Era un samaritano…

Domingo 28 del tiempo ordinario (12 de octubre de 2025): Lucas 17, 11-19

“Uno de ellos, al comprobar que estaba curado, volvió atrás alabando a Dios en voz alta y se arrojó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias. Era un samaritano.” (Lc 17, 15-16).

De los diez leprosos curados, solo uno volvió para dar gracias. “Era un samaritano”, anota el evangelista.

En otras palabras: el menos indicado, un extranjero, un no creyente, un infiel, un hereje. Sin embargo, termina siendo el ejemplo más acabado de lo que es la fe en sentido cristiano.

“Levántate y vete, tu fe te ha salvado”, le dice Jesús.

La fe no ha muerto, ni está languideciendo. Sigue viva y creciendo en los corazones de tantos “extraños” que saben ver a Jesús. Hay que aprender a buscarla donde menos esperamos… y dejarnos sorprender.  

La fe está viva porque Dios es Vida.

Buen domingo.

Los que perdonan…

Domingo XXVII del tiempo ordinario, 5 de octubre (Lucas 17, 3-10)

Cuando Jesús habla de misericordia, conmueve. Cuando habla del perdón, inquieta. Lo constatamos este domingo: “Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo. Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a ti, diciendo: «Me arrepiento», perdónalo».” (Lc 17, 3-4).

Discordia, injusticia y violencia serán siempre compañeras de camino del ser humano. Jesús ha traído la fuerza del perdón de Dios para desarmar su poder destructor.

Por eso, nos enseña a suplicar: “Padre, perdónanos como nosotros perdonamos”.

Comprendemos que los discípulos, al oír esta desmesura de Jesús, le pidan que les aumente la fe. Lo pedimos también nosotros: creer en serio en que Dios sana toda herida del corazón humano y nos capacita para perdonar al que nos ofende.

Hace ochocientos años, y al final de su vida, san Francisco de Asís compuso el Cántico de las criaturas. Poco tiempo después, ante un conflicto entre el obispo y el podestá de Asís, agregó esta estrofa:

“Loado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor, y soportan enfermedad y tribulación. Bienaventurados aquellos que las soporten en paz, porque por ti, Altísimo, coronados serán.”

Ni la palabra de Jesús, ni las de su mejor discípulo, Francisco, pierden actualidad. Siempre necesitaremos transitar los caminos del perdón.

Buen domingo.

Escuchar a Dios

Domingo XXVI del tiempo ordinario (28 de septiembre de 2025): Lucas 16, 19-31

Este domingo escuchamos la parábola del rico y el pobre Lázaro, una radiografía de la indiferencia humana ante el sufrimiento del prójimo. El problema no radica en poseer riquezas, sino en un estilo de vida que nos ciega ante las necesidades humanas.

El mensaje de Jesús es inequívoco: Dios no es indiferente, ciego ni sordo; Él está siempre del lado del pobre. A nosotros nos corresponde decidir de qué lado queremos estar.

Ante la insistencia del rico de advertir a sus hermanos, Jesús añade: “Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convencerán” (Lc 16,31).

Jesús lleva la cuestión a su núcleo religioso: la ceguera frente al pobre nace de la sordera ante Dios, que manda socorrerlo. Para vencer la indiferencia y alcanzar la salvación, es vital la escucha humilde del Padre, una Palabra capaz de quebrar la dureza de nuestro corazón.

Buen domingo.

Jesús, la primavera y los jóvenes

XXVº Domingo del tiempo ordinario: Lucas 16, 1-13 (21 de septiembre de 2025)

Este fin de semana comienza la primavera y los adolescentes celebran el Día del Estudiante.

Pensando en ellos, creo que valen las palabras de Jesús de este domingo: “Gánense amigos con el dinero de la injusticia, para que el día en que este les falte, ellos los reciban en las moradas eternas” (Lc 16, 9).

Esos “amigos” que nos pueden recibir en el cielo son los pobres. Pero ¿por qué habla del “dinero de la injusticia”? Jesús es realista y sabe que, en torno a las riquezas, se desatan pasiones e intereses oscuros. Pero, lejos de desanimarse o refugiarse en la evasión o el victimismo, nos abre un camino de salvación.

Los pobres, los pecadores, los enfermos son los “amigos” de Jesús. Estar con ellos, tenderles la mano, ofrecerles el perdón del Padre es el camino de Jesús y el que nos propone a quienes somos sus discípulos.

