincidir; en otros, no.

Si se identifica más o menos a la justicia social con una distribución equitativa de bienes operada por el estado, y, por tanto, como remedio a las desigualdades económicas, el riesgo que señala el presidente no es para nada abstracto. ¿Hasta dónde puede llegar la coacción del estado en esta materia?

Sin embargo, en la tradición católica, el concepto de justicia social es mucho más rico. Justicia social es justicia, es decir: una virtud que perfecciona la voluntad de las personas. Y, por tanto, es fruto de la libertad que decide buscar siempre lo que es justo: darle a cada uno lo suyo. Nadie se vuelve justo, solidario o generoso por coacción. Hay que decidir serlo y empeñarse en ello.

Cuando los pensadores cristianos formularon el concepto de justicia social lo hicieron para mitigar y corregir el sesgo demasiado individualista del pensamiento liberal que tiende a reducir el rico significado de esta virtud a la justicia conmutativa, que es la que rige las relaciones individuales. Pienso que es ese uno de los riesgos más fuertes que veo en el discurso del presidente Milei (no solo en el de Davos) y de algunos de sus colaboradores.

La justicia social es la justicia del “bien común”; es decir, supone, ante todo, la participación de los ciudadanos libres en la creación de las condiciones que hacen posible el desarrollo integral de las personas. Y no solo su participación, sino también su colaboración activa.

Por eso, la doctrina social de la Iglesia ha señalado siempre con mucha fuerza el rol imprescindible de las personas y las agrupaciones que, desde abajo, dinamizan la vida social. Es más, para la doctrina social de la Iglesia, el primado en la edificación del mejor orden justo posible lo tienen los ciudadanos, individual o grupalmente considerados.

Es la subjetividad de la sociedad: primero las personas y la sociedad, y a su servicio el estado y los gobernantes que, democráticamente elegidos, se turnan periódicamente en la administración de la cosa pública.

Esta primacía de la subjetividad social es, hoy por hoy, más viva y urgente que nunca, dada la fuerte democratización de la vida ciudadana, operada, entre otros factores, por las redes.

En este marco, el rol del estado es favorecer una arquitectura sensata y sana de instituciones, leyes, normas y eficacia administrativa que favorezcan la participación y colaboración de las personas en la consecución del bien común.

En una sociedad con fuertes (y crecientes) desigualdades como la argentina, es urgente poner en marcha o recuperar esta sinergia virtuosa entre los ciudadanos y la sociedad, el mercado y el estado que ponga en marcha un proceso igualmente virtuoso de desarrollo integral para todos, especialmente atentos a los más vulnerables.

Una última digresión: de todas las conjunciones de la lengua castellana, la más “católica” de todas es nuestra maravillosa “y”: es estado y mercado, ciudadanos y sociedad, impuestos e inversión, etc.

He puesto sobre la mesa algunos puntos. Por supuesto, no todos. No sé si ayudarán. Los argentinos somos pasionales y, por momentos, intransigentes para dialogar y buscar consensos.

Sin embargo, y arriesgando una buena cuota de ingenuidad, quisiera seguir apostando por esa alta forma de vida ciudadana que es el diálogo franco, abierto y sincero.

+ Sergio O. Buenanueva
Obispo de San Francisco
19 de enero de 2024

#JusticiaSocial
#Davos

Algunas precisiones sobre la renuncia a la asignación del Estado nacional a los obispos

Puede ser de utilidad estos párrafos de una respuesta mía a una amiga que me hizo algunas preguntas sobre lo que implica la renuncia a la asignación que el Estado nacional, cumpliendo el mandato constitucional, hacía a la Iglesia católica en la persona de los obispos, y que ha terminado este 31 de diciembre. 

La renuncia al aporte del Estado nacional se pactó en la administración Macri. Desde entonces, el monto de la asignación a los obispos ha aumentado muy poco (por ejemplo, al ritmo de la inflación). La de diciembre de 2023 (que fue el último mes con ese aporte) fue de $ 56000. Por eso, para obispados como el de San Francisco no ha significado una dificultad grave. Se ha ido absorbiendo con los ingresos habituales que llegan a la Administración del Obispado (aportes de parroquias, colegios y otros ingresos). 

En previsión de lo que esta renuncia significaría para las diócesis más pobres, la Conferencia Episcopal creó un fondo solidario en el que las diócesis han ido aportando para compensar a las iglesias más necesitadas. 

