Jesús sigue llamando

3°Domingo del tiempo durante el año, 25 de enero de 2026

“Cuando Jesús se enteró de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea. Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaúm, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí […]” (Mt 4, 12-13).

Ungido por el Espíritu Santo, Jesús —el Cordero de Dios— inicia su misión evangelizadora. De este pasaje destacan tres ejes: el lugar, el mensaje y la llamada.

  • El lugar: De la seguridad de Nazaret a la apertura de Cafarnaúm. Cafarnaúm es un puerto vibrante, un cruce de caminos y culturas. Para un judío observante, es un territorio «peligroso» y sombrío. Pero es precisamente allí adónde va Jesús: para ser luz donde la oscuridad parece ganar terreno. 
  • El mensaje: El Reino de Dios no es un evento del futuro, sino una realidad que ya late entre nosotros. Es el Dios Creador, Bueno y Misericordioso, haciéndose presente para transformarlo todo. Su cercanía nos exige cambiar la mirada y, sobre todo, nuestra forma de entender a Dios: “¡Conviértanse!”.
  • La llamada: Jesús no desea recorrer este camino en soledad, como un bohemio solitario. Convoca a otros para compartir su misión. Eso sí, su llamada pide una respuesta inmediata: la libertad de dejar atrás las seguridades —trabajo y familia— para arriesgarse con Él.

Hoy, Jesús sigue recorriendo nuestros «lugares oscuros», lo ordinario y lo rutinario. Allí hace resonar su voz, anunciando que Dios está vivo y actuando. Y, contra todo pronóstico, su llamada sigue encontrando eco en los corazones.

Buen domingo.

Cordero de Dios

Domingo 18 de enero de 2026, 2º del tiempo ordinario: Juan 1, 29-34

“Juan Bautista vio acercarse a Jesús y dijo: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo… Yo lo he visto y doy testimonio de que Él es el Hijo de Dios»” (Jn 1, 29.34).

Cada vez que celebramos la Misa, mientras el sacerdote parte la santa Hostia, cantamos: “Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros… danos la paz”. La versión de la Misa Criolla de Ariel Ramírez es solemne y conmovedora. El verdadero arte expresa el misterio sin vulgarizarlo.

Se trata de un misterio enorme: solo el Hijo de Dios puede expiar el pecado del mundo, abrirnos las puertas de la comunión con Dios y, de esa manera, rehacer toda la creación. Es lo que Cristo hizo de una vez para siempre con su sacrificio por nosotros. Cada Misa lo hace presente para nosotros.

El testimonio de Juan Bautista que escuchamos este domingo nos confronta con ese misterio. Si lo acogemos por la fe y lo adoramos en silencio, nuestra vida quedará iluminada por su Verdad y Belleza. Solo necesitamos humildad y mansedumbre.

Buen domingo.

Cielos abiertos

Fiesta del Bautismo del Señor, domingo 11 de enero de 2026: Mateo 3, 13-17

«Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma… Y se oyó una voz del cielo: “Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección”» (Mt 3,16-17).

Como cada año, el tiempo de Navidad culmina con la fiesta del Bautismo del Señor. Este domingo, san Mateo nos conduce al corazón del misterio: el Padre presenta a su Hijo amado, ya dispuesto a iniciar su misión, mientras el Espíritu desciende serenamente sobre Él.

«Se abrieron los cielos», dice el evangelista. Y permanecen abiertos: el mundo de Dios ha tocado para siempre el de los hombres.

Donde está Cristo, allí el cielo queda abierto sobre la tierra. Así sucede en cada Eucaristía, en el transcurrir de la vida y, de modo particular, en los corazones que se abren a Él por la fe.

Lo sepamos o no, todos anhelamos que el cielo se abra sobre nuestra vida. La buena noticia cristiana lo afirma con sencillez y fuerza: el amor de Dios ha hecho posible lo imposible.

Buen domingo.

Dios está aquí

Domingo 4 de enero de 2026, segundo del tiempo de Navidad: Juan 1, 1-18

“Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre” (Jn 1, 18).

Dios está siempre más allá de lo que podemos pensar, imaginar o expresar. Como bien señala San Pablo, Él «habita en una luz inaccesible» (1 Tim 6, 16). Por eso, cualquier imagen que nos hagamos de Él corre el riesgo de ser un ídolo o una proyección de nuestras propias limitaciones.

