Habrá justicia, hay esperanza

«La Voz de San Justo», domingo 30 de julio de 2023

«El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve. Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.» (Mt 13. 47-50).

Así concluye Jesús su discurso en parábolas. El mensaje es simple, realista y poderoso: Dios actúa en el mundo; está detrás de todo lo bueno que pasa. Eso sí: su obra aparece entremezclada y hasta oscurecida por tanto mal que también existe. Inútil negarlo.

Nada de todo lo bueno que existe se va a perder. Los buenos prevalecerán y, con ellos, todo el bien que pacientemente lleva adelante la historia. Y habrá justicia. Puede que, en este mundo injusto, de momento, el mal prevalezca o parezca imponerse. Pero tampoco cae en saco roto: se acumula como peso en la conciencia y, salvo el arrepentimiento movido por la misericordia divina, decidirá la suerte eterna de quien se dejó cautivar por su engañosa fascinación.

Habrá justicia. Dios sabe distinguir el trigo de la cizaña, pero también -como dice san Agustín- transformar la cizaña en trigo. Por eso, ahora hay esperanza y su poderosa fuerza para edificar la vida sobre el más sólido de los cimientos.

«Jesús: comprendemos que, en este mundo donde crecen trigo y cizaña, donde se recogen peces buenos y malos, nos hablés de la alegría de reconocer que tu Padre actúa. Ese descubrimiento es un tesoro. Es la perla preciosa por la que vale vender todo. Danos tu alegría y tu esperanza. Amén.»

Manos, harina y levadura

«La Voz de San Justo», domingo 23 de julio de 2023

“Después les dijo esta otra parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa».” (Mt 13, 33).

Jesús es un observador perspicaz de la realidad. A sus ojos, lo más simple y cotidiano es capaz de hablar de lo más hondo: de un Dios que es Padre y de cómo obra en el mundo. De eso nos hablan sus parábolas, narradas con sorprendente genialidad.

Desde el domingo pasado y hasta el próximo estamos escuchando el “discurso en parábolas” que nos transmite san Mateo en su evangelio.

Me detengo en esta brevísima de la mujer que pone levadura en la masa. ¿Cuántas veces lo habrá visto Jesús? En su casa, en la de sus vecinos… Las manos diestras de su madre, de su abuela y tantas mujeres de pueblo que amasan el pan de cada día.

Así se prepara el alimento que estará en el centro de su plegaria más hermosa: “Padre nuestro… danos hoy nuestro pan de cada día”. Pero antes del pan, están la masa y el trabajo silencioso de las manos que la preparan. Y la levadura “que fermenta toda la masa”.

Dios obra así: como la mujer que mezcla harina, agua y levadura. Es la silenciosa fermentación que culmina con el pan sobre la mesa. Dios es un Padre con sabiduría y paciencia de madre: sabe amasar el misterio de la vida para que se convierta en algo sabroso. Se toma su tiempo. Sabe esperar.

“Señor Jesús: No dejés de narrarnos tus parábolas; de abrir nuestros ojos para ver la realidad. Ellas nos enseñan a descubrir la presencia y acción de tu Padre amasando nuestra vida, transformándola en algo siempre nuevo. Amén.”

Buena tierra

«La Voz de San Justo», domingo 16 de julio de 2023

Este domingo, la parroquia de La Para celebra los noventa años de su creación. Es también su fiesta patronal en honor a la Virgen del Carmen. 

Evocando el evangelio de hoy, podríamos decir que, en ese extenso territorio, la siembra del Evangelio sigue cosechando frutos. Y la paciente labranza sigue adelante. Y no solo el cura. No podría, por más misionero que sea. Cada una de sus catorce comunidades es protagonista. Lo son sus catequistas, los ministros de la comunión, los agentes de Caritas; los que rezan, sirven y misionan.

Cada comunidad tiene su patrono, pero la parroquia lleva el nombre de la Virgen del Carmen. Esta advocación surgió en el monte Carmelo. Hacia ese lugar bíblico se encaminaron algunos hombres para recrear la experiencia del profeta Elías: vivir de la Palabra de Dios. Los inspiraba la figura de María, que escucha la Palabra en su corazón. Así nació la orden carmelitana.

