Al parecer, comienzan a tomar perfil definido las candidaturas que disputarán el voto popular en las próximas elecciones. En las PASO de agosto, este proceso terminará de definirse: sabremos entonces qué candidatos se someterán al escrutinio popular.
El proceso ha sido bastante entretenido, por no decir: tormentoso. Pero, estamos en Argentina y, en buena medida, de eso se trata la política: de la puja por el poder.

En la medida que vayan quedando atrás las lógicas y comprensibles disputas internas, los partidos y sus coaliciones, pero especialmente, los hombres y las mujeres de la política tendrán que ir concentrando sus mejores energías en ocuparse de los problemas reales y concretos que aquejan a los ciudadanos. Obviamente, acuciantes y angustiantes en buena medida.
Un pequeño aporte, surgido de mi experiencia pastoral, sobre todo en lo que he vivido estas últimas dos semanas.
Visitando dos comunidades muy distintas de la diócesis de San Francisco, el hilo conductor de estas visitas ha pasado por los niños, niñas y adolescentes en formación. He visitado varias escuelas, teniendo además encuentros y diálogos muy buenos con alumnos de todas las edades.
Como suele ocurrir en estos casos, les pido a los docentes y directivos que preparen el encuentro con el obispo, animando a los chicos a presentar diversas preguntas que, según su parecer, yo puedo responder.
Siempre me sorprendo. En general, las preguntas son similares. Una vez vencida la timidez inicial, de una forma los más chicos, y de otra los adolescentes, van surgiendo interrogantes más hondos: los que tienen que ver con la vida; con el modo cómo encarar el sufrimiento, la muerte, el dolor; cómo lidiar con el miedo, la frustración, la incertidumbre; también, el acoso de la droga y otras formas de violencias; la inquietud por Dios, su presencia y sus silencios, etc.
Ensayo qué decir, tratando de no ofrecer “respuestas enlatadas”. Lo cierto es que siempre me quedo rumiando, más que lo que yo he podido decir, lo que he escuchado.
Pienso que, mirando al futuro de nuestro país, nuestros dirigentes, tanto los que sean elegidos para gobernar, como los que sean oposición, tienen que concentrarse, y emplear sus energías más valiosas, en responder a la pregunta: ¿Qué tipo de sociedad, de país, de convivencia, de futuro estamos preparando para las nuevas generaciones de argentinos y argentinas que están creciendo?
Ocuparse de eso. Esa es mi humilde propuesta.