Los pastores

Homilía en la Misa de Navidad en la catedral de San Francisco – 25 de diciembre de 2022

Acabamos de escuchar las lecturas de la Misa de la aurora de este día de Navidad. Es también llamada: la “Misa de los pastores”, por el protagonismo que tienen en el evangelio.

Les propongo que nos identifiquemos con ellos, que nos veamos reflejados en su apertura al anuncio que han recibido y en el doble movimiento que nace de ahí: ir hacia Belén y retornar alabando y glorificando a Dios.

En definitiva, ese es el movimiento interior de la fe: nace de la escucha, nos pone en movimiento hacia Cristo y nos colma tanto el corazón que se transforma en canto de alabanza, de adoración y acción de gracias. 

En la Navidad, tal como nos la relata el evangelio, queda de manifiesto el “estilo de Dios”. 

Él convierte a unos humildes pastores en los primeros evangelizadores, en misioneros, en acreditados intérpretes del designio de Dios. 

Tan es así, que la misma madre del Señor ha de escuchar dócilmente el anuncio que le hacen los pastores y quedar rumiándolo en su corazón de discípula. 

María no solo tuvo que obedecer la voz de Dios que le llegó por Gabriel, el mensajero divino. Tuvo también que hacerse discípula obediente de esos pobres campesinos que, contra todas las apariencias, resultaron ser también mensajeros autorizados de Dios. 

Contemplando a Nuestra Señora que se hace humilde catecúmena de los pastores, nos podemos preguntar quiénes hoy, en la comunidad cristiana, son los “humildes pastores” que nos enseñan por dónde pasa el designio de Dios en nuestra vida. 

Escuchar lo que Dios hace en el corazón de las personas, de las familias, de los pobres. Cómo hace crecer a Cristo en sus corazones. 

Entonces, antes de imitarlos, pongamos a escuchar lo que ellos nos enseñan.   

Podés preguntarte quién de tu entorno sea el más parecido a estos pastores, el menos pensado como «vocero» del Evangelio. A ese, prestale atención, dale tu tiempo y tu oído.

Entonces sí, imitémoslos en la actitud profunda de escucha cotidiana de la Palabra de Dios, en el deseo de reconocer a Cristo en los signos más humildes que nos ofrece y en compartir con los demás lo que nosotros hemos oído y visto. 

Si lo hacemos, a nosotros como a ellos, el Espíritu nos colmará el corazón de alegría y seremos los mejores misioneros. No tanto por hacer el propósito de ser misioneros, sino por el desborde del corazón: no podremos ocultar lo que hemos visto y oído, lo que ha llenado de esperanza y alegría nuestros corazones. 

Los pastores del evangelio, como María y José, ante todo, basan su fe en el silencio que escucha, medita y rumia la vida hecha Palabra. 

Esa es la actitud de fondo para vivir esta Navidad…

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