La costumbre piadosa de recibir el escapulario de la Virgen del Carmen refleja algo de esta experiencia: al recibirlo se entra a formar parte de la familia carmelita, que hace de la escucha y práctica del Evangelio su norma de vida.

La Palabra -nos dice Jesús este domingo- es una semilla que busca tierra para dar fruto. Es la libertad de Dios que se abre paso en la vida y busca que la libertad humana le responda, contando también con que esta la rechace. María enseña a ser tierra buena para la mejor semilla.

“Nadie como vos, Madre, ha sido tierra fértil para la Palabra de Dios. La recibiste en tu corazón y se encarnó en tu vientre. De vos tomó carne y sangre para nacer como Palabra encarnada en nuestra historia. Enseñanos a ser como vos, María: a escuchar, comprender y vivir el Evangelio. Amén.”

El Evangelio revelado a los pobres

«La Voz de San Justo», domingo 9 de julio de 2023

«En esa oportunidad, Jesús dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido […]»» (Mt 11, 25-26).

Dios es Padre de los pobres y pequeños. Por eso, Jesús se mueve con preferencia entre los que sufren. E invita a sus discípulos a seguirlo por el mismo camino. Que su Evangelio sea predicado a los pobres (cf. Mt 11, 5), es el sello que acredita la autenticidad de su misión.

Hoy como entonces, la pobreza, el sufrimiento y la marginación tienen muchos rostros. También en Argentina, que este domingo celebra su independencia. Rostros que nos duelen e interpelan.

Hoy como ayer, el Evangelio libera toda su fuerza de bondad cuando encuentra corazones libres de soberbia. Se cumple la promesa de la primera bienaventuranza: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque a ellos pertenece el Reino de los cielos» (Mt 5, ).

Hay una «Argentina secreta» (Mons. Zazpe), con hombres y mujeres así. Cada día se despojan de sí mismos y hacen el bien con tanta tozudez que desarman la lógica mundana del éxito fácil. Si la política oficial está entretenida (o enredada) en otras batallas, la política del día a día de estos «amigos del bien» se ocupa de lo concreto.

Jesús sabe de ellos y, por eso, sigue alabando al Padre porque les ha revelado el secreto de la vida. ¡Ojalá nos podamos contar entre ellos!

«Señor Jesús: ¡Cuánto nos duele la patria Argentina que amamos y soñamos! Danos un corazón humilde como el tuyo para trabajar por el bien común. Con vos alabamos al Padre por tantos que así viven, luchan y trabajan cada día. Amén.»

Escándalo y vértigo

«La Voz de San Justo», domingo 2 de julio de 2023

“Él que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. Él que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. Él que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.” (Mt 10, 37-39).

Tal vez, de tanto escuchar estas palabras, hayamos perdido de vista su alcance. Suenan a cosa sabida. Algo que damos por descontado. Son, sin embargo, un verdadero escándalo.

Basta un simple ejercicio para advertirlo. ¿Qué pasaría si una persona cualquiera reclamara para sí la misma pretensión de Jesús? Sin ir más lejos, que un cura (o un obispo) se animara a decirnos: si no me amás a mí más que a tu padre, a tu madre o a tu hijo… “Andá, p’allá, bobo…”, sería lo más elegante que seguramente diríamos.

Jesús es mucho más que un profeta que anuncia a Dios. Él mismo se planta delante de los suyos como un absoluto ante el que hay que decidir la propia vida. Encontrarla o perderla depende de esa decisión. Tarde o temprano somos llevados al vértigo de semejante abismo. Y somos instalados en él.

En realidad, el amor que Jesús exige no plantea alternativas irreductibles: o yo o ellos. Es un amor que libera el corazón, haciéndolo capaz de amar hasta el don total de sí. Basta mirar la vida de sus mejores discípulos para comprobarlo: de Francisco de Asís al Cura Brochero.

“Señor Jesús: siento el vértigo del abismo al que me llevan tus palabras. Y siento también que tengo que enfrentarlo: perder mi vida por Vos para ganarla, abrazando mi propia cruz. Amén.”

