«La Voz de San Justo», domingo 12 de mayo de 2024

“Después de decirles esto, el Señor Jesús fue llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios. Ellos fueron a predicar por todas partes, y el Señor los asistía y confirmaba su palabra con los milagros que la acompañaban.” (Mc 16, 19-20).
“Llevado al cielo” y “sentado a la derecha de Dios”. Con estas imágenes vivas, el evangelio de este domingo nos dice que Jesús, superada la muerte, ahora goza de la vida divina.
Para eso vino a nosotros desde el Padre e hizo suya nuestra frágil condición humana: para transformarla desde dentro y llevarla a su plenitud. Y, de esa manera, darle un fundamento sólido a la esperanza que anida en el corazón humano: no, nuestra humanidad no está destinada a la perdición o a la nada; ella tiene futuro y, lo que no puede por su fragilidad, Dios se lo da por su amor creador y redentor.
Nada de lo genuinamente humano se va a perder si es asumido por Cristo, si entra en comunión con Él, que resucitó y comparte con el Padre la vida plena.
El evangelio además subraya que esa esperanza no se puede enmudecer: Jesús es el Señor, está con nosotros, acompaña y sostiene el peregrinar de su Iglesia por los caminos de la historia. Para quienes somos sus discípulos, esa esperanza viva toma la forma del anuncio gozoso del amor de Dios manifestado en Jesucristo. Un anuncio para todos y a toda la creación.
“Señor Jesús: Vos sos nuestra esperanza. Una esperanza que no defrauda, porque ha triunfado por encima de todo condicionamiento, fragilidad y muerte. Vos inspirás y sostenés con tu presencia viva toda obra buena, toda palabra amable y todo gesto generoso. Con Vos también nosotros ascendemos al cielo. No podemos callarlo. Amén.”