Médico, orante y misionero

“La Voz de San Justo”, domingo 7 de febrero de 2021

Al atardecer, después de ponerse el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados, y la ciudad entera se reunió delante de la puerta. Jesús curó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios […] Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando. […] Y fue predicando en las sinagogas de toda la Galilea y expulsando demonios.” (Mc 1, 32-34a. 35.39)

Con el evangelio de este domingo podríamos pintar un cuadro con tres paneles que, a su vez, refleje tres imágenes del Señor: primero, Jesús en la casa de Simón y Andrés, rodeado de una multitud de enfermos y sufrientes. Es el Jesús médico, que cura con sus manos; pero, ante todo, con su Persona.

En segundo lugar, Jesús levantándose antes del alba, recogido en oración solitaria y silenciosa: el Hijo que ora al Padre. La oración, en la experiencia vital de Jesús, no es algo que Él hace, sino lo que Él es en su misterio más profundo: Hijo que siempre está en comunión con el Padre. Si no llegamos hasta aquí, nunca terminamos siquiera de barruntar su misterio.

Y, en tercer lugar, Jesús que sigue su camino, no se queda quieto ni instalado en un sitio: lo urge hacer llegar a todos el anuncio gozoso del amor del Padre. Es el Jesús misionero, evangelizador. Vive su condición de Hijo como misión. Tampoco aquí, la misión es algo que hace sino transparencia de su Persona: Hijo enviado al mundo con una buena noticia para todos.

Tres imágenes del único y mismo Jesús: es el Enviado del Padre para sanar y salvar, es el Hijo que vive en comunión inmediata con el Padre, es el Evangelio de Dios para el mundo. A Jesús solo lo podemos entender desde todos esos vínculos: con el Padre, con los pobres y para todos los pueblos.

Señor Jesús: Tú eres el Hijo amado del Padre, el Evangelio que Dios ha hecho resonar en el mundo. También hoy, una multitud inmensa de hombres y mujeres heridos, pobres y vulnerables te buscan con ansias. Quieren escucharte, por eso, buscan la casa en la cual tú enseñas como Maestro y Buen Pastor. Es la Iglesia. Te pedimos por nuestras comunidades cristianas: que sean de verdad hogar, casa y escuela de misericordia, para que todos puedan hacer en ellas la experiencia de encontrarte y ser salvados por Ti.

Amén.