Peregrinos de la Esperanza

«La Voz de San Justo», domingo 29 de diciembre de 2024

“Sus padres iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre, y acababa la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta.” (Lc 2, 41-43).

José, María y Jesús: una familia de peregrinos de la Pascua, en camino hacia y desde Jerusalén. El trayecto más decisivo, sin embargo, no es geográfico sino interior: es el camino del jovencito Jesús que va descubriendo su misión.

Y, como traccionados por esa poderosa fuerza, también José y María caminan la fe, buscando a Jesús y asumiendo paso a paso su propia misión.

Con esta imagen de la familia de Jesús, María y José comenzamos a caminar el Año Santo 2025, cuyo lema es: “Peregrinos de la Esperanza”.

“El Jubileo -decía el papa Francisco esta Nochebuena- se abre para que a todos les sea dada la esperanza, la esperanza del Evangelio, la esperanza del amor, la esperanza del perdón […] Hermana, hermano, en esta noche la «puerta santa» del corazón de Dios se abre para ti. Jesús, Dios con nosotros, nace para ti, para mí, para nosotros, para todo hombre y mujer. Y, ¿saben?, con Él florece la alegría, con Él la vida cambia, con Él la esperanza no defrauda.”

Ya amanece el 2025. Los invito a caminar la esperanza que nos da la fe cristiana. No es una ilusión o una emoción fugaz. Es sustanciosa, consistente y no defrauda. Es Jesús, el Señor.

Buen domingo.

Bendecido año nuevo 2025.

La Virgen «apurada»

4º Domingo de Adviento 2024: Lucas 1, 39-45

“María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su vientre, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: «¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi vientre. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor.»” (Lc 1, 39-45).

La Virgen “apurada” o “apresurada”. Así la llamó el papa Francisco cuando, en la pasada Jornada Mundial de los Jóvenes, estuvo en el Santuario de Fátima.

Y lo dijo comentando el evangelio de este domingo: la visitación de María a Isabel.

María está apurada, siempre apurada, para venir a nosotros, trayéndonos a Jesús, el fruto bendito de su vientre.

Y su presencia desencadenará las mismas consecuencias que en Isabel: vamos a saltar de alegría al percibir que María nos trae a Jesús, el Señor, nuestro Salvador y nuestra Alegría.

La Navidad está a la puerta, bien cerquita. El Adviento está llegando a su fin y dará su fruto: el encuentro con Jesús que colma de alegría y de esperanza al corazón del que lo espera con ansia.

Hay apuros buenos. Este es uno de ellos: el de María, apurada por alcanzarnos; y el de nosotros, apurados por recibirla y recibir al Señor.

¡Dejémonos contagiar por ese “apuro santo” porque también a través de nosotros, Dios quiere apurarse en alcanzar a nuestros hermanos!

Buen domingo.

Buen Adviento.

Bendecida Navidad.

Vivir bien la Navidad

«La Voz de San Justo», domingo 15 de diciembre de 2024

“Dios dirigió su palabra a Juan Bautista, el hijo de Zacarías, que estaba en el desierto. Este comenzó a recorrer toda la región del río Jordán, anunciando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. La gente le preguntaba: «¿Qué debemos hacer entonces?» Él les respondía: «El que tenga dos túnicas, dé una al que no tiene; y el que tenga qué comer, haga otro tanto». Algunos publicanos vinieron también a hacerse bautizar y le preguntaron: «Maestro, ¿qué debemos hacer?» Él les respondió: «No exijan más de lo estipulado». A su vez, unos soldados le preguntaron: «Y nosotros, ¿qué debemos hacer?» Juan les respondió: «No extorsionen a nadie, no hagan falsas denuncias y conténtense con su sueldo».” (Lc 3, 9.10-14).

Tan cerca de la Navidad, es bueno preguntarse qué hacer para celebrarla bien. La mesa familiar y los regalos son una costumbre bonita. Nos recuerdan que no somos islas, sino personas con vínculos por los que pasa nuestra vida: amigos, familia, los más pobres y, no en último lugar: Dios.

Juan Bautista señala que una sincera conversión a Dios supone tratar bien a los demás. En un tiempo como el nuestro es bueno recordar que nuestra mayor riqueza es ser solidarios, justos y no abusar del poder.

Pensémoslo un poco. Nos pueden ayudar estas palabras de san Pablo que también escuchamos este domingo: “Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense. Que la bondad de ustedes sea conocida por todos los hombres. El Señor está cerca.” (Flp 4, 4-5).

Buen domingo.

Buen Adviento.

María Inmaculada

«La Voz de San Justo:, domingo 8 de diciembre de 2024

“El Señor Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho esto, maldita seas entre todos los animales domésticos y entre todos los animales del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre, y comerás polvo todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo. Él te aplastará la cabeza y tú le acecharás el talón».” (Gn 3, 14-15).

Por estas horas, los peregrinos estamos visitando el Santuario de la Inmaculada en Villa Concepción del Tío. Cada 8 de diciembre, a la “Virgencita” le decimos: Madre dulcísima de Concepción: ¡Sé nuestro amparo y protección!

