Humilde como el pan

«La Voz de San Justo», domingo 11 de agosto de 2024

“Jesús tomó la palabra y les dijo: «No murmuren entre ustedes. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día. […] Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo».” (Jn 6, 43-44. 51).

La gente primero busca a Jesús y ahora murmura contra él. Es comprensible: Jesús no disimula su pretensión: “Yo soy el pan bajado del cielo” (Jn 6, 41). Redobla la apuesta y, por esa razón, muchos lo abandonarán.

No es cosa del pasado. Jesús sigue mirándonos a los ojos y no oculta lo que busca de nosotros. Nos lo dice claramente… y suscita las mismas reacciones.

La parodia blasfema de la última Cena de los Juegos Olímpicos tiene su lógica: la cultura postcristiana parece percibir que ese sujeto -Jesús- y ese acto -dar de comer su carne- poseen una potencia que descoloca nuestra libertad.

Tengamos en claro, por cierto, que el ofendido no es algún violento dios pagano, que paga con venganza la ofensa recibida, sino el Dios humilde del pesebre y de la cruz, el que se hace Pan para estar en la mesa de todos.

A nuestras infinitas ofensas, el Padre de Jesús ha respondido bajando del cielo como Pan para ser comido, atrayéndonos hacia Jesús, transfigurándonos por la resurrección que nos da la Vida eterna.

Nos invita a decirle Amén a su Amor absoluto e incondicional por nosotros. Nos atrae a adorarlo, porque lo que verdaderamente expía todo pecado y repara realmente al mundo es también el amor humilde hecho adoración y alabanza, compasión e intercesión.

Ese es el Dios en el que creo. Amén.

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