Caminar, siempre caminar… con Él

“La Voz de San Justo”, domingo 19 de septiembre de 2021

“El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha enviado.” (Mc 9, 37).

El evangelio de este domingo resalta el contraste entre el Maestro y sus discípulos: Jesús ha resuelto decididamente entregar la vida y hacia ese destino camina; los discípulos discuten quien es el más importante, quién es el primero.

Están en otra. Están en frecuencias distintas. Los discípulos no entienden demasiado qué quiere realmente Jesús. Es más: tienen una fuerte resistencia interior al modo cómo encara su misión. Sin embargo, lo siguen, caminan con él. La atracción de su persona es más fuerte.

Es así también con nosotros, que somos (o intentamos ser) sus discípulos. Jesús, a la vez, atrae, convence y desconcierta al mejor plantado. Como se dice hoy: está siempre desafiándonos para que salgamos de nuestra “zona de confort”.

Jesús anuncia la pasión que le aguarda en Jerusalén y termina identificándose con un niño pequeño. Así está en medio de nosotros. Así está en las manos del Padre. Así tenemos que buscarlo, reconocerlo y seguirlo.

En definitiva, que nos cueste comprender a Jesús y su mensaje no es lo más grave. Es casi lo normal. Lo que hay que dar por sentado. Lo verdaderamente trágico sería, a causa de esa torpeza nuestra, dejar de caminar con él, dejándonos vencer por el desánimo.  Hay que caminar, siempre caminar con Él. En ese camino compartido se juega todo.

La experiencia cristiana es la de un Dios que ama la pequeñez y se siente más cómodo entre los humildes, los últimos y los más vulnerables, hasta hacerse uno de ellos. Ese es también el camino de su Iglesia y, en ella, de cada uno de los discípulos.

María cantó la grandeza del Señor “porque ha mirado la pequeñez de su servidora”. Ella nos educa en la escuela del Evangelio.

Inspirados en esta Palabra buena que hoy nos alcanza, te invito a rezar así: “Padre que amas a los pobres y pequeños: que el Espíritu de tu Hijo abra nuestros corazones para recibir tu Reino, con la misma disponibilidad y confianza de los niños. Amén.”