Jesús resucitado, verdadero templo de Dios

“La Voz de San Justo”, domingo 7 de marzo de 2021

“Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas. Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas y dijo a los vendedores de palomas: «Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio».” (Jn 2, 13-16).

Después de llamar a sus primeros discípulos y del signo del vino en las Bodas de Caná, Jesús purifica el Templo de Jerusalén. Juan narra este hecho al inicio de su evangelio. Esta concatenación de escenas no es arbitraria. Una tras otras, van componiendo un mosaico programático de todo el evangelio: Andrés, Simón y los demás son llamados para convertirse en discípulos de Jesús. Están convocados a la fe en él, que trae el vino nuevo y más sabroso: la alegría al mundo.

Con la escena que contemplamos este domingo, el evangelio de san Juan nos presenta a Jesús como el nuevo y definitivo Templo. No es un templo material, como el construido por Herodes. Es el cuerpo entregado en la cruz, de cuyo costado brotó sangre y agua (cf. Jn 19, 34). Es el cuerpo que, vivificado y transfigurado por el Espíritu en la mañana de Pascua, resucita para ser espacio sagrado de comunión con Dios y entre todos los hombres, llamados a ser hermanos.

Allí donde una comunidad cristiana celebra la Eucaristía y, sobre todo, vive el amor hasta el extremo y el servicio humilde de Jesús, allí crece este templo santo en medio de nuestro mundo. Los templos donde nos reunimos sus discípulos son signos visibles que nos recuerdan este misterio que somos nosotros mismos: celebramos el culto en ellos para vivir nuestra fe en lo cotidiano de nuestra existencia.

Inspirado en esta escena evangélica, te invito a orar: Señor Jesús, seguimos caminando la Cuaresma. Purifícanos para que nuestras comunidades sean templos vivos edificados por el amor, el servicio y la compasión hacia nuestros hermanos más pobres. Amén.