A propósito de representaciones, sátiras y reacciones

«Alexamenos adora a su dios», reza este grafito del siglo I.

Cristo está crucificado y con cabeza de burro.

Es la primera burla al cristianismo que se registra de esta forma popular.

Desde el principio la fe cristiana, sus símbolos, sus ritos y conceptos han sido objeto de crítica, burla y escarnio.

Los evangelios nos cuentan que, mientras Jesús agonizaba en la cruz, sus adversarios y verdugos se burlaban de él.

La respuesta de Jesús la conocemos bien: «Padre, perdónalos. No saben lo que hacen».

Los cristianos hemos respondido de diversas maneras. Algunas veces, pagando con la misma moneda.

Las mejores respuestas, sin embargo, han sabido unir el repudio firme, el uso sabio de la razón y la palabra, sin descuidar la paciencia, el perdón y hasta el buen humor.

Los que echan mano de la sátira se sienten con el derecho a provocar. Nosotros también tenemos el derecho de responder echando mano a los medios que la razón y la justicia nos ofrecen.

Es justo que expresemos públicamente nuestro repudio, indignación y tristeza.

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