La unción de Jesús en Brochero

«La Voz de San Justo», domingo 26 de enero de 2025

“Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura. Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor».” (Lc 4, 16-21). 

El 26 de enero de 1914, ciego, leproso y solito, el padre José Brochero emprendía su último viaje. Esta vez, directo al cielo. Hoy se cumplen ciento once años.

El mejor comentario a los evangelios no lo escriben los estudiosos de la Biblia, sino los santos. Y lo hacen con sus vidas. En el caso del “Señor Brochero”, con su “vida pobre y entregada”, como rezamos. 

Es que la unción del Espíritu que Jesús recibió no ha quedado en él, sino que, desde su santa humanidad, se sigue derramando generosamente en el bautismo, la confirmación y cuando un bautizado es consagrado cura, como le ocurriera al joven Brochero en la catedral de Córdoba un 4 de noviembre de 1866.

La piecita donde murió Brochero es parte del museo que custodia su memoria. Es, sobre todo, un lugar de peregrinación y de oración. Cada vez que estoy en Brochero, no dejo de visitarla, celebrar la Misa y orar un buen rato.

En este Año Santo de la Esperanza que estamos transitando, le pido al Señor, por intercesión del Santo Cura que siga tocando con su unción el corazón de todos para que llevemos la alegría del Evangelio a los pobres.

Pido por las vocaciones al sacerdocio. Tenemos mucha necesidad de pastores para el santo pueblo de Dios. Pastores como Brochero. 

Buen domingo. 

El mejor vino

«La Voz de San Justo», domingo 19 de enero de 2025

“El encargado probó el agua cambiada en vino y como ignoraba su origen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo y le dijo: «Siempre se sirve primero el buen vino y cuando todos han bebido bien, se trae el de inferior calidad. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento». Este fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en Él.” (Jn 2, 9-11). 

En la Misa, cuando el sacerdote presenta el cáliz, bendice al Dios creador, por “este vino, fruto de la vid y del trabajo de los hombres, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación”. 

La tierra, el sol, el agua y la vid hacen lo suyo para que el vino esté en nuestras mesas y altares. Pero es esencial el trabajo humano que planta la vid, la poda y la cosecha; lleva además el fruto a la bodega y lo tritura para que se convierta en vino.

Pero no termina ahí la vocación de nuestras viñas. Su vocación última es transformarse en el vino bueno de la Sangre de Cristo. Él es el mejor vino que realmente “alegra el corazón del hombre”, como canta el salmo 104. 

Ojalá que ese vino esté siempre en tu mesa, rebosando tu copa y alegrando tu vida. Como en las bodas de Caná, la madre de Jesús está siempre ahí para que Jesús transforme tu vida en una fiesta. 

Buen domingo. 

Jesús en oración

«La Voz de San Justo», domingo 12 de enero de 2025

“Todo el pueblo se hacía bautizar, y también fue bautizado Jesús. Y mientras estaba orando, se abrió el cielo y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma corporal, como una paloma. Se oyó entonces una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección.»” (Lc 3, 21-22).

San Lucas ha quedado fascinado por el Jesús orante. Una y otra vez, sobre todo en momentos cruciales de su narración, como ahora, vuelve a presentarlo en oración. 

Es que solo cuando a Jesús se lo contempla sumergido en el Padre se puede avistar su misterio de Hijo. 

Apreciar a Jesús como un líder religioso único e insuperable, cuyo mensaje es sublime y, además, dotado de una personalidad fascinante, no resulta para nada extraño. 

Lo verdaderamente escandaloso es lo que proclama la fe cristiana: ese judío es Hijo de Dios, uno con el Padre y el Espíritu Santo. 

Ese hombre es el que ha abierto el cielo para que la Palabra de Dios volviera a escucharse en cada tiempo y lugar de nuestro mundo. También ahora.

Al terminar el tiempo de Navidad, comenzando a caminar un nuevo año, dejémonos llevar por este Jesús orante. Que él nos sumerja en su misma intensidad de vida de Hijo amado del Padre. Que nos bautice con su Espíritu.

Jesús ora, enseña a orar y, por ese camino, nos transforma como personas. 

Buen domingo. 

Creo en el Dios encarnado

«La Voz de San Justo», domingo 5 de enero de 2025

“Al principio existía la Palabra,
y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
Al principio estaba junto a Dios. 

[…] 

Y la Palabra se hizo carne
y habitó entre nosotros.
Y nosotros hemos visto su gloria,
la gloria que recibe del Padre como Hijo único,
lleno de gracia y de verdad.” (Jn 1, 1-3.14).

En Navidad te invité a armar el pesebre. Hoy a creer en lo que anuncia el evangelio: el niño del pesebre es el Verbo eterno del Padre que ha venido a nosotros. 

Verbo, Imagen e Hijo único de Dios. Él mismo es Dios, como proclamó hace mil setecientos años el concilio de Nicea: “de la misma sustancia del Padre”. 

Esa es la fe común de todos los cristianos: católicos, protestantes, ortodoxos, evangélicos. 

