Día del Catequista 2022

Mensaje del obispo Sergio O. Buenanueva

San Francisco, 16 de agosto de 2022

A los catequistas de la Diócesis de San Francisco.

Estamos aprendiendo a ser una Iglesia diocesana en “camino sinodal”. Siempre hemos buscado caminar como familia, en comunión y participación. Y con espíritu misionero. A lo largo de nuestra historia diocesana, el Espíritu Santo siempre ha encontrado catequistas, pastores, agentes de pastoral dóciles a sus inspiraciones. Damos gracias a Dios por ello.

Pero el camino sinodal nos presenta hoy -y, sobre todo, hacia el futuro- un fascinante desafío: aprender a caminar juntos más armónicamente como Pueblo de Dios que nace del Bautismo. Nuestra diócesis es una inmensa red de comunidades, vocaciones, carismas y ministerios. Hemos recibido una sola misión de la que cada uno es sujeto responsable en comunión y participación.

En este camino, los catequistas tienen un rol fundamental. Si la catequesis es un espacio en el que ha de resonar el Evangelio para hacer madurar a los bautizados como discípulos misioneros, ese eco se produce cuando la Palabra resuena en los corazones de catequistas y catecúmenos. Eso significa aprender a escuchar a los niños, adolescentes y adultos por cuyos corazones pasa la Palabra en la catequesis.

El catequista ha de ser un maestro de la escucha. Por eso, al celebrar este Día del Catequista 2022, como su obispo los invito a renovar el deseo ardiente que nos llevó a abrazar esta hermosa vocación: busquemos con pasión ser eco del Evangelio escuchando la voz del Espíritu en las múltiples voces que resuenan en nuestros encuentros de catequesis.

Cada año, en nuestras parroquias, colegios y otros ámbitos, numerosos chicos y adultos, con motivaciones diversas, acuden a nuestros espacios catequísticos. Llevan consigo sus ilusiones y proyectos, sus heridas y fragilidades. Buscan a Jesús, muchas veces a tientas. Tanto como cada uno de nosotros. Creemos firmemente que el Espíritu obra en sus corazones. Al anunciarles el Evangelio y al ayudarles a asimilar mejor la fe de la Iglesia, nosotros colaboramos con esa obra del Espíritu.

La catequesis es así un espacio privilegiado de escucha y discernimiento para que el Evangelio siga colmando de alegría y esperanza a las personas, a las familias y a nuestras comunidades.

Por todo esto, el catequista está llamado a ser un experimentado maestro espiritual, dócil a la acción del Espíritu Santo. Un orante contemplativo que escucha la Palabra, se alimenta de la Eucaristía y sabe del Perdón de Cristo. Un apasionado del Evangelio, un creyente cabal y un testigo coherente de la fe.

Los animo entonces a renovar su vocación catequística como misioneros del Evangelio. Que María, el Santo Cura Brochero y el beato obispo Mamerto Esquiú nos inspiren a todos.

Con mi bendición,

+ Sergio O. Buenanueva
Obispo de San Francisco

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