El arte cristiano representa a la Inmaculada aplastando con su pie la cabeza de la serpiente. Es un eco del texto del Génesis arriba citado. María es signo de la victoria de Dios sobre el mal. Y esa es la experiencia del pueblo cristiano que hoy emerge con fuerza.

Todos tenemos nuestras luchas. Tampoco como pueblo nos faltan duras pruebas. En todas las batallas que enfrentamos, miramos a la estrella e invocamos a María, como decía san Bernardo. 

Pienso, por ejemplo, en la tentación de volvernos una sociedad cruel, que descarta a los más débiles. O en la insidia del juego online que ha despertado justamente todas la alarmas. Esos males serpentean entre nosotros. Necesitamos sólidas razones, pero, sobre todo, fuerza espiritual para enfrentarlos. 

Hoy miramos a María inmaculada. Ella es imagen de la humanidad nueva que sale de la mano del Creador. La invocamos, porque sabemos que contamos con ella para esa lucha. Ella nos da a Cristo, ella abre nuestra vida a Dios y a la potencia redentora de su amor.

Madre dulcísima de Concepción: ¡Sé nuestro amparo y protección!

Buen domingo.

Bendecida fiesta de la Purísima.

Cristo rey

«La Voz de San Justo», domingo 24 de noviembre de 2024

“Pilato llamó a Jesús y le preguntó: «¿Eres Tú el rey de los judíos?». Jesús le respondió: «¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?». Pilato replicó: «¿Acaso yo soy judío? Tus compatriotas y los sumos sacerdotes te han puesto en mis manos. ¿Qué es lo que has hecho?». Jesús respondió: «Mi realeza no es de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para que Yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi realeza no es de aquí». Pilato le dijo: «¿Entonces Tú eres rey?». Jesús respondió: «Tú lo dices: Yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz».” (Jn 18, 33-37).

Jesucristo es rey porque hace verdad en la vida: sobre todo, abre los ojos ante la verdad de Dios y, al hacer esto, limpia la mirada -como al ciego de domingos pasados- para reconocer la verdad sobre nosotros mismos.

Somos sed de Dios. Es Jesús, Verbo del Padre, el que nos muestra su rostro.

Esa es la “verdad” de la que Jesús es testigo, la que más anhela el corazón humano, la más concreta y urgente y decisiva … también para nosotros, en ocasiones escépticos como Pilato.

Jesús, el futuro y los pobres

«La Voz de San Justo», domingo 17 de noviembre de 2024

VIII Jornada Mundial de los Pobres

“Jesús dijo a sus discípulos: «En ese tiempo, después de esta tribulación, el sol se oscurecerá, la luna dejará de brillar, las estrellas caerán del cielo y los astros se conmoverán. Y se verá al Hijo del hombre venir sobre las nubes, lleno de poder y de gloria.»” (Mc 13, 24-26).

A partir de este domingo, y en los próximos, los evangelios hacen foco en el acontecimiento que consumará la historia humana: la venida gloriosa de Cristo.

Jesús va a lo esencial: ese futuro está en las manos de Dios. Y no entra en especulaciones: “En cuanto a ese día y a la hora, nadie los conoce [..] sino el Padre.” (Mc 13, 31).

Nos invita a cultivar esta certeza, que despierta la energía más bella del corazón: la esperanza en Dios. Ella nos hace mirar hacia delante, hacia el futuro, pero con los pies bien puestos en el presente. Con esa esperanza caminamos y nos levantamos de todas nuestras frustraciones.

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Con el lema: “La oración del pobre sube hasta Dios”, este domingo es la VIII Jornada Mundial de los pobres.

En su Mensaje, el papa Francisco recuerda este precioso testimonio de la Madre Teresa en la ONU: «Yo sólo soy una pobre monja que reza. Rezando, Jesús pone su amor en mi corazón y yo salgo a entregarlo a todos los pobres que encuentro en mi camino. ¡Recen también ustedes! Recen y se darán cuenta de los pobres que tienen a su lado. Quizá en la misma planta de sus casas. Quizá incluso en sus hogares hay alguien que espera vuestro amor. Recen, y los ojos se les abrirán, y el corazón se les llenará de amor».

Orar con los pobres es entrar en la esperanza más fuerte. Solo Dios basta.

Jesús sabe mirar

«La Voz de San Justo», domingo 11 de noviembre de 2024

“Jesús se sentó frente a la sala del tesoro del Templo y miraba cómo la gente depositaba su limosna. Muchos ricos daban en abundancia. Llegó una viuda de condición humilde y colocó dos pequeñas monedas de cobre. Entonces Él llamó a sus discípulos y les dijo: «Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros, porque todos han dado de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir».” (Mc 12, 41-44).

En el evangelio de este domingo, Jesús ya está en Jerusalén, a días de su pasión. Va al templo y se pone a mirar a la gente: qué hace, cómo se mueve, qué reflejan sus ojos y gestos.