Los obispos jubilados que solicitaron la jubilación especial del Estado tuvieron que renunciar a toda jubilación para la que hubieran estado aportando, por ejemplo, FIDES (la jubilación de los curas) u otra. Pero tampoco ese monto tuvo aumentos, por eso, los jubilados están recibiendo ahora $ 98.000. 

Cabe aclarar que nunca las asignaciones para los obispos (el mal llamado “sueldo de los obispos”) fue abonado según la ley. Siempre fue menor al monto establecido. 

En nuestra última Asamblea los obispos aprobamos un monto base para la asignación mensual de todos los obispos que, a valores actuales (para diciembre, por ejemplo) es de $ 208.000. El índice para ajustar según inflación es el de UTEDYC. Esto vale para obispos residenciales, auxiliares y jubilados. 

Como ocurre con los sacerdotes que trabajan en las parroquias, son los consejos de asuntos económicos parroquiales los que tienen que abonar la asignación, más el aporte jubilatorio y la seguridad social; así también son los obispados los que abonan lo mismo a los obispos. En el caso de los jubilados es la diócesis de la que fueron obispos la que tiene que abonar la asignación o compensar lo que falta al monto establecido 

La cuestión de fondo es seguir creando conciencia de que, ya ahora, somos los católicos los que sostenemos la obra evangelizadora de nuestra iglesia (parroquias y diócesis), pero tenemos que seguir trabajando para crecer en esa conciencia y en el aporte de dinero, tiempo y talentos al servicio de la evangelización. 

A la Iglesia en Argentina no la sostiene el estado. No lo ha hecho ni lo hará, aunque es cierto que, para muchas obras, sobre todo extraordinarias, entre otros recursos, también podemos solicitar al estado, pues es el estado el que administra nuestros impuestos. Y los católicos también los pagamos. 

Valía la pena la explicación un poco larga. 

Saludos y feliz año 2024. 

Bienvenido 2024

«La Voz de San Justo», domingo 31 de diciembre de 2023

“Después que los ángeles volvieron al cielo, los pastores se decían unos a otros: «Vayamos a Belén, y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha anunciado». Fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, y todos los que los escuchaban quedaron admirados de que decían los pastores. Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón.” (Lc 2, 16-19).

Estamos por comenzar un nuevo año. María, la santa Madre de Dios, nos ayuda a caminar este 2024 desde la fe: “María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón”.

Es la actitud de una mujer lúcida que sabe sopesar lo que vive. Como hija de Israel ha aprendido que el tiempo no es mero “perdurar y transcurrir”. El tiempo está lleno de Dios, que se hace presente en nuestra historia, involucrándose con nosotros e interactuando con nuestra libertad siempre frágil para que alcancemos nuestra plena madurez como personas.

María tiene además otro punto de observación personalísimo: cuando se cumplió el tiempo establecido, el Hijo de Dios se hizo hombre en ella, tomando de su carne y sangre para redimir a nuestra humanidad. En su cuerpo de mujer ha experimentado como nadie la obra de Dios.

Al iniciar este 2024, también nosotros aprendamos a calibrar esa Presencia de Cristo en el tiempo que nos ha sido dado. Cristo está en cada minuto de tu vida, también en tus horas más amargas. La aventura de la fe es descubrir esa Presencia y confiarse a ella.

“Santa María, madre de Dios: muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre, presente en el tiempo tan complejo como fascinante que se abre a nuestros pasos. Amén”

En gracia concebida

Meditación en la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María – 8 de diciembre de 2023

¡Ave María Purísima! ¡Sin pecado concebida!

Muchos de nosotros conocemos esta jaculatoria desde nuestra tierna infancia. Tal vez, ni siquiera recordamos de quien la aprendimos o cuándo la oímos por primera vez.

Seguramente de labios de nuestros padres o de nuestros abuelos.

La hemos repetido infinidad de veces. Y, así, el misterio gozoso del alma pura y limpia de María ha entrado en nosotros, y nosotros en él.

De las monjas carmelitas de Mendoza aprendí una versión nueva, que es la que ahora repito cada vez que toca rezar con este “piropo” a María. Dice así:

¡Ave María Purísima! ¡En gracia concebida!

Decimos lo mismo, pero poniendo el acento en la “gracia” de Dios que ha colmado a Nuestra Señora desde el instante mismo de su concepción.

