Cielos abiertos

«La Voz de San Justo», domingo 7 de enero de 2024

“En aquellos días, Jesús llegó desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y al salir del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía sobre él como una paloma; y una voz desde el cielo dijo: «Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección».” (Mc 1, 9-11). 

Como todos los años, la fiesta del Bautismo del Señor cierra el ciclo de Navidad. Juan Bautista -comenta el evangelio- “vio que los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía” sobre Jesús. 

Siglos antes, el corazón dolido del profeta había dejado escapar esta queja amarga a Dios: “¡Desde hace mucho tiempo, tú no nos gobiernas, y ya no somos llamados por tu Nombre! ¡Si rasgaras el cielo y descendieras las montañas se disolverían delante de ti, como el fuego enciende un matorral, como el fuego hace hervir el agua! Así manifestarías tu Nombre a tus adversarios y las naciones temblarían ante ti.” (Is 63, 19-64, 1). 

Es bueno recordar la experiencia espiritual de Isaías, pues sigue siendo la de muchos también hoy: el silencio de Dios pesa sobre sus vidas, sintiéndose solos y desamparados. Es la soledad radical: sin Dios, no hay vida ni esperanza. 

Por eso, Navidad es “la” buena noticia: el niño en el pesebre, ahora hombre adulto que emerge de las aguas del Jordán, es el que ha rasgado el cielo, abriendo el mundo para un Dios que nunca está ausente, sino que habla y, sobre todo, acoge con misericordia. Como lo indica el nombre del niño: Jesús = Dios salva.

“Hemos experimentado, Señor, la alegría de tu amor que se anticipa, se hace cercanía y despierta el deseo de dejarnos abrazar por Vos. Que nunca nos falte ese gozo. Amén.”

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.