“Ya no creemos por lo que otros nos han dicho”

Domingo 8 de marzo, 3º de Cuaresma: Juan 4, 5-42

“Muchos más creyeron en él a causa de su palabra. Y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo»” (Jn 4, 41-42).

Así concluye el evangelio de este domingo: el encuentro de Jesús y la mujer samaritana. Merece ser meditado versículo a versículo. Se lo recomiendo.

Me detengo en su conclusión, porque allí descubro tres momentos:

  • El inicio: Aquellos samaritanos empezaron a creer por el testimonio de una mujer que les contó su experiencia con Jesús.
  • La maduración: Tras escucharlo a Él, la fe recibida se hizo personal: echó raíces en el corazón de cada uno.
  • El camino: Sin embargo, esa estupenda confesión de fe —aun siendo correcta— es todavía incompleta. Tendrán que seguir escuchando a Jesús, conociéndolo y madurando en su entrega.

Le pasó a aquella mujer, a los samaritanos y también a nosotros… y a tantos hombres y mujeres que, en estos momentos, están haciendo camino en la fe.

Buen domingo. Bendecida Cuaresma.

Su rostro ilumina tu vida

Domingo 1º de marzo, 2º de Cuaresma: Mateo 17, 1-9

“Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz… y se oyó una voz que decía desde la nube: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo».” (Mt 17, 1-2.5).

El pasado domingo te proponía que rezaras adorando al Padre. Hoy te invito a pasar por el corazón las veces en que Jesús te llevó con él al monte. Esos momentos cuando te mostró la belleza de su Verdad y llenó de luz tu vida.

La Cuaresma es ir al desierto con Jesús para que vuelva a centrar nuestro corazón disperso en Dios. Pero también es recordar que nunca ha permitido que la oscuridad tenga la última palabra. Mientras camina con nosotros, nos muestra su Rostro y, así, alimenta nuestra esperanza.

Con esa esperanza caminamos la Cuaresma… y toda la vida.

Buen domingo. Bendecida Cuaresma.

Jesús, la ley y la libertad

Domingo 15 de febrero de 2026, VIº del tiempo ordinario: Mateo 5, 17-37

“No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice.” (Mt 5, 17-18).

Así comienza el evangelio de este domingo en el que Jesús toma cuatro mandamientos de la ley de Moisés mostrándonos su verdadero alcance. Y va al fondo.

El “no matarás” del quinto mandamiento –por ejemplo– es mucho más que quitar la vida a un semejante. Es no injuriarlo, ni humillarlo, ni rebajarlo con palabras o gestos.

La reconciliación con el adversario es, para Jesús, una condición necesaria para el culto. No se puede agradar a Dios si persiste la voluntad de agraviar al semejante.

La ley de Dios como nos la propone Jesús es condición para ser realmente libres.

Buen domingo.

Chicos en Misa

Domingo 8 de febrero de 2026, Vº del tiempo ordinario: Mateo 5, 13-16

“Dios nuestro, cuida a tu familia con incansable bondad, y, ya que solo en ti ha puesto su esperanza, defiéndela siempre con tu protección”.

Esta es la primera oración de la Misa de este domingo. “Solo en Vos, Señor, hemos puesto nuestra esperanza”. Sería bueno rezar así a lo largo de esta semana.

En estos días de vacaciones me ha tocado celebrar la Misa en templos donde muchas familias van con sus hijos chicos. Algunos lloran, otros corren, alguno —con cara de pícaro— se acerca al altar.

Esos papás y mamás están sembrando en el corazón de sus hijitos esa Esperanza. Mis padres, ya fallecidos, lo hicieron conmigo y mis hermanos. No hay palabras suficientes para agradecer lo que esto significa, mucho más en los tiempos que corren.

Así, la vida de un cristiano se vuelve sabrosa, como dice Jesús en el evangelio de hoy: “Ustedes son la sal de la tierra” (Mt 5, 13). La fe cristiana, con la esperanza y el amor, hacen sabrosa la vida. Y esa sal no pierde sabor.

Buen domingo.

Jesús sigue llamando

3°Domingo del tiempo durante el año, 25 de enero de 2026

“Cuando Jesús se enteró de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea. Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaúm, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí […]” (Mt 4, 12-13).

Ungido por el Espíritu Santo, Jesús —el Cordero de Dios— inicia su misión evangelizadora. De este pasaje destacan tres ejes: el lugar, el mensaje y la llamada.

  • El lugar: De la seguridad de Nazaret a la apertura de Cafarnaúm. Cafarnaúm es un puerto vibrante, un cruce de caminos y culturas. Para un judío observante, es un territorio «peligroso» y sombrío. Pero es precisamente allí adónde va Jesús: para ser luz donde la oscuridad parece ganar terreno. 
  • El mensaje: El Reino de Dios no es un evento del futuro, sino una realidad que ya late entre nosotros. Es el Dios Creador, Bueno y Misericordioso, haciéndose presente para transformarlo todo. Su cercanía nos exige cambiar la mirada y, sobre todo, nuestra forma de entender a Dios: “¡Conviértanse!”.
  • La llamada: Jesús no desea recorrer este camino en soledad, como un bohemio solitario. Convoca a otros para compartir su misión. Eso sí, su llamada pide una respuesta inmediata: la libertad de dejar atrás las seguridades —trabajo y familia— para arriesgarse con Él.

Hoy, Jesús sigue recorriendo nuestros «lugares oscuros», lo ordinario y lo rutinario. Allí hace resonar su voz, anunciando que Dios está vivo y actuando. Y, contra todo pronóstico, su llamada sigue encontrando eco en los corazones.

Buen domingo.