Sin embargo, el Dios «escondido» ha decidido salir al encuentro del ser humano: «Dios nos ha hablado por medio de su Hijo» (cf. Heb 1, 1-2).

En Jesús, el Verbo encarnado, el misterio de Dios se hace cercanía y rostro. No solo nos habla de Dios, sino que es Dios mismo narrándose en nuestra historia: desde la fragilidad del pesebre en Belén y el silencio cotidiano de Nazaret, hasta la entrega total en su Pascua. En Cristo, la luz inaccesible se vuelve luz del mundo.

Como en cada Misa, después de la consagración decimos sencillamente: Dios está aquí.

Buen domingo.

Concebido por obra del Espíritu Santo

Domingo 21 de diciembre de 2025, IVº de Adviento: Mateo 1, 18-24

“Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, antes de vivir juntos, concibió por obra del Espíritu Santo” (Mt 1, 18).

A las puertas de la Navidad, la liturgia nos sitúa ante la concepción virginal. Mateo subraya dos veces que este origen no nace de la unión sexual, sino del Espíritu Santo. No buscamos explicarlo —pues es un misterio en sentido estricto—, sino comprender su alcance: en María, Dios inicia algo absolutamente nuevo. Nos entrega a su propio Hijo como el Salvador que nos libera del pecado.

¿Cómo situarnos ante este misterio? El Evangelio nos propone la figura de José de Nazaret:

  • El Respeto: Al intuir la acción de Dios, José intenta apartarse discretamente para no interferir en lo que le trasciende.
  • La Misión: Dios, con extrema delicadeza, le revela su papel fundamental: adoptar al Niño, insertarlo en la estirpe de David y custodiar su vida.

La concepción virginal, aunque única, revela cómo actúa Dios siempre: sorprendiendo con una sabiduría que es puro amor. Seguir las huellas de María y José es precisamente eso: abrirnos a la novedad de Dios y confiarnos plenamente a Él.

Buen domingo.

Bendecido Adviento.

Del agua de Juan al fuego de Jesús

Domingo 7 de diciembre de 2025, IIº de Adviento: Mateo 3, 1-12

En este segundo domingo de Adviento, nos sale al paso Juan el Bautista. Su figura es inquietante: vestido con piel de camello, alimentándose de lo que ofrece el desierto.

Su palabra no es menos áspera que su vestimenta. A fariseos y saduceos les dice en la cara: “Raza de víboras… produzcan el fruto de una sincera conversión”. Es probable que no fuera más suave con nosotros.

Sin embargo, el centro de su mensaje no es el reproche, sino la esperanza en Aquel que viene: “Yo los bautizo con agua… pero Él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego”.

Aquí radica la diferencia: Juan, con su agua, puede lavarnos por fuera e invitarnos a cambiar; pero solo Jesús, con su fuego, puede transformarnos por dentro.

Jesús es ese fuego de Dios que se acerca. Él trae la “horquilla” del juicio para separar en nuestra vida el trigo de la paja, lo que vale de lo que sobra. El Espíritu Santo es la llama que no destruye, sino que purifica y enciende.

Caminemos hacia ese “incendio”.

Buen domingo.

Bendecido Adviento.

¡Viva Cristo rey!

Domingo 23 de noviembre de 2025, solemnidad de Jesucristo rey del universo: Lucas 23, 35-43

“El pueblo permanecía allí y miraba.” (Lc 23, 35).

También nosotros, este domingo, contemplamos lo que pasa en el Calvario: Cristo está crucificado entre dos malhechores.

El pueblo permanece silencioso y mirando, mientras los jefes religiosos, los soldados y uno de los ladrones crucificados se burlan e insultan a Jesús.

Pero, como suele ocurrir, en medio del sarcasmo y el escrache, dicen algunas grandes verdades: Jesús es el Mesías, ha hecho milagros, es el Salvador y realmente el rey de los judíos, como reza el cartel sobre la cruz (también una burla cruel).

Este domingo celebramos a Cristo rey.

Extraño rey, ¿no? Humillado, escrachado, coronado de espinas… Así y todo, rey y salvador del mundo.

San Lucas nos lo dice con su insuperable genio narrador: precisamente en ese momento, rodeado de burlas e insultos y sin bajarse de la cruz, Jesús le roba a la muerte una presa: responde a la súplica del otro crucificado (“Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino”) con palabras solemnes de salvación (“Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso”).