Es como un eco de aquel: “¡Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo!” (Lc 1, 28). Es el saludo que repetimos cada vez que rezamos el Ave María, por ejemplo, en el Rosario.

“Gracia” es una de las palabras más bellas del lenguaje cristiano. Es tal vez la primera palabra que está escrita en el Diccionario de la lengua cristiana.

“Gracia” es el favor de Dios, como su disposición más divina hacia nosotros, sus hijos e hijas.

“Gracia” es el auxilio del Creador a sus creaturas, siempre amenazadas por el pecado y la concupiscencia. El Creador que es también el Redentor y Salvador.

“Gracia” es, en definitiva, nombre divino del Dios amor, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que de manera sorprendente nos busca porque quiere entregarse a nosotros en toda la belleza de su misterio santo.

“Gracia” es la amistad de Dios que colma a María en cuerpo y alma, ya desde el primer instante de su existencia, y que ha coronado su peregrinación terrena cuando fue llevada al cielo en cuerpo y alma.

Cada fibra, cada rincón de su corazón, cada movimiento de sus ojos y de sus manos, de su libertad y de su inteligencia están colmados por esa amistad de Dios que transforma todo: ¡El Señor está con vos, María!

¡Ave María Purísima! ¡En gracia concebida!

A la “llena de gracia”, así le canta el poeta: “Toda de Dios sos María. Toda nuestra y del Señor. Toda santa inmaculada, pura y limpia Concepción”.

Nosotros, como hijos y devotos suyos, cantamos también a nuestra Madre, reconociendo los privilegios con que Dios la ha engalanado.

Pero, -no lo perdamos de vista- estos privilegios cumplidos en María están también presentes en nuestra vida: también a nosotros, nuestro buen Dios quiere colmarnos con su gracia, con el regalo de su amistad.

Dios nos quiere sus amigos y amigas. Por eso, nos ha enviado a su Hijo Jesucristo que nació de María Virgen, concebido por obra y gracia del Espíritu Santo.

María, la Purísima, nuestra Virgencita, cuida en cada uno de nosotros esa obra admirable del Dios amor. Obra que se cumple en cada uno de nosotros, por más alejados y rebeldes que seamos.

Y, con delicadeza de Mamá, nos ayuda a abrirnos a esa gracia divina que puja en nosotros para hacernos santos, humildes y servidores.

Por eso, al saludarla “en gracia concebida”, dispongamos el corazón con su misma docilidad.

“Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho” (Lc 1, 38)

Al responder así al llamado de Dios, María dice dos cosas e insinúa otra. Las tres muy importantes.

María se reconoce “servidora del Señor”: no vive para sí misma, sino para Jesús y para los hijos que irán ensanchando su maternidad hasta abarcarnos a nosotros.

También a cada uno de nosotros, Dios, con la ayuda de María, nos quiere servidores.

María se abre dócilmente a la voluntad de Dios: “que se cumpla en mí lo que has hecho”.

Acostumbrada a escuchar la Palabra que sale del corazón de Dios, María nos enseña a vivir de la misma manera.

Porque Dios nos sigue hablando y llamando a través del Hijo de María, Jesucristo, el Señor.

Servicio y escucha nos ayudan a entrar en el corazón de María, colmado de la presencia de Dios, su mayor riqueza.

María, con esas palabras, insinúa la humildad como la actitud religiosa que le permite abrirse a Dios, dejarse guiar por el Espíritu y servir a su Hijo Jesucristo, sirviendo a sus hermanos.

¡Alégrate, María, en gracia concebida, colmada del Espíritu y amiga de Dios!

Tus hijos e hijas no tenemos otra aspiración sino esta: también nosotros ser colmados con la amistad de Jesucristo. Amén.

¡Vení, Francisco, te estamos esperando!

La visita pastoral del #PapaFrancisco a nuestra #Argentina, su tierra, parece cada vez más cercana.

Aclaro que, al respecto, no manejo información especial. Soy un simple obispo del interior del interior que busca comunicar la Alegría del Evangelio.

Pero quiero contarles porqué la perspectiva de la visita de Francisco me llena de alegría y me entusiasma. 

La esperamos desde hace diez años. Rezo para que se dé el año próximo.

Obviamente, voy a hablar desde la fe que profeso y desde mi condición de pastor.

