Jesús es perdón

«La Voz de San Justo», domingo 3 de abril de 2022

“Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí, e incorporándose le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado?». Ella le respondió: «Nadie, Señor». «Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante».” (Jn 8, 9-11).

La mujer no les interesaba. Tampoco que hubiera cometido adulterio. Seguramente a algunos de ellos, ese “desliz” no les era extraño. La mujer era -¡cuando no!- un objeto de uso, esta vez, para atrapar a Jesús, tan odiado y tan temido. 

Jesús, sin embargo, pasa por encima de todo eso. Ni siquiera le interesa lo que traman contra él. A él no le resulta indiferente esa vida amenazada de desprecio y de muerte. Su aparente frialdad solo busca ese momento final de soledad en el que -como sentenciara magistralmente san Agustín- la misericordia divina mira a los ojos a la miseria humana.

No hay condena. Solo perdón y una vida que puede renacer y relanzarse. Y ese es el motivo por el que Jesús, ayer como hoy, es repudiado con ferocía o sencillamente ninguneado con desdén. Él ha traído al mundo la fuerza más desconcertante y desequilibrante: el perdón de Dios que hace nuevas todas las cosas. Dios perdona al culpable, incluso antes de que se arrepienta- O, mejor: provocando así su arrepentimiento.

La experiencia cristiana siempre es así: encuentro personal con Jesús que, al mismotiempo, es perdón, reconciliación, pacificación. Perdón gratuitamente ofrecido e inmerecidamente recibido. Y, así, nacer de nuevo. 

“Aunque quedemos solos, vos y yo, mirame, Jesús, como miraste a aquella mujer. No te importe nada más. Solo mi persona herida, humillada y amenazada. Y si añadís una palabra de perdón, mejor aún. Un gesto tuyo, una sonrisa y una palabra así nos reconcilian con la vida. Amén.”