Unos versículos más adelante, el evangelista completará el cuadro que acaba de pintar: “Y la multitud que se había reunido para contemplar el espectáculo, al ver lo sucedido, regresaba golpeándose el pecho.” (Lc 23, 48).

En la cruz, Jesús salva a un culpable arrepentido y mueve al arrepentimiento a la gente.

Así él es rey.

Buen domingo.

Dios, nuestra mayor riqueza

Domingo 16 de noviembre de 2025, 33º del tiempo ordinario (Lucas 21, 5-19) – Jornada mundial de los pobres 2025

“Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin… Pero antes de todo eso, los detendrán, los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y serán encarcelados; los llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi Nombre, y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí.” (Lc 21, 9.12-13).

La historia humana está atravesada de conflictos y el sufrimiento de los inocentes. En ese contexto hay que ubicar la persecución de los discípulos de Cristo. Estremecen las noticias que nos llegan desde Nigeria, por ejemplo. La información no sería completa si, al horror, no añadiésemos el testimonio de fe que esos mártires. Cuando lo rodea el odio, el mártir elige amar y perdonar.

Este domingo es también la Jornada mundial de los pobres, cuyo lema es: “Tú, Señor, eres mi esperanza” (Salmo 71, 5).

El papa León XIV, en su mensaje, retoma una enseñanza del papa Francisco: “La pobreza más grave es no conocer a Dios… Las riquezas muchas veces engañan y conducen a situaciones dramáticas de pobreza, la más grave de todas es pensar que no necesitamos a Dios y que podemos llevar adelante la propia vida independientemente de Él.”

Como al orante de la Biblia, la oración sostiene la esperanza del pobre, del mártir, del que viva la prueba. La esperanza nace de la fe en Dios y se vive en el amor como mano tendida al que sufre. También como lucha contra las causas estructurales de la pobreza.

La mayor riqueza del pobre y del mártir es Dios. Esa es su esperanza.

Buen domingo.

Somos templo de Dios

Domingo 9 d enoviembre de 2025, fiesta de la Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán: Juan 2, 13-22

“Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar” (Jn 2, 19), responde Jesús a quienes le piden un signo que justifique que haya echado del templo de Jerusalén a unos vendedores.

Jesús habla del templo que es su cuerpo y de su resurrección, anota el evangelista.

Este domingo celebramos la fiesta de la dedicación de la basílica de San Juan de Letrán, la catedral del papa en Roma.

Cada templo cristiano, una humilde capilla o una inmensa catedral, es signo de Cristo resucitado, ese templo edificado con piedras vivas que son los bautizados, y que Dios está construyendo en el mundo.

Escribiendo a la joven comunidad de Corinto, san Pablo les dice: “ustedes son el campo de Dios, la edificación de Dios” (1Co 3, 9), y añade: “¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes?” (1Co 3, 16).

Por una parte, el don de Dios: él nos edifica, nos trabaja y nos santifica. Por otra parte, nuestra responsabilidad: colaborar con este Dios labrador y constructor, siendo también nosotros artesanos de comunión y de paz.  

Y recemos por el papa León XIV y su misión. Bastante difícil la tiene.

Buen domingo.

Creer y orar

Domingo 29º del tiempo ordinario (19 de octubre de 2025), Día de las Madres y Jornada de las Misiones

“La oración es una de las pocas cosas que solo hacemos por fe”, solía enseñar el padre Segundo Galilea. Y, de oración y fe nos habla el evangelio de este domingo. Con una parábola, Jesús invita a “orar siempre sin desanimarse” (Lc 18, 1).

Y, en octubre, recordamos a dos grandes maestras de oración y de fe: santa Teresa de Jesús y santa Teresita.

“No es otra cosa oración mental -nos dice Teresa de Jesús-, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama” (Vida 8,5). Y santa Teresita: “La oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor, desde dentro de la prueba como desde dentro de la alegría” (Ms C 25).

“Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?” (Lc 18, 8), concluye desafiante el evangelio. Yo creo que sí: encontrará la fe de los que oran sin desanimarse y abren el mundo a Dios.

De paso: ¡Bienaventuradas las mamás que enseñan a rezar a sus hijos!

Buen domingo.