Libertad de culto “en pandemia”

Católicos franceses reclaman: “Déjennos orar”.

Hace más de un año que, en varias diócesis del país, existen restricciones injustificadas, desproporcionadas e injustas a la libertad de culto.

¡Más de un año!

La situación en las seis diócesis de la provincia de Córdoba es, gracias a Dios, distinta. Al menos, desde junio del año pasado, cuando los obispos preparamos el protocolo vigente, nuestras comunidades han retomado las celebraciones comunitarias de la Eucaristía y demás sacramentos.

Dicho protocolo fue revisado y aprobado por la autoridad sanitaria de la provincia. Contiene indicaciones precisas y sensatas para el cuidado de la salud en dichas celebraciones. Como hemos dicho varias veces, está siendo aplicado con seriedad por nuestras comunidades cristianas.

Apoyo con vehemencia las manifestaciones de disconformidad que hermanos obispos de varias diócesis han hecho conocer en estos días, por la injustificada permanencia en el tiempo de esta restricción a la libertad de culto.

¿Se conoce realmente cómo es la dinámica del culto católico? ¿Hay aprecio verdadero por la libertad religiosa, una de cuyas componentes es la libertad de culto? ¿Se percibe que dicha libertad forma parte del núcleo sustantivo de los derechos humanos? ¿Se aprecia su valor ciudadano e incluso su alcance jurídico?

Vivimos “en pandemia” y este estado de situación parece que se prolongará en el tiempo. Es un desafío a la convivencia y a la gestión de nuestros gobernantes.

Para evitar la arbitrariedad que hemos visto en este tiempo en demasiadas ocasiones, es fundamental una intervención más seria y decisiva de los poderes legislativas del estado en todos sus niveles: municipal, provincial y nacional. También potenciar el diálogo con los actores de cada sector, en este caso, con los responsables de la vida religiosa de nuestro pueblo.  

Importa la salud de todos, especialmente de los más vulnerables. Importa que la economía funcione. Importan también otras actividades esenciales que hacen a la salud integral de las personas y de los pueblos, entre ellas, las que sostienen espiritualmente el enorme esfuerzo que significa vivir “en pandemia”.