Jesús: la mano tendida de Dios

«La Voz de San Justo», domingo 13 de agosto de 2023

“A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar. Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. «Es un fantasma», dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar. Pero Jesús les dijo: «Tranquilícense, soy yo; no teman».” (Mt 14, 25-27).

Siempre en camino. Ese es Jesús: el que viene “a la madrugada”, cuando la luz vence a la oscuridad. Elige venir en medio de las tormentas de la vida. Muestra entonces su rostro más genuino. Como Yahvé en la montaña: “Soy yo, no teman”.

“Entonces Pedro le respondió: «Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua». «Ven», le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él. Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: «Señor, sálvame». En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?».” (Mt 14, 28-31).

Pedro no teme porque se hunde: se hunde porque lo vence el miedo. En medio de la noche y de un mar embravecido, deja de mirar a Jesús y se pierde. ¿Lo vamos a criticar si, en circunstancias parecidas, somos como él? Desde ese abismo surge la plegaria más genuina: “Señor, sálvame”. Y Jesús le tiende la mano.

Las personas, las familias y los pueblos vivimos, cada tanto, tormentas fuertes y noches oscuras. Y sentimos que nos hundimos. La fe se vuelve plegaria y le abre la puerta a la mano siempre tendida de Dios: Jesús.

“Jesús: en medio de las tormentas de la vida, también, como Pedro, te decimos: «Señor, salvanos, el miedo ha podido con nosotros». Tendenos la mano y sujetanos fuerte para que podamos levantarnos. Amén.”

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