Señalo dos cosas:

1. La visita será un reencuentro: del hombre, del creyente y del pastor Jorge Bergoglio con la tierra que lo vio nacer y con la Iglesia madre que lo engendró en la fe, que acogió su vocación y en la que aprendió a ser pastor. Y un reencuentro de nosotros, sus hermanos, con él.

2. Pero será la visita del obispo de Roma, el Papa, al que Cristo le confió confirmar en la fe a sus hermanos y velar por la comunión de la Iglesia en la verdad, la misión y la caridad de Cristo. Y esto es lo más valioso y determinante. Y, según mi criterio, lo que más necesitamos. Su visita será un fuerte impulso para nuestras Iglesias diocesanas y la evangelización.

Ni ahora ni cuando se dé podemos reducir la visita de Francisco a un acontecimiento político. Por supuesto, que su presencia, sus gestos y sus palabras de pastor tendrán repercusión social y política. Es así con el Evangelio que proyecta su luz sobre toda la vida humana. Nada incide más en la vida que la fe cristiana en el Dios encarnado, amigo de los pobres.

¡Qué venga el pastor a celebrar con nosotros a Jesucristo y la alegría del Evangelio!

Rezar por la Patria

“También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre. […] Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan.” (Lc 11, 9-13).

Los obispos de Argentina hemos convocado a una jornada de oración por la Patria para este viernes 17 de noviembre de 2023. Son las vísperas del “balotaje” del domingo 19. Mira, sin embargo, mucho más allá. Tiene que ver con nuestro camino como pueblo.

¿Qué pedimos para nuestra Argentina en esta oración en la previa del balotaje?

Bueno, no está mal que cada uno pida que gane el que vota por convicción o descarte. De todos modos, nos damos cuenta de que nuestro buen Dios no nos ha dado la inteligencia y la libertad para que haga lo que nosotros hemos de hacer. Es una decisión -como dije en un post anterior- personal y a conciencia.

Nos viene bien recordar la sabia enseñanza de san Agustín sobre la oración: Dios no siempre nos da lo que le pedimos; sin embargo, siempre nos da lo que realmente necesitamos. La oración nos ensancha el corazón para que quepa en él la Vida que Dios nos regala.

Jesús lo dice más cortito: “el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan.” (Lc 11, 13). O, como rezamos en la oración del Señor: “Padre nuestro… santificado sea tu Nombre, venga tu Reino y hágase tu voluntad”. Ese es el deseo de Jesús que el Espíritu Santo hace nuestro.

En nuestra oración por la Patria, por encima de todo, también de nuestra legítimas diferencias y opciones políticas, pidamos para nosotros y para todos los argentinos la gracia del Espíritu Santo.

¿Qué significa esto? Me permito aventurar algunas respuestas. Cada uno puede completarlas.

San Pablo dice que, cuando oramos, el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad. El Espíritu nos permite escuchar el gemido de la creación, de los pobres, de los que caminan sin esperanza, etc. También nuestros gritos ciudadanos más profundos: trabajo, educación, paz, un techo…

Orar por Argentina es escuchar esos gemidos y permitirle al Espíritu que los asuma, los acompase a la oración de Jesús, el Hijo, y los lleve al corazón del Padre. Por eso, nuestra súplica, en buena medida, es penitencial: busca que quebremos nuestro corazón endurecido por el orgullo para que le permitamos a Dios transformarlo: que nos haga hijos y hermanos en Jesús.

¿No necesitamos esa oración penitencial en Argentina? El Padre nuestro comienza poniéndonos en las manos del Padre y termina suplicando que Él no nos abandone cuando llegue la hora de la prueba y nos preserve del mal y del Maligno.

Al entrar en la oración, guiados por el Espíritu de Jesús, si somos dóciles, la misma plegaria nos va transformando y haciéndonos capaces de toda obra buena, de deponer el orgullo y el interés y de sumarnos a la voluntad del Padre: que su creación sea nuestro hogar y todos nos reconozcamos hermanos.

La elección del 19 de noviembre es importante… Sin embargo, lo más arduo es lo que se abre por delante: tiempos difíciles que requerirán mucha pasión por el bien, perseverancia y fortaleza para soportar los embates del mal y para acometer la lucha por la justicia. Y, sobre todo, por la reconciliación, la concordia y la amistad social en una sociedad fragmentada y deliberadamente conducida a ese lugar de polarización.

Orar por Argentina es rezar por los dirigentes, tanto por los políticos como por los que cumplimos ese rol social en otros ámbitos. Que seamos lúcidos, hábiles para hacer el bien y no solo para la retórica engañosa del corto plazo.

