Un niño, cinco panes y dos pescados

“La Voz de San Justo”, domingo 25 de julio de 2021

“¿Dónde compraremos pan para darles de comer? Él decía esto para ponerlo a prueba, pues sabía bien lo que iba a hacer.” (Jn 6, 5-6).

A partir de hoy, y durante los próximos cuatro domingos, leeremos el capítulo seis del Evangelio según San Juan. Preparémonos entonces para un viaje que nos llevará, de la mano del discípulo amado, al centro de su mensaje: Jesús, Hijo y Palabra del Padre es el Pan vivo bajado del cielo para darnos vida eterna.

Comencemos a caminar, dejándonos interpelar por la pregunta del Señor a Felipe. Es una prueba. Para él tanto como para nosotros: ¿Podemos saciar toda el hambre (y todas las hambres) que hay en el mundo? ¿Puede hacerlo la Iglesia? Podemos tener esa arrogante pretensión.

Necesitamos experimentar la desproporción de nuestras fuerzas y recursos, de nuestros esfuerzos y de nuestras mejores intenciones. Jesús no necesita más: un niño (hay que volverse como ellos para entrar en el Reino), cinco panes y dos peces… y nuestra fe que se hace súplica.

Obviamente, la multiplicación de los panes y el discurso del Pan de vida que le sigue no se refieren a quedarnos de brazos cruzados ante el imperativo ético que significa luchar por superar la pobreza en todas sus formas. En el capítulo seis de san Juan, hambre y pan son símbolos que hablan a la fe: Jesús es el pan que Dios multiplica para que los hombres saciemos el hambre más profunda que nos habita: hambre de Dios, de vida y salvación, de perdón y reconciliación, de justicia y fraternidad.  

Quien coma de este Pan encontrará en él la fuerza espiritual que es necesaria para acometer las empresas más difíciles y, finalmente, alcanzar la bienaventuranza en el cielo.  

Es bueno que la comunidad cristiana, como está ocurriendo en este tiempo arduo, experimente su fragilidad, su insignificancia comparada con los “poderes del mundo”, incluso su achicamiento. Solo así se purifica y dispone para comunicar lo que ella no produce ni puede producir: el don de la salvación que Dios nos regala en Cristo.

Una plegaria para este domingo: “Jesucristo, Pan vivo bajado del cielo, escucha nuestras plegarias. Tú comprendes muy bien la inquietud de nuestro corazón, sobre todo, cuando contemplamos la vastedad de la misión que nos has confiado. Tú, Señor, lo sabes todo. A Ti nos confiamos. Amén.”