Las primaveras pasan y la juventud también, pero algunas decisiones nos marcan para siempre. Nos hacen incluso atravesar las puertas de la muerte y nos introducen en las “moradas eternas”.

Pensando en los chicos que este fin de semana celebran la primavera, pido para ellos que Cristo Salvador salga a su encuentro, los convenza con su verdad y los entusiasme con su propuesta de vida.

Buen domingo.

La Cruz

Domingo 14 de septiembre de 2025, Fiesta de la Exaltación de la Cruz: Juan 3, 13-17

“Debemos gloriarnos en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo: en Él está nuestra salvación, nuestra vida y nuestra resurrección; por Él hemos sido salvados y redimidos.” (Gal 6, 14).

Cuando santa Elena encontró en Jerusalén la “vera cruz”, se cuenta que tocaron con ella a un muerto y este revivió. Leyenda o no, este relato piadoso expresa de forma contundente la fe cristiana: la cruz salva.

Ante la cruz podemos sentir rechazo y miedo, pero también inquietud. Es comprensible: el Crucificado atrae, intriga y seduce… y suscita la fe. Como lo vio el profeta: “sin forma ni hermosura que atrajera nuestras miradas” (Is 53, 2), Jesús crucificado es, sin embargo, “el más hermoso de los hombres” (Salmo 44, 3).

En el Gólgota ha ocurrido algo que ha cambiado para siempre la historia humana: el sacrificio del Hijo de Dios, el verdadero Cordero que quita el pecado del mundo.

Como escuchamos hoy: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único…” (Jn 3, 16). Solo ante el Amor crucificado podemos decir: Amén, creo en Vos, Señor.

Mirá al Crucificado, y dejate mirar por Él.

Buen domingo.

Peregrinos y llamados a ser santos

Domingo XXIIIº del tiempo ordinario: Lucas 14, 25-33 (7 de septiembre de 2025) – 36ª Peregrinación Juvenil al Santuario de Villa Concepción del Tío

Este domingo, el Papa León XIV canonizará a los beatos Pier Giorgio Frassati (1901-1925) y Carlo Acutis (1991-2006).

La canonización es un rito en el que la Iglesia reconoce que estos dos bautizados, ya santificados por el Espíritu Santo, han vivido con radicalidad su vida cristiana. A través de este acto, el papa los inscribe en el catálogo de los santos para que sean venerados por los fieles.

La Iglesia reconoce así que estos dos jóvenes vivieron su bautismo de manera ejemplar, cumpliendo el llamado de Jesús: “Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo. El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.” (Lc 14, 25-27).

Mientras esto sucede en Roma, aquí se celebra la 36ª Peregrinación juvenil al Santuario de Villa Concepción del Tío, bajo el lema: «Peregrinos de Esperanza, llamados a la santidad».

La santidad según el Evangelio no pasa de moda. Es la verdadera libertad por la que suspiramos.

El Espíritu de Cristo sigue llevando a muchos a esa cumbre de vida. Sigue conquistando corazones y convenciendo conciencias.

Por eso, la Iglesia no deja de proponérselo a todos, especialmente a los jóvenes.

Buen domingo.

Recompensa

Domingo XXIIº del tiempo ordinario: Lucas 14, 1. 7-14 (31 de agosto de 2025)

“¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos!” (Lc 14, 14).

El deseo de aprobación y reconocimiento es fuerte; tan legítimo como riesgoso, como ocurre con las cosas importantes de la vida.

Es también el deseo de Dios para nosotros. Miremos la bienaventuranza de este domingo: Jesús nos invita a la generosidad con quien no puede retribuirnos, pero nos alienta a esperar la verdadera recompensa, la que nos hará bienaventurados, realmente felices y plenos como personas.

Es una enseñanza oportuna en el tiempo de la búsqueda ansiosa de los “Me gusta” de las redes.

Dios, el Padre, sabe recompensar realmente a sus hijos. La “resurrección de los justos” es su promesa. Es la plenitud de vida, y comienza ya ahora cuando vivimos con autenticidad el amor, la solidaridad, la fraternidad. Es una semilla que, sembrada por Cristo, madurará en la vida eterna.

Jesús nos enseña a esperar esa recompensa de Dios. Es misión de su Iglesia ayudarnos a imaginarla y a vivirla.  