Esa es la fe sustanciosa que le da a nuestra vida la más sólida esperanza: Dios ha entrado en nuestra historia como uno más y, desde entonces, nada humano le es indiferente. 

Ese niño, cuando sea adulto, lo anunciará con pasión, morirá en la cruz y resucitará. Y, con todo eso en su cuerpo resucitado, nos dará su Espíritu. 

Dios es Verbo, Palabra, Luz, Razón, pero también Sabiduría, Amor, Generosidad, Compasión, Belleza. 

Quien dice “amén” al Dios del pesebre, le dice “amén” a la vida y a la alegría, siempre más fuertes que toda pena, tribulación o crisis. 

Te invité a armar el pesebre, te pido ahora que mirés bien lo que de más hondo ocurre en Belén, pero, sobre todo, te invito a la fe en el Dios encarnado: Jesucristo. 

Buen domingo.

Bendecido 2025. 

Peregrinos de la Esperanza

«La Voz de San Justo», domingo 29 de diciembre de 2024

“Sus padres iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre, y acababa la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta.” (Lc 2, 41-43).

José, María y Jesús: una familia de peregrinos de la Pascua, en camino hacia y desde Jerusalén. El trayecto más decisivo, sin embargo, no es geográfico sino interior: es el camino del jovencito Jesús que va descubriendo su misión.

Y, como traccionados por esa poderosa fuerza, también José y María caminan la fe, buscando a Jesús y asumiendo paso a paso su propia misión.

Con esta imagen de la familia de Jesús, María y José comenzamos a caminar el Año Santo 2025, cuyo lema es: “Peregrinos de la Esperanza”.

“El Jubileo -decía el papa Francisco esta Nochebuena- se abre para que a todos les sea dada la esperanza, la esperanza del Evangelio, la esperanza del amor, la esperanza del perdón […] Hermana, hermano, en esta noche la «puerta santa» del corazón de Dios se abre para ti. Jesús, Dios con nosotros, nace para ti, para mí, para nosotros, para todo hombre y mujer. Y, ¿saben?, con Él florece la alegría, con Él la vida cambia, con Él la esperanza no defrauda.”

Ya amanece el 2025. Los invito a caminar la esperanza que nos da la fe cristiana. No es una ilusión o una emoción fugaz. Es sustanciosa, consistente y no defrauda. Es Jesús, el Señor.

Buen domingo.

Bendecido año nuevo 2025.

La Virgen «apurada»

4º Domingo de Adviento 2024: Lucas 1, 39-45

“María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su vientre, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: «¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi vientre. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor.»” (Lc 1, 39-45).

La Virgen “apurada” o “apresurada”. Así la llamó el papa Francisco cuando, en la pasada Jornada Mundial de los Jóvenes, estuvo en el Santuario de Fátima.

Y lo dijo comentando el evangelio de este domingo: la visitación de María a Isabel.

María está apurada, siempre apurada, para venir a nosotros, trayéndonos a Jesús, el fruto bendito de su vientre.

Y su presencia desencadenará las mismas consecuencias que en Isabel: vamos a saltar de alegría al percibir que María nos trae a Jesús, el Señor, nuestro Salvador y nuestra Alegría.

La Navidad está a la puerta, bien cerquita. El Adviento está llegando a su fin y dará su fruto: el encuentro con Jesús que colma de alegría y de esperanza al corazón del que lo espera con ansia.

Hay apuros buenos. Este es uno de ellos: el de María, apurada por alcanzarnos; y el de nosotros, apurados por recibirla y recibir al Señor.

¡Dejémonos contagiar por ese “apuro santo” porque también a través de nosotros, Dios quiere apurarse en alcanzar a nuestros hermanos!

Buen domingo.

Buen Adviento.

Bendecida Navidad.

Vivir bien la Navidad

«La Voz de San Justo», domingo 15 de diciembre de 2024

“Dios dirigió su palabra a Juan Bautista, el hijo de Zacarías, que estaba en el desierto. Este comenzó a recorrer toda la región del río Jordán, anunciando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. La gente le preguntaba: «¿Qué debemos hacer entonces?» Él les respondía: «El que tenga dos túnicas, dé una al que no tiene; y el que tenga qué comer, haga otro tanto». Algunos publicanos vinieron también a hacerse bautizar y le preguntaron: «Maestro, ¿qué debemos hacer?» Él les respondió: «No exijan más de lo estipulado». A su vez, unos soldados le preguntaron: «Y nosotros, ¿qué debemos hacer?» Juan les respondió: «No extorsionen a nadie, no hagan falsas denuncias y conténtense con su sueldo».” (Lc 3, 9.10-14).

Tan cerca de la Navidad, es bueno preguntarse qué hacer para celebrarla bien. La mesa familiar y los regalos son una costumbre bonita. Nos recuerdan que no somos islas, sino personas con vínculos por los que pasa nuestra vida: amigos, familia, los más pobres y, no en último lugar: Dios.

Juan Bautista señala que una sincera conversión a Dios supone tratar bien a los demás. En un tiempo como el nuestro es bueno recordar que nuestra mayor riqueza es ser solidarios, justos y no abusar del poder.

