Este es el Cordero de Dios

“La Voz de San Justo”, domingo 17 de enero de 2021

“Al día siguiente, estaba Juan otra vez allí con dos de sus discípulos y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: «Este es el Cordero de Dios». Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús.” (Jn 1, 35-37). 

Así comienza el evangelio de este domingo. Así también comenzamos a caminar este nuevo año: con la Iiturgia de la Iglesia que, como Juan Bautista, nos señala a Cristo para que lo sigamos. 

Él es, al decir del Precursor, el “Cordero de Dios”. Así lo invocamos en cada Eucaristía, cuando el sacerdote, repitiendo un gesto del mismo Señor en la última cena, parte el pan para repartirlo en la comunión. Es la letanía: “Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo: ¡ten piedad de nosotros!… ¡Danos paz!”. 

En el Apocalipsis se retomará esta imagen, contemplando a los primeros mártires de la Iglesia: “Porque el Cordero que está en medio del trono será su Pastor y los conducirá hacia los manantiales de agua viva” (Ap 7, 17). 

Nos conduce un Pastor que es, a la vez, el Cordero manso e inocente, el que ha dado la vida por nosotros, el único que vence el pecado y nos da la paz. Nosotros somos sus discípulos, siguiendo sus huellas y caminando como Él lo ha hecho. 

Miremos el año 2021 que se abre a nosotros delante de nuestros pasos. No sabemos bien qué nos espera en el camino. Tenemos una sola seguridad: Jesús, Buen Pastor y Manso Cordero, nos va abriendo el camino. Es más, Él camina con nosotros y en nosotros, por su Espíritu. No hay lugar para el desaliento. Menos aún para la desesperanza. “Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal, porque tú estás conmigo” (Salmo 23, 4). 

Jesús, Buen Pastor y Manso Cordero: somos tus discípulos, vamos tras tus huellas. Sabemos que Tú vienes con nosotros, por eso, no tememos. Y, aunque el miedo nos aceche, volvemos la mirada a tu rostro, escuchamos la voz de tus testigos que, como Juan, nos invitan a seguirte, y nuestro corazón inquieto encuentra la paz. Escucha, Señor, nuestra súplica. No te importune nuestra insistencia: ¡Ven a caminar con nosotros! Amén.