Buen domingo.

Salvación

Domingo XXIº del tiempo ordinario (Lc 13, 22-30) – 24 de agosto de 2025

“Una persona le preguntó: «Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?»” (Lc 13, 23).

No sé si muchos hoy se hacen esta pregunta. Lo que sí sé es que el corazón humano sigue inquieto y sediento. Es también un corazón herido, necesitado de curación, nostálgico de vida, de verdad y de autenticidad.

“Traten de entrar por la puerta estrecha”, responde Jesús. Y añade que la sala del banquete del reino de Dios es tan espaciosa que “vendrán muchos de Oriente y de Occidente, del Norte y del Sur, a ocupar su lugar”.

La fe a la que Jesús nos invita es esa puerta estrecha que se abre a un generoso espacio de comunión. Traspuesto su umbral, ahí están la Palabra, la eucaristía y los sacramentos, la oración humilde y el perdón fraterno. Está el Padre, está Jesús y su Espíritu; y una multitud de semejantes que reconocemos como hermanos.  

Así experimentamos la salvación aquí y ahora, incluso en medio de toda la oscuridad de la historia humana.  

Siempre que hay una mano tendida, el corazón reaviva su inquietud de comunión con Dios, con los demás y con toda la creación. Y experimenta la salvación que Dios nos regala y que alcanzará su plenitud en el cielo, en la vida eterna.

Buen domingo.

La bolsa de Jesús

Evangelio del domingo XIXº del tiempo ordinario: Lucas 12, 32-48

“No temas, pequeño Rebaño, porque el Padre de ustedes ha querido darles el Reino. Vendan sus bienes y denlos como limosna. Háganse bolsas que no se desgasten y acumulen un tesoro inagotable en el cielo, donde no se acerca el ladrón ni destruye la polilla. Porque allí donde tengan su tesoro, tendrán también su corazón.” (Lc 12, 32-34).

En este pasaje, Jesús nos presenta dos caminos: acumular o dar. Una bolsa para guardar y amontonar cosas, o una bolsa para compartir y vaciar. Para Él, la decisión de usar nuestra «bolsa» de una u otra forma define el rumbo de nuestra vida.

La clave está en nuestra experiencia de Dios. Si hemos sentido el amor inmenso de un Padre que nos ha dado todo, entonces entendemos que lo primero en la vida no es un mandamiento rígido, sino haber sido tocados por un amor grande que libera nuestro corazón para ser generosos.

El tesoro que Jesús tiene en su corazón es ese amor, y quiere compartirlo con nosotros.

Aunque Jesús habla de vender los bienes y darlos a los pobres, muy pocos están llamados a ese desprendimiento. Para la mayoría de sus discípulos, el desafío es diferente, pero igual de exigente: poseer bienes sin que nos dominen. Se trata de tener cosas sin dejar que endurezcan el corazón, poniéndolas al servicio de los demás.

Volvamos a la imagen de la bolsa. Se trata de elegir qué clase de personas queremos ser: o una bolsa para que nuestras cosas junten moho, o una bolsa amplia en la que siempre hay algo para compartir con los demás.

Buen domingo.

Ricos a los ojos de Dios

El Evangelio del Domingo XVIIIº del tiempo ordinario: Lucas 12, 13-21

Este domingo, otra parábola de Jesús nos hace pensar. Ante una cosecha excepcional, un rico propietario planifica su futuro: “Demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: ‘Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida.” (Lc 12, 18-19).

Sus decisiones giran en torno a sus bienes, pero en realidad, definen su vida. Hace cálculos lógicos, aunque parece ignorar algo fundamental: “Insensato -le dice Dios-, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado? Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios.” (Lc 12, 20).

La advertencia de Jesús es clara: «Cuídense de toda avaricia, porque aún en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas» (Lc 12, 15).

Nuestra mayor riqueza no son las posesiones, sino que es Dios y nuestra relación con Él. La avaricia desequilibra el corazón y le quita su vitalidad. Sin ese lazo con Dios, el corazón se marchita, se encierra en sí mismo y se apaga.

Esto es lo que hace a Jesús único y fascinante: su comunión inmediata con el Padre y la infinita riqueza de su ser: Él es el Hijo del Padre. A quienes se abren a Él por la fe les da su Espíritu para que, como Él, seamos ricos a los ojos de Dios.

Buen domingo.