«La Voz de San Justo», domingo 14 de enero de 2024

“Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro. Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo: «Hemos encontrado al Mesías», que traducido significa Cristo. Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas», que traducido significa Pedro.” (Jn 1, 40-42).
La fe cristiana es encuentro con Jesús. Un encuentro que marca para siempre y determina toda la vida.
El texto evangélico de este domingo nos habla del itinerario vital que recorre un hombre para convertirse en discípulo de Cristo. Se destaca un aspecto fundamental: llegamos a la fe ayudados por otros. En el relato de hoy: Juan Bautista ayuda a dos de sus discípulos, y uno de estos -Andrés- hace lo propio con su hermano Simón.
Cada uno de nosotros guarda en su corazón, y con inmensa gratitud, el nombre de quienes nos llevaron de la mano hacia Jesús. Yo pienso en mis padres y en otros testigos -normales, humildes y luminosos- que Dios puso en mi vida.
Esta mediación es indispensable, pero, en algún momento cede su lugar al cara a cara con Jesús. Ese momento es clave y se lo atesora como lo más importante de la propia vida. Como a Simón, Jesús te mira y te cambia, no solo el nombre, sino la propia vida, tu misma persona.
“Señor Jesús: miro mi vida y repaso los rostros de los que me acercaron a Vos. Hombres y mujeres sencillos, con defectos incluso. ¿Podía ser de otra manera? Así es más hermoso todavía. Es más humano. Como Andrés con Simón: me pusieron delante de tu Persona. Gracias por todo. Amén.”