No teman…

«La Voz de San Justo», domingo 25 de junio de 2023

«No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena.» (Mt 10, 27).

No es sencillo lidiar con el miedo, sobre todo, con el miedo al rechazo. Jesús lo sabe muy bien y por experiencia. Aceptar su propuesta de vida conlleva siempre ese riesgo. De ahí el realismo del consejo a sus discípulos en su primera experiencia misionera: «Yo los envío como a ovejas en medio de lobos: sean entonces astutos como serpientes y sencillos como palomas.» (Mt 10, 16).

Entonces y ahora. El que se toma en serio la propuesta de Jesús tiene ese panorama por delante. 

Para conjurar el comprensible temor que esto despierta, Jesús va a la raíz: solo cuando el discípulo hace suya la experiencia del maestro,  el miedo pierde su fuerza intimidante.

Es la experiencia de Dios como Padre, de su amor incondicional por cada ser humano. Sabernos en sus manos.   

Este fin de semana, los católicos rezamos por nuestra patria Argentina: por la paz social, especialmente donde hay conflictos. Que se pacifiquen los corazones y que el diálogo permita recuperar la convivencia.

Pero también, que los ciudadanos nos sujetemos a la ley: los de a pie y los que ejercen el poder. Reconocer el imperio de la ley en la vida social nos libra de la arbitrariedad de los autoritarios y de los violentos. 

“Señor Jesús: como tantas veces a lo largo de estos años, ahora volvemos a decirte: ¡Te necesitamos! Concédenos la sabiduría del diálogo y la alegría de la esperanza que no defrauda. Que no nos dejemos ganar por el miedo. Haz de nosotros artesanos de paz y de justicia. Amén.” 

Orar y llamar

«La Voz de San Justo», domingo 18 de junio de 2023

«Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias. Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.» (Mt 9, 35-38).

La desproporción entre la misión encomendada y los recursos para llevarla a cabo siempre será la misma: inmensa, imposible de superar. Desconcierta lo que Jesús propone: orar, pedir, suplicar… Y llamar. 

En razón de brevedad, la cita del evangelio de este domingo ha obviado los versículos que siguen. Pero son importantes. «Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia.» (Mt 10, 1). Y siguen los nombres de los Doce Apóstoles, empezando por Simón Pedro y concluyendo con Judas, el traidor. 

Orar, porque la misión es de Dios, antes que nuestra. Y Él está a cargo. Y llamar… por la misma razón. La oración y la invitación a sumarse a la misión se alimentan de la misma actitud de fondo: la confianza en Dios y la certeza de su amor por nosotros, por su creación. Es, en definitiva, la actitud de Jesús. 

«Señor Jesús: el campo sigue siendo inmenso y la cosecha, una tarea que nos supera y nos desborda. Como aquellos doce a los que llamaste para compartir con ellos tu misión, también nosotros nos disponemos a seguirte, involucrándonos personalmente. Con Vos oramos al Padre, renovando nuestra confianza en Él. También con Vos invitamos a otros a sumarse. Amén»

Mas que una colecta

«La Voz de San Justo», domingo 11 de junio de 2023

“Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.” (Jn 6, 57).

Este fin de semana, la fiesta del Corpus Christi coincide con la colecta anual de Caritas. Una feliz coincidencia. La Eucaristía es el sacramento del amor de Cristo, el buen samaritano.

Celebrar la Eucaristía nos desafía a vivir con “coherencia eucarística” y a dar pasos de conversión para imitar en la vida lo que celebramos en la liturgia. Podríamos decirlo de esta manera sencilla: así en la vida cotidiana como en la Eucaristía dominical. El gesto de ofrecer una suma de dinero en la colecta de Caritas participa de esta dinámica eucarística.

El problema de la pobreza en Argentina no se soluciona con una colecta. Se requiere la sinergia de varias fuerzas que generan el proceso virtuoso del desarrollo humano. Es un movimiento que normalmente sube desde abajo, desde la sociedad civil y los mismos pobres. Supone activar el mayor capital de una sociedad: las personas y sus talentos. Y la acción inteligente del estado. Su función no es ahogar los impulsos de la sociedad, sino encauzarlos hacia el bien común.

