La potencia de la semilla

“La Voz de San Justo”, domingo 13 de junio de 2021

“¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo? Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra.” (Mc 4, 30-32).

¿Cuántas veces habrá visto Jesús a un labrador echar una semilla a la tierra? Tal vez, a su propio padre José o a María. Seguramente él mismo lo habrá hecho muchas veces. Y siempre el mismo efecto sorprendente: la semilla es muy pequeña, pero lleva dentro la fuerza de la vida. Cae en tierra y, de repente, el crecimiento, casi sin necesitar el esfuerzo del hombre.

Obviamente, hablamos de la siembra en el siglo I. Hoy sabemos mucho más sobre las leyes de la naturaleza que el hombre de aquel tiempo. Así y todo, no deja de maravillarnos la potencia que encierra una pequeña semilla. Tampoco la sorprendente capacidad de la inteligencia humana de desentrañar la estructura racional de la realidad. Y de ponerla al servicio de una vida mejor.

A Jesús, esta potencia vital encerrada en la semilla y la desproporción entre su pequeñez y el resultado final le sirve para hablar del Reinado de su Padre en el mundo. Dios está obrando realmente en la historia de los hombres. Puede parecer poca cosa comparado con el brillo de los poderes mundanos, siempre altivos, incluso prepotentes y pagados de sí. Pero el poder de Dios no tiene comparación posible con esos poderes.

Solo una pequeña semilla o un grano de mostaza pueden darnos una pista de cómo Dios actúa en nuestra vida: desde la sencillez y el silencio, a partir de lo pobre y pequeño, Dios hace crecer la vida. Lo hará, de manera insuperable, cuando el mismo Jesús, como semilla arrojada por tierra, sea sepultado: el Padre hará entonces estallar la vida por la resurrección.

Podemos hacer esta plegaria: “Padre bueno y misericordioso: Tú amas a los pobres, buscas lo humilde y te sientes cómodo con los pequeños y descartados. Abre nuestros ojos, tantas veces seducidos y encandilados por el brillo pasajero del mundo. Que podamos, como Jesús, contemplar tu poder salvador que está obrando realmente entre nosotros. Amén.”