Cordero de Dios

Domingo 18 de enero de 2026, 2º del tiempo ordinario: Juan 1, 29-34

“Juan Bautista vio acercarse a Jesús y dijo: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo… Yo lo he visto y doy testimonio de que Él es el Hijo de Dios»” (Jn 1, 29.34).

Cada vez que celebramos la Misa, mientras el sacerdote parte la santa Hostia, cantamos: “Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros… danos la paz”. La versión de la Misa Criolla de Ariel Ramírez es solemne y conmovedora. El verdadero arte expresa el misterio sin vulgarizarlo.

Se trata de un misterio enorme: solo el Hijo de Dios puede expiar el pecado del mundo, abrirnos las puertas de la comunión con Dios y, de esa manera, rehacer toda la creación. Es lo que Cristo hizo de una vez para siempre con su sacrificio por nosotros. Cada Misa lo hace presente para nosotros.

El testimonio de Juan Bautista que escuchamos este domingo nos confronta con ese misterio. Si lo acogemos por la fe y lo adoramos en silencio, nuestra vida quedará iluminada por su Verdad y Belleza. Solo necesitamos humildad y mansedumbre.

Buen domingo.

Cielos abiertos

Fiesta del Bautismo del Señor, domingo 11 de enero de 2026: Mateo 3, 13-17

«Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma… Y se oyó una voz del cielo: “Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección”» (Mt 3,16-17).

Como cada año, el tiempo de Navidad culmina con la fiesta del Bautismo del Señor. Este domingo, san Mateo nos conduce al corazón del misterio: el Padre presenta a su Hijo amado, ya dispuesto a iniciar su misión, mientras el Espíritu desciende serenamente sobre Él.

«Se abrieron los cielos», dice el evangelista. Y permanecen abiertos: el mundo de Dios ha tocado para siempre el de los hombres.

Donde está Cristo, allí el cielo queda abierto sobre la tierra. Así sucede en cada Eucaristía, en el transcurrir de la vida y, de modo particular, en los corazones que se abren a Él por la fe.

Lo sepamos o no, todos anhelamos que el cielo se abra sobre nuestra vida. La buena noticia cristiana lo afirma con sencillez y fuerza: el amor de Dios ha hecho posible lo imposible.

Buen domingo.

Dios está aquí

Domingo 4 de enero de 2026, segundo del tiempo de Navidad: Juan 1, 1-18

“Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre” (Jn 1, 18).

Dios está siempre más allá de lo que podemos pensar, imaginar o expresar. Como bien señala San Pablo, Él «habita en una luz inaccesible» (1 Tim 6, 16). Por eso, cualquier imagen que nos hagamos de Él corre el riesgo de ser un ídolo o una proyección de nuestras propias limitaciones.

Sin embargo, el Dios «escondido» ha decidido salir al encuentro del ser humano: «Dios nos ha hablado por medio de su Hijo» (cf. Heb 1, 1-2).

En Jesús, el Verbo encarnado, el misterio de Dios se hace cercanía y rostro. No solo nos habla de Dios, sino que es Dios mismo narrándose en nuestra historia: desde la fragilidad del pesebre en Belén y el silencio cotidiano de Nazaret, hasta la entrega total en su Pascua. En Cristo, la luz inaccesible se vuelve luz del mundo.

Como en cada Misa, después de la consagración decimos sencillamente: Dios está aquí.

Buen domingo.

Concebido por obra del Espíritu Santo

Domingo 21 de diciembre de 2025, IVº de Adviento: Mateo 1, 18-24

“Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, antes de vivir juntos, concibió por obra del Espíritu Santo” (Mt 1, 18).

A las puertas de la Navidad, la liturgia nos sitúa ante la concepción virginal. Mateo subraya dos veces que este origen no nace de la unión sexual, sino del Espíritu Santo. No buscamos explicarlo —pues es un misterio en sentido estricto—, sino comprender su alcance: en María, Dios inicia algo absolutamente nuevo. Nos entrega a su propio Hijo como el Salvador que nos libera del pecado.

¿Cómo situarnos ante este misterio? El Evangelio nos propone la figura de José de Nazaret:

  • El Respeto: Al intuir la acción de Dios, José intenta apartarse discretamente para no interferir en lo que le trasciende.
  • La Misión: Dios, con extrema delicadeza, le revela su papel fundamental: adoptar al Niño, insertarlo en la estirpe de David y custodiar su vida.

La concepción virginal, aunque única, revela cómo actúa Dios siempre: sorprendiendo con una sabiduría que es puro amor. Seguir las huellas de María y José es precisamente eso: abrirnos a la novedad de Dios y confiarnos plenamente a Él.

Buen domingo.

Bendecido Adviento.

Del agua de Juan al fuego de Jesús

Domingo 7 de diciembre de 2025, IIº de Adviento: Mateo 3, 1-12

En este segundo domingo de Adviento, nos sale al paso Juan el Bautista. Su figura es inquietante: vestido con piel de camello, alimentándose de lo que ofrece el desierto.

Su palabra no es menos áspera que su vestimenta. A fariseos y saduceos les dice en la cara: “Raza de víboras… produzcan el fruto de una sincera conversión”. Es probable que no fuera más suave con nosotros.

Sin embargo, el centro de su mensaje no es el reproche, sino la esperanza en Aquel que viene: “Yo los bautizo con agua… pero Él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego”.

Aquí radica la diferencia: Juan, con su agua, puede lavarnos por fuera e invitarnos a cambiar; pero solo Jesús, con su fuego, puede transformarnos por dentro.

Jesús es ese fuego de Dios que se acerca. Él trae la “horquilla” del juicio para separar en nuestra vida el trigo de la paja, lo que vale de lo que sobra. El Espíritu Santo es la llama que no destruye, sino que purifica y enciende.

Caminemos hacia ese “incendio”.

Buen domingo.

Bendecido Adviento.