Caritas no solo reparte ropa. Alienta diversos proyectos de promoción humana. Porque cada uno debe hacerse protagonista de su propio desarrollo personal. Participando de la colecta nos tendemos la mano unos a otros. Como dice el lema de este año: se trata de “mirarnos, encontrarnos y ayudarnos”. Es más que una colecta.

“Señor Jesús: en la Eucaristía, nos das a comer tu Cuerpo y a beber tu Sangre. Así, tu vida y la misión que recibiste del Padre se transforman en nuestra vida y en nuestra misión. Danos siempre de este Pan. Amén”.

Capaz de Dios

«La Voz de San Justo», domingo 4 de junio de 2023

“Como modelo de lenguaje de IA, no tengo la capacidad de creer o no en la existencia de un ser superior llamado Dios.” Es la respuesta a la pregunta por la existencia de Dios de una aplicación de inteligencia artificial. Es correcta. Con sus enormes recursos, la inteligencia artificial no puede afirmar o negar la existencia de Dios.

El que sí es “capaz de Dios”, según la feliz expresión de la tradición cristiana, es el ser humano, habitado precisamente por el deseo de Dios. No solo su inteligencia, sino también su voluntad, su afectividad, sus pulsiones interiores más humanas y hondas. Todo en el ser humano es tensión hacia Dios.

La fe cristiana nos dice que Dios, misterio siempre inefable, ha salido al encuentro del hombre que lo busca. Se ha mostrado libremente, dejándose encontrar y tendiendo la mano a su criatura. Y busca una respuesta similar: personal y libre.

El encuentro con Dios solo puede darse en ese espacio generoso (y también riesgoso) que es la libertad. Ahí sí que hay capacidad de Dios. Jesús lo dirá así: “Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.” (Mt 5, 8). Los humildes, los mansos, los pequeños, los que no tienen doblez son “capaces de Dios”.

“Buscamos tu Rostro, Señor. En tu creación percibimos los destellos de tu belleza. En el corazón sentimos latir el deseo de tu mirada, que intuimos serena y pacificadora.

Solo al mirar la cruz comprendemos quién eres, Trinidad santa: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amor, misericordia y compasión.

Dios misterioso y cercano, trascendente y amigo; tres veces santo, manso y humilde. Verdad que no engaña, sino que ilumina y consuela. Misterio santo que habitas en el alma de tus hijos.

Ante tu Presencia nos postramos, cantando y entregándonos confiados. Amén»

Pentecostés

«La Voz de San Justo», domingo 28 de mayo de 2023

«Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes». Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió «Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan».» (Jn 20, 21-23).

Una particularidad del cuarto evangelio es esta que vemos enel relato de este domingo: en la mañana de su resurrección, Jesús da su Espíritu. Pascua y pentecostés coinciden en un mismo acontecimiento. 

El don del Espíritu Santo es el fruto maduro de la pascua. Es el Espíritu que sigue animando la vida de la Iglesia. La escena del evangelio de hoy no nos describe un hecho del pasado, sino lo que a acontece ahora: el Señor resucitado, con las cicatrices de su amor hasta el fin, sigue soplando su Aliento (su Espíritu) y dando su Paz a la Iglesia y al mundo. 

Y, así, la misión de Jesús sigue también adelante: como el Padre lo envió a Él, Jesús sigue enviando a sus discípulos misioneros. El texto de hoy pone un acento estupendo: el don del Espíritu y la misión que impulsa es para el perdón de los pecados. Es decir: es fuerza de reconciliación. Es curación de las heridas más profundas: las que  brotan del pecado que nos aleja de Dios y que hieren tan hondamente la vida y la convivencia de las personas y los pueblos.

La misión que anima el Espíritu Santo es para la reconciliación. 

«Señor Jesús: volvé a soplar sobre nosotros tu Aliento de vida. ¡Danos tu Espíritu Santo! Nuestro corazón y nuestro mundo anhelan tu Paz y tu reconciliación. ¡Sálvanos del encierro que nos ahoga y ábrelos a la comunión! Amén.»