Una carta desde el corazón de la fe 2

¿Qué es la “entrega confiada” a María”?

San Francisco, 13 de agosto de 2021

A mis hermanos de la diócesis de San Francisco

Querida hermana, querido hermano:

En una carta anterior, te hacía la propuesta de renovar tu alianza personal con María, preparando la entrega confiada de la diócesis a la Virgen de Fátima que haremos, Dios mediante, el próximo 13 de octubre. Si te ha interesado la propuesta, ahora quisiera explicarte qué quiere decir: entregarse confiadamente a María. Trataré de ir a lo esencial.

El texto bíblico de referencia obligada es Jn 19,25-27. Lo vuelvo a citar para que lo leamos juntos:

Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien el amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.

¿Qué nos enseña esta gran escena evangélica?

  • En el momento culminante de su misión salvadora, Jesús confía su madre al discípulo amado; y confía éste a su madre: “Mujer, aquí tienes a tu hijo… Aquí tienes a tu madre”.
  • El discípulo amado somos todos nosotros, no solo San Juan. Sos vos, soy yo, cada uno de los que fuimos engendrados por la cruz salvadora del Señor. Todos y cada uno.
  • Jesús amplía la maternidad de María, su madre. Ella llega a ser así la madre de todos los discípulos de su Hijo. Es madre de la Iglesia, la familia de Jesús.
  • Cito a san Juan Pablo II: “El Redentor confía María a Juan, en la medida en que confía Juan a María. A los pies de la Cruz comienza aquella especial entrega del hombre a la Madre de Cristo, que en la historia de la Iglesia se ha ejercido y expresado posteriormente de modos diversos” (Encíclica “La madre del Redentor” 45).

En la historia de la Iglesia, y bajo la acción del Espíritu Santo, muchos hombres y mujeres de fe se han sentido llamados a recibir y acoger a María en sus vidas, de un modo consciente, personal y libre. Es decir: han querido hacer suyo el don que Cristo les ofrecía entregándoles a su Madre.

San Luis María Grignon de Montfort (1673-1716) es un reconocido maestro en el tema. Transcribo un párrafo de su obra más famosa: “La perfecta consagración a Jesucristo es, por lo mismo, una perfecta consagración de sí mismo a la Santísima Virgen. Esta es la devoción que yo enseño y que consiste, en otras palabras, en una renovación de los votos y promesas bautismales”[1].

San Luis María habla de “consagración a María”. Nosotros preferimos otra expresión, usada por san Juan Pablo II: “entrega confiada”.

¿Qué es entonces la entrega confiada o consagración a María? Lo explica así el monje trapense Bernardo Olivera. Es argentino y ha fundado un movimiento de espiritualidad inspirado en la Virgen de Guadalupe. Él también se remite a San Luis María. Enseña:

“No se precisan demasiadas palabras, la consagración a María consiste en: darse por entero a María y a Jesús por ella, haciendo todas las cosas por, con, en y para María… Esta breve frase está preñada de sentido, vale por toda una biblioteca. Encontramos en ella una doble realidad:

  • La consagración consistirá, ante todo en una entrega total, definitiva y desinteresada. Entrega que trae aparejada la entrega de María. Nos entregamos como hijos y la recibimos como Madre.
  • La consagración consiste en una vida cristiana marianizada. Es decir, hacerlo todo por María, con María, en María y para María, a fin de hacerlo más perfectamente por Jesús, con Jesús, en Jesús y para Jesús. El sentido de esta fórmula de vida marianizada puede explicarse de esta manera:
    • por, indica el medio y la causalidad activa de María: ella es la Mediadora;
    • con, indica la compañía: ella es el modelo del perfecto discípulo;
    • en, indica la permanencia y la unidad, y la reciprocidad: ella es la Madre;
    • para, indica el fin que remite al fin último: el Hijo de María.”[2]

Espero que no te hayás perdido. Pienso que si has llegado hasta aquí es porque el Espíritu, de la mano de María, te ha tocado el corazón. El padre Bernardo usa otro precioso término bíblico para hablar de la relación del cristiano con María: alianza. El texto citado es de una carta que se llama precisamente: “Alianza con María” (16 de junio de 1982).

¿Qué fin persigue esta entrega confiada? La alianza con María tiene como objetivo renovar nuestra consagración bautismal. María nos ayuda a vivir como discípulos de Jesús en su Iglesia. Ella es la más perfecta discípula misionera de Jesús y modelo de la Iglesia misionera. La entrega confiada nos lleva a la escuela de María.

Aquí me detengo. Te prometo explicarte un poco más otros aspectos de la entrega confiada: ¿Cómo se hace? ¿Cómo se prepara? ¿Qué consecuencias trae para mi vida?

¡Hasta pronto, de la mano de María!

“Virgencita de Fátima: cuidá en nosotros la alegría del Evangelio. Amén”

+ Sergio O. Buenanueva
Obispo de San Francisco

[1] B. Olivera, Siguiendo a Jesús en María, Soledad Mariana (Buenos Aires 1997), 67-68


[2] San Luis María Grignon de Montfort, Tratado de la verdadera devoción, 120