Ve entonces a esta mujer. Y la ve con sus ojos de Hijo de Dios hecho hombre. Así capta el verdadero valor de aquellas moneditas ofrecidas desde la pobreza: ve que, en ellas, se juega una vida realmente hermosa. “Dios no mira como mira el hombre; porque el hombre ve las apariencias, pero Dios ve el corazón” (1 Sam 16, 7).

En medio de tanta hipocresía religiosa, Jesús encuentra un corazón puro. Seguramente, aquella viuda tiene sus pecados. Como nosotros. Pero Jesús sabe mirar más allá: en medio de la cizaña, reconoce el buen trigo de su Padre.

Así es la mirada con la que mira Jesús. Así nos mira a nosotros. Y nos enseña a mirarnos de la misma manera.

En estos tiempos de miradas encendidas por el rencor, de juicios demoledores y de palabras hirientes, los ojos de Jesús siguen ahí, buscándonos, reconociendo el bien que hay en el mundo, iluminándonos en medio de la noche del tiempo.

Buen domingo.

La fuente de la vida

«La Voz de San Justo», domingo 3 de noviembre de 2024

“El escriba le dijo: «Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios». Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: «Tú no estás lejos del Reino de Dios». Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.” (Mc 12, 32-34). 

El escriba acierta, y Jesús lo reconoce: el amor a Dios y al prójimo resumen toda la ley y “valen más” que todo el culto del templo. 

El pasado 24 de octubre, el papa Francisco publicó la encíclica Dilexit nos sobre “el amor humano y divino del Corazón de Jesucristo”. Sus dos últimos capítulos bien valen como comentario al evangelio de este domingo: la vida cristiana brota del manantial del amor de Cristo, da de beber y desborda hacia los demás. 

El desafío de la Iglesia hoy no pasa por mejorar su organización, la distribución del poder o su comunicación. Cosas importantes, pero relativas y secundarias. El desafío -en realidad la misión que le encomendara su Señor- es facilitar que todos los sedientos beban del agua viva que Jesucristo ha traído al mundo. 

Al respecto, Francisco cita a san Ambrosio: “Bebe a Cristo porque él es la roca que derrama agua. Bebe a Cristo porque él es la fuente de la vida. Bebe a Cristo porque él es el río cuya fuerza alegra a la ciudad de Dios. Bebe a Cristo porque él es la paz. Bebe a Cristo, porque de su seno fluye agua viva” (cf. DN 102).

Un ciego que ve

«La Voz de San Justo», domingo 27 de octubre de 2024

“Y el ciego, arrojando su manto, se puso de pie de un salto y fue hacia Él. Jesús le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?» Él le respondió: «Maestro, que yo pueda ver». Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado». En seguida comenzó a ver y lo siguió por el camino.” (Mc 10, 50-52).

Es mucho más que una curación física. Comenzó cuando aquel ciego escuchó que Jesús pasaba. Y así brota una plegaria que se volverá más insistente cuando se la quiera acallar: “¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!” (Mc 10, 47).

Hermosa paradoja del evangelio: un ciego que ve.  Y así, el marginado se convierte en discípulo: deja su manto, se integra al grupo que camina con Jesús y lo sigue por el camino de la vida.

Más que una curación física, decíamos. Es vida rescatada de la ceguera más dolorosa: la de no saber hacia dónde caminar en la vida. Es lo más valioso que nos da Jesús. Por eso lo llamamos: nuestro Salvador.

Basta entonces con ponerse a escuchar al Cristo que pasa y, con la intrépida sencillez de aquel hombre, atreverse a orar.

Buen domingo.

Poder y servicio

«La Voz de San Justo», domingo 20 de octubre de 2024

“Jesús los llamó y les dijo: «Ustedes saben que aquéllos a quienes se considera gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos. Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud».” (Mc 10, 42-46).

Con el poder sucede como con el dinero: bueno y necesario, si lo absolutizamos nos deshumaniza. El domingo escuchábamos la advertencia de Jesús: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios” (Mc 10, 25).

El papa Francisco suele repetir que “el verdadero poder es el servicio”. Se puede decir también que aprender a ejercer bien la autoridad es una forma especialmente valiosa y exigente de servir. Esto vale para padres, maestros, funcionarios y para cualquiera que tenga que tomar decisiones que afectan a otros. Abusar del poder es tan pernicioso como suponer ingenuamente que no deba existir.

Jesús es mucho más que un bonito ejemplo de servicio. Con la entrega de su vida nos ha rescatado del poder más deshumanizante: el pecado. Y, con el auxilio de su gracia, nos posibilita vivir rectamente nuestras relaciones, especialmente las más exigentes, por ejemplo, las que implican diversas formas de ejercicio de autoridad.

“Solo Vos, Señor Jesús, tenés el remedio de toda corrupción, también de la ambición desmedida de poder. Cuando esa tentación nos vuelva ciegos, tu Presencia nos rescate y nos devuelva a la luz de tu verdad. Amén”