Pensémoslo un poco. Nos pueden ayudar estas palabras de san Pablo que también escuchamos este domingo: “Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense. Que la bondad de ustedes sea conocida por todos los hombres. El Señor está cerca.” (Flp 4, 4-5).

Buen domingo.

Buen Adviento.

María Inmaculada

«La Voz de San Justo:, domingo 8 de diciembre de 2024

“El Señor Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho esto, maldita seas entre todos los animales domésticos y entre todos los animales del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre, y comerás polvo todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo. Él te aplastará la cabeza y tú le acecharás el talón».” (Gn 3, 14-15).

Por estas horas, los peregrinos estamos visitando el Santuario de la Inmaculada en Villa Concepción del Tío. Cada 8 de diciembre, a la “Virgencita” le decimos: Madre dulcísima de Concepción: ¡Sé nuestro amparo y protección!

El arte cristiano representa a la Inmaculada aplastando con su pie la cabeza de la serpiente. Es un eco del texto del Génesis arriba citado. María es signo de la victoria de Dios sobre el mal. Y esa es la experiencia del pueblo cristiano que hoy emerge con fuerza.

Todos tenemos nuestras luchas. Tampoco como pueblo nos faltan duras pruebas. En todas las batallas que enfrentamos, miramos a la estrella e invocamos a María, como decía san Bernardo. 

Pienso, por ejemplo, en la tentación de volvernos una sociedad cruel, que descarta a los más débiles. O en la insidia del juego online que ha despertado justamente todas la alarmas. Esos males serpentean entre nosotros. Necesitamos sólidas razones, pero, sobre todo, fuerza espiritual para enfrentarlos. 

Hoy miramos a María inmaculada. Ella es imagen de la humanidad nueva que sale de la mano del Creador. La invocamos, porque sabemos que contamos con ella para esa lucha. Ella nos da a Cristo, ella abre nuestra vida a Dios y a la potencia redentora de su amor.

Madre dulcísima de Concepción: ¡Sé nuestro amparo y protección!

Buen domingo.

Bendecida fiesta de la Purísima.

Cristo rey

«La Voz de San Justo», domingo 24 de noviembre de 2024

“Pilato llamó a Jesús y le preguntó: «¿Eres Tú el rey de los judíos?». Jesús le respondió: «¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?». Pilato replicó: «¿Acaso yo soy judío? Tus compatriotas y los sumos sacerdotes te han puesto en mis manos. ¿Qué es lo que has hecho?». Jesús respondió: «Mi realeza no es de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para que Yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi realeza no es de aquí». Pilato le dijo: «¿Entonces Tú eres rey?». Jesús respondió: «Tú lo dices: Yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz».” (Jn 18, 33-37).

Jesucristo es rey porque hace verdad en la vida: sobre todo, abre los ojos ante la verdad de Dios y, al hacer esto, limpia la mirada -como al ciego de domingos pasados- para reconocer la verdad sobre nosotros mismos.

Somos sed de Dios. Es Jesús, Verbo del Padre, el que nos muestra su rostro.

Esa es la “verdad” de la que Jesús es testigo, la que más anhela el corazón humano, la más concreta y urgente y decisiva … también para nosotros, en ocasiones escépticos como Pilato.

Jesús, el futuro y los pobres

«La Voz de San Justo», domingo 17 de noviembre de 2024

VIII Jornada Mundial de los Pobres

“Jesús dijo a sus discípulos: «En ese tiempo, después de esta tribulación, el sol se oscurecerá, la luna dejará de brillar, las estrellas caerán del cielo y los astros se conmoverán. Y se verá al Hijo del hombre venir sobre las nubes, lleno de poder y de gloria.»” (Mc 13, 24-26).

A partir de este domingo, y en los próximos, los evangelios hacen foco en el acontecimiento que consumará la historia humana: la venida gloriosa de Cristo.

Jesús va a lo esencial: ese futuro está en las manos de Dios. Y no entra en especulaciones: “En cuanto a ese día y a la hora, nadie los conoce [..] sino el Padre.” (Mc 13, 31).

Nos invita a cultivar esta certeza, que despierta la energía más bella del corazón: la esperanza en Dios. Ella nos hace mirar hacia delante, hacia el futuro, pero con los pies bien puestos en el presente. Con esa esperanza caminamos y nos levantamos de todas nuestras frustraciones.

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Con el lema: “La oración del pobre sube hasta Dios”, este domingo es la VIII Jornada Mundial de los pobres.

En su Mensaje, el papa Francisco recuerda este precioso testimonio de la Madre Teresa en la ONU: «Yo sólo soy una pobre monja que reza. Rezando, Jesús pone su amor en mi corazón y yo salgo a entregarlo a todos los pobres que encuentro en mi camino. ¡Recen también ustedes! Recen y se darán cuenta de los pobres que tienen a su lado. Quizá en la misma planta de sus casas. Quizá incluso en sus hogares hay alguien que espera vuestro amor. Recen, y los ojos se les abrirán, y el corazón se les llenará de amor».

Orar con los pobres es entrar en la esperanza más fuerte. Solo Dios basta.