Tocar a Jesús resucitado

“La Voz de San Justo”, domingo 18 de abril de 2021

“Jesús les preguntó: «¿Por qué están turbados y se les presentan esas dudas? Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean. Un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo». Y diciendo esto, les mostró sus manos y sus pies.” (Lc 24, 38-40).

El domingo pasado, Jesús declaraba bienaventurados a quienes, sin ver, creían. Hoy nos muestra sus cicatrices y nos invita a verlo y tocarlo.

¿En qué quedamos? ¿Creer sin ver o ver, tocar y creer?

La fe en Jesús, muerto y resucitado es una experiencia tan intensa como singular: exquisitamente personal, a la vez que fraterna y eclesial. No se la una sin la otra. El “creo en Vos, Señor” es inseparable del “creemos” que pronuncia la comunidad en torno al altar.

“Toca a Cristo quien cree en Cristo”, dice sabiamente San Agustín. Lo recordaba días pasados, ante el Papa Francisco y la Curia romana, el cardenal Cantalamessa.

El Resucitado no es un objeto inerte frente a nosotros. Es una Presencia que nos invita a reconocerlo de tal manera que, el Amén de nuestra fe sea también consciente, libre y gratuito. La fe es un camino personal a través del cual nos abrimos a una Presencia que está delante de nosotros, pero que siempre deja espacio para que el reconocimiento que hagamos de ella sea realmente libre, consciente y gratuito.

En todo esto, tiene una decisiva centralidad la la lectura orante de las Escrituras. De modo particular, los evangelios. Y, en ellos, los relatos de su pasión, muerte y glorificación. Y hacerlo en comunidad, bajo la inspiración del Espíritu.

Por supuesto que este encuentro con el Resucitado requiere el camino personal de oración: ese encuentro cotidiano con la Palabra que, como el árbol plantado junto a la acequia de agua, a su tiempo da fruto. Pero, incluso cuando leemos en nuestra habitación la Escritura, lo hacemos “en Iglesia”, en comunidad.

Quien reconoce el tono de su voz en la lectura de su Palabra, lo reconocerá en los hermanos. Como también, quien se deja herir por las heridas de quienes sufren, experimentará el gozo de descubrirlo vivo y cercano.

Te invito a rezar: “Señor Jesús, estás resucitado en medio de nosotros, en el mundo, actuando en nuestra historia. ¡Aumenta nuestra fe para que podamos verte y tocarte con los ojos de la fe iluminados por la esperanza y el amor! Amén.”