Pero también significa rezar por los ciudadanos de a pie que somos todos, porque -como suele decirse- los pueblos no siempre tienen los dirigentes que se merecen, pero sí los que se les parecen. No existe un pueblo puro y una dirigencia corrompida a la que podamos acusar desde la vereda de enfrente. Existimos hombres y mujeres que fatigamos cada día el bien, la honestidad y la justicia. Ciudadanos concretos con aciertos y errores, con virtudes y defectos, con amnesias éticas y silencios culposos que terminan en opciones concretas; también con pecados personales que se proyectan socialmente. Y, de tal palo, tal astilla…

¿Quién puede permitirse, a esta altura de nuestra historia argentina, subirse a un estrado y reclamar para sí una incomprensible e insoportable superioridad moral?

Pedimos que el Espíritu Santo encuentre docilidad interior para abrirse paso por esa maraña sinuosa que es el corazón humano y nos ayude a trabajar por el bien común con las virtudes nobles de la paciencia, la perseverancia y la magnanimidad.

Sí: necesitamos un alma grande que nos haga ver más allá de nosotros mismos.

Lo suplicamos al Espíritu Santo y lo ponemos en las manos generosas de nuestra Madre, la Virgen María, invocada en cada rincón de Argentina con nombres diversos, pero con una única piedad filial. Amén.

#OrarPorLaPatria

#Balotaje2023

La decisión del voto es personal y a conciencia

Les comparto estas reflexiones personales y pastorales sobre la decisión del voto en el balotaje del próximo 19 de noviembre

En el pasado, y también en situaciones juzgadas extremas, el Papa o los obispos señalaron a los fieles católicos laicos que determinadas propuestas políticas no podían ser acompañadas con el voto. Incluso amenazando con penas canónicas severas.

Incluso hoy, no resulta extraño que alguna persona consulte a su párroco, al cura de confianza o también al obispo a quien votar.

La Iglesia, con sabiduría pastoral, hoy prefiere orientar la conciencia ofreciendo a los fieles católicos una serie de principios, criterios y enseñanzas que ayuden a cada uno a tomar una decisión prudencial.

Ese es el camino de la libertad que respeta la dignidad de la persona humana como tal. Ese es también el fundamento del sistema democrático.

Para ello, acudimos a la rica (y lamentablemente también desconocida) enseñanza social de la Iglesia: ese cuerpo de doctrina que se ha ido formando desde que el papa León XIII publicara «Rerum novarum» hasta «Laudate Deum» de Francisco. Una enseñanza que, por tener como materia una realidad altamente contigente, ha ido creciendo en el tiempo, discerniendo lo sustancial de lo accidental o epocal.

Recientemente, el papa Benedicto XVI señaló cuatro verdades, principios o valores que, según su fundado parecer, son «no negociables» para un católico que quiere vivir su fe en el espacio público.

Así los formuló en la Exhortación «Sacramentum caritatis» 83: «el respeto y la defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural, la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educación de los hijos y la promoción del bien común en todas sus formas.»

Dos precisiones al respecto. En primer lugar, es necesario señalar que, algunos cristianos de buena voluntad suelen concentrarse en la cuestión del aborto y la familia, sin prestar atención suficiente al cuarto que se refiere a la promoción del bien común. En segundo lugar, esta enumeración no es exhaustiva, como muchos han señalado. Se podría agregar, por ejemplo, la opción preferencial por los pobres o el cuidado de la casa común.

Lo cierto es que, la responsabilidad ética del voto, cada uno de nosotros la ejerce como un discernimiento prudencial en una situación concreta, como es el caso actual del balotaje en Argentina.

Las dos propuestas en danza, por diversas razones, presentan a la conciencia cristiana formada graves perplejidades que no se pueden minimizar.

En síntesis: ni el papa, ni tu obispo, tu párroco o tu cura amigo pueden decirte a quien votar. A lo sumo podrán compartir con vos los criterios que surgen de la doctrina católica para orientar una decisión que, hoy por hoy y a todos, nos está resultando muy difícil de tomar. Incluso si esa opción es el voto impugnado o en blanco, legítima expresión del compromiso de un ciudadano con el bien común de su país.

+ Sergio O. Buenanueva
Obispo de San Francisco
Viernes 3 de noviembre de 2023