10 de diciembre de 2023

El próximo 10 de diciembre de 2023 se cumplirán cuarenta años de la recuperación de la democracia. Para entonces, nuevas autoridades estarán asumiendo el gobierno, elegidas por el voto popular. ¿Qué aprendizajes hemos hecho? ¿Qué desafíos tenemos por delante?

La pobreza es nuestra deuda pendiente más aguda. De los factores que impiden revertir este deterioro, la obstinada resistencia a los consensos de algunos sectores es un dato político clave. Parece que muchos ciudadanos muestran hoy un alentador hartazgo frente a este clima enrarecido.

En sociedades como la argentina, más que hace cuarenta años, la cultura democrática supone hoy cuidar los engranajes de su delicado mecanismo: el voto popular y la mediación de partidos y coaliciones políticas; una vigorosa opinión pública, expresiva de la sociedad civil, sus organizaciones e instituciones; una fuerte mística ciudadana del bien común, que articula derechos y deberes. Y también la tensión entre una economía de libre mercado y el imprescindible rol del Estado.

Reducir esa complejidad a propuestas simples es el atractivo de los populismos. Uno de los aprendizajes más importantes de estas cuatro décadas puede que sea la esterilidad de este camino.

Por eso, haber sostenido en el tiempo, en medio de fuertes crisis y tensiones, la opción por la democracia y el imperio del orden constitucional no es un dato menor. Esa «normalidad» institucional puede parecer hoy poca cosa. Es, por el contrario, un gran logro de todos los argentinos. Por eso, es importante celebrar esta fecha.  

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El papa Francisco nos ofrece en sus encíclicas Laudato Si’ y Fratelli tutti valiosas orientaciones que pueden ayudarnos a darle un impulso virtuoso al camino que transitamos como pueblo.

Laudato Si’ nos propone el desafío de un cuidado de la “casa común” que supone atención a los múltiples aspectos en el equilibrio de la vida desde el hogar hasta la convivencia de pueblos y naciones. No se pueden separar, insiste el Papa, la cuestión ambiental de la cuestión social, el grito de los pobres del grito de la tierra. Es, ante todo, un fuerte desafío educativo: aprender a cuidar y a cuidarnos, más que a usar y descartar. Francisco anima a un ejercicio paciente del diálogo entre personas, grupos y naciones.

Fratelli tutti, propone la fraternidad como principio ordenador del orden social: reconocernos iguales en dignidad, merecedores de reconocimiento y respeto recíprocos. Si en Laudato Si’ advertía a quienes minimizan los valores espirituales, calificándolos de ineficaces para el desarrollo, en Fratelli tutti desafía a los hombres y mujeres de la política a asumir su vocación con un fuerte talante espiritual. No hay buena política sin políticos ricos en valores espirituales. Y no hay políticos así, sin un pueblo con ciudadanos virtuosos.

Cuando la Argentina se aprestaba a salir de la dictadura, el Episcopado publicó “Iglesia y comunidad nacional” (1981), apostando por un restablecimiento del orden constitucional que integrara “la aceptación de la democracia política, históricamente canalizada por el liberalismo; la aspiración hacia la democracia social, vertida por las corrientes de tipo socialista; y el esfuerzo por defender una justa soberanía nacional, implicado en las corrientes nacionalistas.” (ICN 109).

El 10 de diciembre de cada año nos recuerda este camino recorrido. Nos habla de nuestros logros y deudas pendientes. Nos desafía a seguir buscando juntos.

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